Los episodios de ansiedad con la comida son más frecuentes por la noche.
Los episodios de ansiedad con la comida son más frecuentes por la noche.

Cómo aliviar la ansiedad por comer a todas horas

La reeducación alimentaria y la adquisición de hábitos saludables como el ejercicio y el descanso de calidad contribuyen a aliviar este trastorno

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«¿Para qué estoy comiendo? ¿Tengo hambre física o estoy sintiendo otro tipo de hambre? ¿Cómo me encuentro en este momento y por qué mi estado me lleva a comer?» Estas son algunas de las preguntas que ayudan a cuestionarse, a explorarse y a tratar de comprender qué es lo que produce la ansiedad por comer, según explica Andrea Arroyo, dietista-nutricionista y coordinadora del grupo de trastornos de la conducta alimentaria y tratamiento psicológico de la obesidad del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña.

Tras esta fase de observación «con capacidad de análisis pero intentando no juzgarnos ni desconectarnos» la psicóloga, que también es profesora de Ciencias de la Salud en la UOC, invita a iniciar un proceso de reeducación alimentaria que permita alcanzar una relación sana con la comida y también la adquisición de hábitos saludables como la actividad física regular y el descanso suficiente en tiempo y calidad.

Comparte su opinión Amil López, dietista-nutricionista y colaboradora de Doctoralia, que además aconseja que la dieta sea equilibrada, con tres comidas principales y dos tentempiés que incluyan hidratos de carbono, proteínas magras y grasas saludables. «Las grasas insaturadas (aceite de oliva, frutos secos, aguacate...) favorecen la saciedad y la quema de los depósitos de grasa», explica.

Otra de las recomendaciones de la experta de Doctoralia es no dejar pasar más de cuatro o cinco horas entre una comida y la siguiente, no comer de pie ni delante de una pantalla, masticar al menos cinco veces cada bocado, comer despacio, visualizar la cadena alimentaria para ser más conscientes de la ingesta, lavarse los dientes tras ingerir alimentos y, cuando resulte posible, sujetar el cubierto de comer con la mano no dominante al comer.

Desde el ámbito psicológico, Arroyo afirma que pueden resultar útiles aquellas estrategias o cambios que mejoren la consciencia del acto de comer, si bien aclara que en el caso de que la ansiedad o el hambre emocional persista en el tiempo, resulta conveniente recibir la ayuda profesional de un psicólogo especializado para que explore las características concretas del caso.

Pero, ¿cómo sé si como por ansiedad?

Algunos de los signos que indican la existencia de este trastorno alimentario son, según explica Andrea Arroyo, comer a deshoras, sin horario concreto o desorganizado; ingerir alimentos como respuesta a un tipo de hambre que no es física, sino emocional; sentir que la comida sirve para tapar o calmar la ansiedad que se sufre en ese momento o incluso consumir cantidades de comida superiores a lo habitual.

Las consecuencias del uso de la comida como mediador o gestor emocional obviando las estrategias saludables, adaptativas y funcionales que un ser humano tiene para identificar y sentir las emociones puede afectar a la salud, según indica Arroyo, con síntomas como malestar, bajo estado de ánimo, apatía, culpabilidad y daños a la autoestima.

Además, tal como alerta Amil López puede producirse un círculo vicioso porque, al perder el control sobre la ingesta de alimentos, aparece la frustración , que puede llevar a algunas personas a acogerse a la ley del «todo o nada» o al efecto «de perdidos, al río» que podría dar lugar a que siguieran comiendo aunque sean conscientes de que «se han pasado».

La ansiedad, más frecuente por la noche

Para explicar la razón por la que los episodios de ansiedad suelen darse con por la noche, la profesora de la UOC hace referencia a la reacción del cuerpo cuando se reduce el ritmo frenético diario. «Durante el día acostumbramos a estar sobreocupados, desconectados de nosotros mismos. Cuando esa múltiple atención y múltiple ocupación desaparece, nuestro cuerpo y nuestro ser encuentran la oportunidad perfecta para reclamar la atención requerida en forma de ansiedad como señal», revela.

Otra de las causas, según explica Amil López, puede ser el estrés acumulado. «Cuando esto sucede, el cuerpo reacciona como si existiese un peligro, liberando adrenalina y cortisol. Estas dos hormonas favorecen aún más el apetito y el almacenamiento de grasa en la zona abdominal», destaca.

Algunos de los alimentos que se consumen con mayor frecuencia cuando se vive un episodio de ansiedad suelen ser, según analiza Arroyo, los más palatables (gustosos o agradables al paladar), los procesados y los que son, de alguna manera, adictivos, ya sea con sabor dulce, salado o potenciado, pues es habitual que sientan atracción por los productos más sabrosos. Así, señala que no siempre que se come por ansiedad se recurre a los dulces. También los alimentos salados o incluso otras comidas poco habituales pueden figurar en la lista de preferencias del que sufre ese trastorno.

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