El Juez Calatayud: «Los padres no deben creerse todo lo que les dicen sus hijos»

El magistrado aconseja cómo actuar ante el «bullying» y el control que deben ejercer los progenitores ante el uso de las nuevas tecnologías

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El juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, conocido por sus sentencias ejemplares, habla con ABC después de sus polémicas declaraciones en la cadena de televisión pública con las que generó un debate sobre el uso que hacen los menores con las redes sociales. De modo,  que el magistrado hace una reflexión sobre cuál debería ser la edad recomendada para utilizar estas herramientas y la actuación que deberían tener los padres.

Una serie de claves para el comienzo del nuevo año escolar en el que cada vez más, las nuevas tecnologías adquieren un mayor papel en los casos de «bullying». Además, aprovecha esta entrevista para adelantar que varios diputados han respondido a su invitación para acudir a juicios de menores para que analicen la actual situación de analfabetismo.

—Sus palabras en el programa «La Mañana» de TVE,  generaron mucha controversia ¿Se esperaba esta reacción de la gente?

—La gente es libre de opinar, creo que se fijaron más en la forma que en fondo del asunto. Si a alguien más le ha molestado pido disculpas, pero nada más, esa es la realidad y cuando hablo de niñas, me refiero a niñas y a niños.

—¿Cree que fue exagerado?

—Hay gente para todo, yo no valoro si es mucho o poco, cada uno es libre de pensar lo que quiera. Ni me sorprende ni me deja de sorprender, hay gente que me da la razón y otra que se mete conmigo y me parece muy bien porque para eso está la libertad de expresión.

—¿Ha recibido alguna llamada por parte de diputados o senadores para acudir a los juicios tras su invitación?

—Sí, he recibido algunas. Se han puesto en contacto conmigo y van a venir unos cuantos. Será próximamente, en este trimestre.

—En cuanto a los nuevos retos del curso escolar, ¿cree que los deberes son necesarios para la educación de los niños?

—Yo creo que los deberes son necesarios. Por trabajar un poco en casa no pasa nada, aunque los maestros sí deben medir el volumen de los deberes. Lo que no es tan necesario es tanta actividad extraescolar. Los niños tienen que estudiar un poquito por la tarde, repasar, etc. pero también tienen que jugar. Las familias están pidiendo menos deberes para los pequeños y los padres están ocupando ese tiempo con más actividades extraescolares. Hay que buscar un equilibrio, los niños tienen una agenda más complicada que un ministro. No puede ser que se les mande tarea escolar y al mismo tiempo tengan un montón de actividades extraescolares. Los niños tienen que jugar.

—¿Cuál es el curso más «peligroso» para la vida de un estudiante, es decir, el que pueda determinar si en un futuro será un delincuente?

—La ESO, 3º o 4º es complicado porque pasan muy chiquitillos a bachiller, se mezclan con gente mayor y les cuesta mucho, pero hay muchísimo fracaso en 2º ESO.

—¿Qué opina de que se pueda aprobar la ESO con dos suspensos?

—Una barbaridad, como que se apruebe con ley me parece otra barbaridad, por eso he invitado a los señores diputados a que vean que los chavales, después de estar en la escuela no sé cuántos años, no saben ni leer ni juntar las letras y los que saben juntar las letras no saben lo que significan. Me parece una auténtica barbaridad. Hay que fomentar el trabajo y el esfuerzo, no igualar por la ignorancia.

—¿Qué niños son los más propensos a que hagan «bullying»?

—No tengo un prototipo. Lo que sí está claro es el perfil de la víctima: chicos retraídos, diferentes o que tengan ciertas habilidades (el típico empollón de la clase), el más tímido en sus relaciones o el niño que tiene síndrome de Asperger. Algo que ellos noten que es extraño, en cualquiera de las manifestaciones, les puede hacer más propensos al maltrato.

—¿Hay distinción alguna entre chicos y chicas?

—No, quizás sea más duro psicológicamente el acoso de las chicas.

—A su juicio, ¿existe alguna solución para frenar el bullying?

—Educación, implicación de los amigos y los padres, y sobre todo los centros educativos, que aunque activen los protocolos de acoso no quiere decir que se les exima de responsabilidad. Eso es responsabilidad de todos, desde el niño que denuncie, los colegas, los padres y que los maestros que no se fíen y que estén alerta. Ahí estamos todos. Pero hay que tener en cuenta que el acoso empieza desde muy jóvenes, a nosotros nos llega cuando ya tienen 14 años pero hay muchos casos que comienzan con 8 u 9 años. Las criaturas sufren mucho.

—¿Qué consejo le daría a un padre que sabe que su hijo está sufriendo acoso?

—Cuando un padre detecta que su hijo está cambiando el comportamiento (como que no le guste ir al colegio y antes les gustaba), o que cambia de carácter, etc., que lo diga, que exprese lo que siente. También que el chaval suelte todo lo que tenga dentro, que hable. Que ambos exijan al colegio que tome medidas, que no se tape nada. Y desde luego, si los amigos tienen constancia de que algún compañero suyo está siendo acosado, que lo pongan en conocimiento de padres y profesores.

