Hermanos con discapacidad, compañeros de vida y ¿rivales?

Con ellos se aprende a socializar con iguales, a compartir, a respetar y a convivir

MADRIDActualizado:

Son el primer amigo, cómplice, compañero de juegos e incluso rival. Con ellos se aprende a socializar con iguales, a compartir, a respetar y a convivir. Ayudan a saber que el universo no es uno mismo. También con ellos se aprende el significado de emociones como los celos, la rabia y la complicidad. En un solo día pueden ser las personas a las que más se quiere y también a las que más se odia. Son los hermanos. La terapeuta familiar Àngels Ponce nos descubre las claves de la relación filial especialmente cuando uno de los hermanos tiene una discapacidad.

Entre hermanos, se establece desde el primer momento una relación especial, diferente a todas las demás. Con ellos existe un vínculo muy estrecho, basado en la estima y el amor profundo, pero que coexiste con cierta rivalidad, puesto que deben compartir el cariño y la estima de los padres.

No importa si se tiene uno o cuatro, incluso si alguno de ellos tiene una discapacidad, tener hermanos es sinónimo de aprender a compartir (desde el tiempo y atención de los padres, hasta los juguetes más preciados). Y como apunta Àngels Ponce, terapeuta familiar, «eso no es nada fácil, necesita mucha práctica, muchas peleas y advertencias de los adultos hasta que lo llegamos a aprender».

Con los hermanos, se aprende a valorar las necesidades, ilusiones e inquietudes de otra persona además de las nuestras. La experta explica que «eso nos ayuda a desarrollar la empatía. Esta habilidad destaca entre los niños que tienen un hermano con discapacidad, ya que muestran cierta sensibilidad a muy temprana edad, preocupándose por ellos, desarrollando formas alternativas de comunicación mucho más sutiles y que les permite encontrar formas de relación o juegos compartidos que no utilizan con nadie más».

Ponce indica que «no existen diferencias significativas entre una experiencia y otra, aunque parezca sorprendente» cuando en una familia uno de los hermanos tiene discapacidad.

No importa si los hermanos llegan antes o después al mundo. Siempre despiertan las primeras envidias y comparaciones. Consciente o inconscientemente, a menudo se entra en competición con ellos. «Y aunque esta rivalidad puede ser fuente de frustraciones y profundo malestar, también tiene un lado positivo, puesto que nos lleva a desarrollar nuestras habilidades innatas y talentos. Y en este proceso, también aprendemos a hacer equipo con nuestro "rival" en los momentos más inesperados, incluso a negociar», explica Ponce.

Los hermanos de niños con alguna discapacidad, naturalmente, también les ven como rivales. Sobretodo, porque se llevan la mayor parte de la atención y tiempo de sus padres. De aquí que en ocasiones, tengan que destacar en algo para bien o para mal.

Ponen a prueba el alcance de nuestra paciencia, despiertan nuestros más bajos instintos y nos llevan al límite y como indica Àngels Ponce «existen pocas personas que sean capaces de sacarnos de nuestras casillas como lo hacen nuestros hermanos».

Poco a poco, entre los hermanos se va tejiendo cierta «complicidad» por ejemplo cuando comparten algo que ocultan a los demás. Es la cualidad que les haga comprender con una mirada o a inventar juegos secretos. «Posiblemente todos podamos recordar algún momento en el que nos hemos sentido más cerca de nuestro hermano o hermana que de cualquier otra persona en el mundo», aclara Ponce

Esta cercanía y complicidad, es la que lleva a que los jóvenes hermanos de personas con discapacidad se «enfrenten» en ocasiones a los padres, reivindicando para ellos más libertad, por ejemplo, o más oportunidades (que los padres, muchas veces por miedo, les niegan).

En definitiva, los hermanos tengan o no discapacidad son grandes maestros. A diario brindan la oportunidad de desarrollar la tolerancia y la paciencia, y ayudan a comprender el auténtico significado de la aceptación y del perdón.

