Acceso al recinto del Mad Cool - ISABEL PERMUY | Vídeo: Los policías desbordados en el Mad Cool

Los «pecados originales» de Mad Cool: el desastre de un festival sobredimensionado

Una excesiva ambición y la improvisación de la promotora y el Ayuntamiento desataron el caos

MadridActualizado:

Un autobús colgando en el vacío ha sido el epílogo visual de Mad Cool. Una metáfora en dos dimensiones: la del desastre absoluto de un festival con una organización (pública y privada) que podría haber terminado en tragedia; y la del «cliffhanger», ese recurso narrativo por el cual se deja en puntos suspensivos el final de un capítulo de un libro o una temporada de una serie con el enigma de qué ocurrirá en la siguiente. Porque, visto lo visto, Mad Cool se reinventa o, como comentaba uno de los policías allí maltratados, acabará convirtiéndose en Madness (locura, en inglés).

El pecado original de esta edición ha sido el sobredimensionamiento que la organización, en connivencia con el Ayuntamiento de Madrid, quiso darle al evento. Llevarlo de la Caja Mágica a unos terrenos públicos anejos a Ifema para poder lucir eslogan: el mayor festival de música de España, con 80.000 asistentes en cada una de sus tres jornadas. Doscientas cuarenta mil visitas, frente a las 100.000 de 2016 y las 135.000 del año pasado. Esta decisión se tomó prácticamente a espaldas de la Comunidad de Madrid, que controla el Consorcio de Transportes, y que tuvo que ceder y abrir la línea 8 de Metro las 24 horas casi sin tiempo de reacción.

Para colmo, la estación más cercana estaba a 2,6 kilómetros caminando del acceso al recinto. Ayer mismo, la Consejería, visto el resultado catastrófico de lo sucedido, emitía un comunicado en el que destacaba que, «con motivo del Mad Cool, Metro organizó, por primera vez, una lanzadera especial entre las estaciones de Nuevos Ministerios y Feria de Madrid, con el objetivo de garantizar la movilidad durante toda la noche». Las cifras fueron las siguientes: 18.965 viajeros la utilizaron el 12 julio, primera jornada del festival; 17.921 el viernes y 15.120 el sábado. El operativo de refuerzo consistía en trenes cada 5 minutos, entre las 1.30 y las 6 de la mañana.

La factura del Metro

El departamento que dirige Rosalía Gonzalo hablaba del buen funcionamiento del servicio, pero no dudaba en lanzar un tirón de orejas al Consitorio de Manuela Carmena: el refuerzo se acordó en una reunión del Consorcio «por la preocupación ante las dificultades de movilidad que iban a producir estos eventos musicales». Y sacan a relucir la factura: la Comunidad de Madrid ha abonado el 25% del coste. Solo la apertura especial del Metro los tres días ha supuesto un desembolso de 188.000 euros.

En cuanto a la Empresa Municipal de Transportes, habilitó una línea exprés de hasta 25 buses desde Ifema a Plaza de Castilla. Uno de ellos fue el que se quedó colgando de un puente tras perder el control; por suerte, solo circulaba el conductor, que pudo salir por la parte trasera por sus propios medios. Las quejas de los usuarios de los buses municipales fueron continuas, porque, como muchos decían, iban «como sardinas en latas».

La empresa de VTC Uber cobraba hasta 40 y 50 euros por llevar al recinto «sin colas», cosa que no pudo cumplir ante la continua improvisación, sobre todo, de la primera jornada. La promotora entonó el «mea culpa», cuando decenas de miles de personas esperaron al sol durante horas para recoger sus pulseras de entrada. Falló el sistema informático y la mitad del público aún estaba en la calle cuando empezaron los conciertos.

Quien, en su línea habitual, solo vio la paja en el ojo ajeno fue el Gobierno de Carmena. Puso toda la responsabilidad en la empresa organizadora y sacó pecho del despliegue de la Policía Municipal. Un extremo este último que ha quedado desmentido por los propios audios y declaraciones de los insuficientes agentes allí desplegados, de los que ha venido dando cuenta ABC. Funcionarios sin tareas claramente delimitadas, doblando turnos de hasta 16 horas, sin agua y superados por avalanchas humanas que no sabían ni adónde tenían que dirigirse.

Sin policías en los barrios

Y todo, con un conflicto laboral del Área de Seguridad con el Cuerpo que no se arregla y que ya se ha dejado sentir en varios eventos multitudinarios, como este del Mad Cool o el reciente Orgullo Gay: policías a los que les levantan los descansos, las vacaciones y encima trasladan de sus unidades, con lo que los distritos quedaron prácticamente vacíos de patrullas también en el turno de noche. Y la negociación del convenio, mientras, estancada y sin visos de cesión por parte de un Ayuntamiento que presume de defender los derechos laborales.

Solo el cartel musical de lujo ha dado alegrías a quienes acudieron a Mad Cool. Aunque en ese aspecto también hubo reproches: la negativa de Massive Attack de actuar la madrugada del viernes al sábado porque se iba a solapar su concierto con el de Franz Ferdinand, lo que les perjudicaría en el sonido. Uno de los platos fuertes de esta edición se quedó en el camerino y hubo insultos, pitidos y hasta lanzamiento de vasos. Una locura.