En el caso que los docentes no le hagan caso y tenga 14 años, que lo ponga en conocimiento de la Fiscalía, pero primero del tutor y de sus maestros. Lo importante es que no se calle nunca y, desde luego, que sea valiente. Aquí no se trata de ser chivato o no, estamos hablando de encubrir un delito. No podemos permitir que los niños encubran delitos o situaciones violentas. Insisto: hay que hablar con la víctima y con los agresores, y los que tienen conocimiento de que a un chaval le están agrediendo tiene que avisar a los demás. Eso no es ser chivato, es ser un buen compañero.

—Y en la situación contraria, ¿qué debería hacer un padre si sospecha que su hijo es un acosador?

—Controlar al chico y, desde luego, ponerle límites. Los padres deben decirle que «eso está muy mal hecho» y que «es un delito», lo que pasa que en función de la edad se le exime de responsabilidad o no, pero eso no está bien.

Además, los padres no deben creer todo lo que le dicen sus hijos. A veces pensamos que nuestro hijo es el único santo del grupo, que los demás son malos y que él no hace nada. Todos piensan que sus hijos son muy buenos y después resulta que no saben qué hacen sus hijos dentro del grupo.

—¿Las redes sociales han incrementado los casos de acoso?

—Sí, se ha aumentado el número y sobre todo el daño moral y psicológico que se hace a esa persona porque se difunde mucho más. Antes cuando te metías con el compañero lo sabía el grupo, ahora si se hacen grabaciones y fotografías, ese grupillo se convierten en 5.000 o 10.000 personas, luego el daño moral  es mayor y el señalamiento de esa víctima también. Los perjuicios psicológicos son mayores que antes.

—¿Es común que los casos de bullying sean retransmitidos por herramientas como Facebook Live?

—Eso es muchísimo peor, es una barbaridad y es muy frecuente.

—¿Cuál sería la edad mínima para que los menores pudieran abrirse una red social?

—Yo siempre digo que cuando se lo puedan pagar, porque el móvil e internet, el wifi lo pagan los padres. Pero como hay que ser modernos, desde luego fijaría la edad mínima en los 14 años y siempre con un control de los padres. Digo a esa edad y no otra porque a los 14 la ley ya le puede exigir responsabilidades a ese chaval.

—Entonces ¿los padres deben entrar en las redes sociales de sus hijos?

—Sí, yo pienso que los padres deben de controlar lo que hacen sus hijos en redes sociales, porque si hacen algo delictivo no solamente se le exige responsabilidad al chaval, sino también a los padres. Vigilar es una tarea muy complicada, pero mi consejo es que si no lo pueden controlar, que no las disfruten.

—¿Y cogerles el móvil?

—Es que no es de sus hijos, es suyo, entonces eso es lo que hay mientras que sean los padres los que costeen los gastos.

—¿Considera que son adecuados los recursos que ofrecen los centros educativos para combatir los delitos que realizan los alumnos dentro de sus aulas?

—Empiezan a tener más sensibilidad, pero todavía en temas de acoso se tapa mucho, se basan en la burocracia y es muy lento el procedimiento. Se están denunciando más, se están implicando,  pero vamos poco a poco porque aún se tapa, es muy difícil de llegar al final del tema y sobre todo es muy lento.

—¿Qué opina de que los responsables de los centros educativos castiguen a aquellos alumnos que realicen algún delito solo con días de no asistencia a clase?

—La expulsión es una barbaridad, yo no soy partidario, Lo que pasa es que ahí los centros escolares deben contar con el consentimiento de los padres, pero yo soy partidario de que el chaval realice actividades dentro del colegio como sanción. La expulsión no conduce a ningún lado, los niños tienen que estar en la escuela.

—¿Cuál es su postura sobre las novatadas al comienzo del curso?

—Siempre que sean con gusto y con gracia bien, ahora las novatadas que se ven en la televisión me parecen una auténtica barbaridad. Yo las he sufrido de pequeño y no ha pasado nada, pero novatadas con gracia. Todo lo que sea un comportamiento vejatorio contra las personas o incluso un maltrato de esas personas me parece una barbaridad. Pero una novatada con gracia tiene su encanto como toda la vida, siempre que sea sin menoscabar la integridad ni física ni psíquica de las personas, cómo se produce en algunas ocasiones.

—¿Qué tipo de novatadas ha sufrido?

—Cuando yo era pequeño aparecía con la cara pintada con pasta de dientes, que la cama de la litera te la hicieran mal y que te las encontraras sin preparar o salir de paseo haciendo un poco el tonto, vamos cosas graciosas pero cuando entremos en vejaciones y maltrato, eso es una auténtica barbaridad.

—Algunos partidos políticos apuestan por endurecer la Ley del Menor, ¿está de acuerdo?

—No, la Ley del Menor está bien, no soy partidario de endurecerla. Lo que hay que hacer es denunciar a aquellos chavales que acosan y facilitar las pruebas, porque muchas veces los compañeros no quieren declarar. Hace falta aplicarla y que nos den facilidades los centros escolares y todos los ciudadanos para que se pueda llevar a cabo la investigación, pero no hay que endurecer las medidas porque están bien.

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