Fomentar una buena relación entre hermanos

Los padres también juegan un papel destacado en esta relación. Es difícil gestionar la relación que sus hijos tienen entre ellos. Por ello Àngels Ponce ofrece ocho útiles consejos con los que ayudar a fomentar una buena relación entre hermanos.

1. Evita comparar. Valora la actitud y habilidades de cada uno en su momento, pero nunca las compares. Cada uno debe ser reconocido y amado por lo que es, sin comparaciones. Muchas veces no nos damos cuenta, pero ellos están ahí cuando comentamos que uno es más (lo que sea) que el otro o menos (lo que sea) que el otro. A nosotros nos puede parecer trivial, pero para ellos no lo es y les duele.

2. Crea un clima de colaboración en casa. Trata de buscar actividades en las que todos colaboren. Enséñales que pueden tener objetivos comunes. Por ejemplo, jugar a algo juntos. Incluso si uno de los niños tiene alguna discapacidad, quizás necesiten algo de ayuda al principio, pero seguro que encuentran algo que puedan hacer en equipo.

3. Dedica el mismo tiempo y atención a uno que a otro. Gran parte de la rivalidad entre hermanos tiene que ver con la atención. Procura ser consciente de ello y no te centres en uno de ellos porque sea más pequeño, o porque tenga discapacidad. Puede que alguno de ellos te reclame menos, pero también la necesita, no le dediques solo el tiempo «que te queda».

4. Cada uno es especial. A veces es tentador decirles a tus hijos que los quieres por igual, pero la realidad es que ellos no quieren oír eso. Lo que quieren saber es que los amas de forma especial, no por igual.

5. Déjales su propio espacio. Intenta que tengan momentos de juego y de complicidad solos, sin la supervisión de los adultos. De esta forma fomentas que compartan experiencias, que se hagan cómplices, que se cuiden uno al otro o que solucionen sus rivalidades. A veces es mejor no meterse en sus cosas para que aprendan juntos.

6. Fomenta la comunicación y la escucha en casa. A los niños podemos explicarles que deben respetar su turno para hablar, que no pueden interrumpir una conversación para llamar la atención, pero es mucho más efectivo si los padres son su modelo. Comunicar también significa compartir alegrías, problemas y vivencias. No ocultes situaciones que tienen que ver con cada uno de ellos.

7. Acepta el conflicto, no lo reprimas. El conflicto entre hermanos es un elemento inevitable de la vida familiar. Es importante ayudarles a entender que es normal enojarse e irritarse de vez en cuando, incluso con las personas que queremos, sin que signifique que nos importan menos. Eso les ayudará a no sentirse culpables sólo por haberse enfadado. Después puedes ayudarles a encontrar maneras positivas de expresar sus sentimientos y solventar sus diferencias. Aunque es mucho más fácil actuar para resolver el conflicto, es más efectivo dejar que sean ellos quienes lo resuelvan. Además, esto evita que nos posicionemos a favor de uno (generalmente el más débil) y en contra de otro. La mejor intervención es encontrar un medio de apoyar a los dos, reconociendo sus sentimientos e invitándoles a la reconciliación, aunque quizás necesiten un tiempo para ello.

8. Escucha sus quejas y reconoce lo que les preocupa. Es importante escuchar las quejas contra los hermanos y no desecharlas sin más, incluso si uno de ellos tiene una discapacidad. Simplemente escuchar al niño cuando dice que siente envidia, o está enojado o dolido con su hermano reduce su resentimiento porque se da cuenta de que lo estás apoyando. Tu papel es de mediador, escuchando la versión de cada hermano y haciendo que ambos se sientan comprendidos.

En definitiva, es tarea de todos armonizar esta relación duradera y cercana. Escuchando, dialogando y aceptando las cualidades, limitaciones y preocupaciones de cada miembro de la familia.