El veto francés al móvil en clase tiene respuesta en España: regulación sí, prohibición no

La disposición ha abierto en España cierto debate sobre si es necesario el veto galo

MADRIDActualizado:

A partir de septiembre de este año 2018 la ley prohibirá a los estudiantes franceses usar cualquier objeto conectado a internet (móviles, tabletas...) en el colegio. El presidente de la República, Emmanuel Macron, busca con esta medida una «desintoxicación» de los jóvenes e impulsar una generación sin adicción a las pantallas. La proposición de ley aprobada el pasado lunes hará excepciones «pedagógicas», que decidirá cada centro según su criterio y en lo referido a niños con discapacidad. La disposición ha abierto en España cierto debate sobre si es necesario el veto galo o si, por contra, existe el punto adecuado de uso en los centros educativos.

«Regulación sí, prohibición no». Esa es la opinión, al menos, de Nicolás Hernández, presidente de la Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza (Anpe), para quien «un teléfono no deja de ser una herramienta que se puede utilizar bien o hacer un uso perverso de ella. Deben ser los centros, a través del consejo escolar y mediante propuesta del claustro y los equipos directivos (director, jefe de estudios, claustro de profesores), quienes establezcan los protocolos. Se pueden utilizar para realizar trabajos educativos en muchas áreas, pero también para ocio y distracción, difusión de imágenes... De ahí que la formación en nuevas tecnologías sea por donde debemos avanzar como sociedad».

Normas y límites

Las familias parecen ir en la misma dirección. Así, al menos, lo expresa Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA): «Lo mejor es que los progenitores tengan el suficiente conocimiento en las nuevas tecnologías para poder ofrecer a los niños unas pautas de cómo utilizarlas y ponerles unas normas y unos límites de uso. Prohibir los móviles sería dar la espalda a la realidad en la que vivimos, en una sociedad donde el regalo de la Primera Comunión es un aparato electrónico».

El hecho es que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la disposición de un teléfono inteligente se incrementa significativamente a partir de los 10 años. Así, tres de cada cuatro niños de 12 años tienen dispositivo móvil, y la mitad de ellos con 11 años también lo tiene. A partir de los 13 años (86%) la tendencia se eleva hasta alcanzar el 93,9% en la población de 15 años.

El auge del «M-learning» en el aula

La presencia masiva del móvil en las aulas ha provocado que una corriente (creciente) de profesores aprovechen esta circunstancia en beneficio de la educación. Los defensores del «M-learning», que así se llama esta metodología, animan a su uso como herramienta educativa: mandan deberes, crean contenido en grupo, hacen encuestas... Es el caso de Carlos Moreno, profesor del CEIP San Viator (Madrid). Este docente lo emplea de diversas formas para las asignaturas que él enseña, como son Filosofía, Economía de la Empresa, Iniciativa a la actividad emprendedora y empresarial, y Religión. «En mi clase usamos el móvil para realizar exámenes tipo test a través de diferentes aplicaciones y programas, empleamos códigos QR, vinculamos realidad virtual o aumentada, hacemos cuestionarios comunitarios...». «Y me consta -añade- que otros compañeros también lo emplean para Inglés, Ciencias... El problema no es usar el móvil, el problema está en hacer fotos de uso privado, en utilizar las redes sociales, oír música o mandar un WhatsApp cuando no toca», recuerda. En su centro si algo de esto ocurre «hay sanciones y se retira el móvil», explica.

Las desventajas

Respecto a las consecuencias negativas que respecto al aprendizaje puede tener el llevarse el móvil a clase estarían los que afirman que un uso incorrecto puede derivar en casos de ciberbullying, y hasta en un cierto deterioro del funcionamiento cognitivo. A esto último se refiere el profesor de instituto, musicólogo y autor de «Contra la nueva educación» Alberto Royo, al afirmar «que se dice que los chicos de hoy son multitarea, pero no se puede hacer todo a la vez. El problema es de organización mental. No se puede estudiar o hacer un trabajo, estar bien sentado escribiendo, anotando, y estar a la vez pendiente de las redes sociales, de la televisión... Esto es muy importante. Luego en clase es muy evidente que les cuesta mantener la atención, y es que la tienen totalmente desbocada. Quieren hacer todo a la vez y no se puede. La medida francesa no me parece mal, porque se está prohibiendo el uso del móvil en un momento en el que este no debe tener protagonismo».

Otros muchos padres tienen miedo al hecho de que los niños utilicen el teléfono durante los recreos y ratos libres reduciendo así su actividad física, el contacto humano con los compañeros, y terminen por perjudicar así sus habilidades sociales. «La relación persona es insustituible. Como dice Elvira Lindo, no hay nada que pueda sustituir a un cruce de miradas. La tecnología te acerca de manera ficticia a otra persona, pero se pierden los gestos... No deja de ser algo artificial», recuerda Royo.

Pero la prohibición, una vez más, no parece ser la solución. Tal y como concluye este docente, «la cuestión es el uso que se le de y en un alumno en plena maduración quizás no sea lo más conveniente». Así lo corroboran los expertos de Smartme Family, para quienes «la respuesta a esta cuestión va a depender de cada padre y cada hijo, pero nuestra apuesta es ser permisivos. Creemos que la mejor opción no pasa por prohibirles cosas, sino por educarles correctamente para que sean ellos mismos quienes decidan usarlo correctamente. Que entiendan los momentos en los que hay que usarlo y los que no. Qué contenidos son los apropiados para cada momento... etc».

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