La astenia otoñal puede dificultar el rendimiento escolar y las relaciones de los niños

Ejercicio físico al aire libre, dieta e hidratación adecuadas y dormir de 9 a 10 horas son los pilares fundamentales para combatir los síntomas

S. F.

Para adultos y niños, el fin del verano supone una vuelta a la rutina que, muchas veces, es difícil de seguir. Melancolía, tristeza, falta de concentración, cansancio o inapetencia son algunos de los síntomas que muestran los niños que padecen astenia otoñal. Un estado transitorio caracterizados por la pérdida de energía, apatía y la caída libre de las defensas del organismo debido al cambio de estación. Un otoño que llega e implica menos horas de luz, temperaturas más bajas y un ritmo frenético de colegio y actividades extraescolares. Desde la Unidad de Pediatría del Hospital Vithas Nisa Virgen del Consuelo y Rey Don Jaime de Castellón, pautan las medidas a seguir por padres y educadores para combatir esta sintomatología típica del otoño.

Unos síntomas que suelen aparecer coincidiendo con el cambio de estación y que provoca una alteración en el ritmo biológico del niño. En general, duran entre una semana y quince días, más o menos lo que tarda el organismo en adaptarse a la nueva estación. El doctor Salvador Martínez Arenas, responsable de la Unidad de Pediatría del Hospital Virgen del Consuelo y Rey Don Jaime de Castellón, hace hincapié en el sistema endocrino. «Los cambios de estación causan una alteración en los niveles de determinadas hormonas, en concreto, la melatonina, una hormona relacionada con el sueño que se ha asociado con el trastorno afectivo estacional. Dicha hormona, que también tiene relación con la depresión, se produce en niveles más altos en la oscuridad. Así, cuando los días son más cortos y oscuros, se produce más melatonina», afirma Martínez Arenas. «Además -puntualiza-, existe una disminución de la betaendorfina, y su carencia provoca irritabilidad, nerviosismo, tristeza, cansancio y apatía ».

Según el doctor Martínez Arenas, «si los síntomas claros de astenia se alargan más de quince días o si el niño además asocia mocos, dolor de oídos, febrícula (37,5-37,8 ºC), pérdida de peso o diarrea ya no se trata de astenia. En el caso de que se sumen estos síntomas -añade-, se debe llevar al niño al pediatra ya que puede ser el inicio de alguna enfermedad como resfriado, gastroenteritis, otitis o incluso alergia».

Cómo prevenir y tratar la astenia en niños

La predisposición de algunos niños a padecer astenia otoñal es obvia, pero su estilo de vida es factor determinante para prevenirla. «Para combatir este estado de ánimo es importante respetar los horarios de sueño, hacer ejercicio físico y llevar una vida sana en general. Los más pequeños necesitan una rutina establecida para que su desarrollo físico y psicológico sea adecuado», concluye el doctor, Martínez Arenas, quien recomienda «hacer ejercicio físico al aire libre, ya que estimula la liberación de dopamina y endorfinas que levantan el ánimo de los más pequeños».

Por otra parte, una dieta equilibrada y una alimentación saludable es uno de los pilares indiscutibles para prevenir la astenia. La alimentación en estos casos juega un papel fundamental, siendo aconsejable incluir proteínas de alto valor biológico en la dieta diaria además de vitaminas del grupo B. En este sentido, es recomendable consumir productos ricos en vitamina B3 (niacina) y B12 y aminoácidos esenciales como el triptófano que mejora los niveles de serotonina. «El aporte de nutrientes y vitaminas adecuado es indispensable para que el niño tenga una salud física y mental adecuada sin olvidar una buena hidratación», concluye este especialista.

Respecto al descanso adecuado el doctor asegura que los niños deberían dormir entre 9 y 10 horas hasta los 18 años. «De hecho -añade-, está demostrado que los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés, se reducen muchísimo después de un buen descanso y, al contrario, cuando se duerme menos de lo que se debe, estos aumentan». Esta hormona está relacionada además con el sobrepeso ya que la escasez de descanso aumenta el nivel de apetito incrementando nuestra necesidad de glucosa.

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