Imagen de uno de los últimos modelos en coches fúnebres. Su precio supera los 120.000 euros
Imagen de uno de los últimos modelos en coches fúnebres. Su precio supera los 120.000 euros - MIGUEL MUÑIZ
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«Morirse no es barato»

Orense acoge este fin de semana el Funergal. Una feria en la que la superstición y los tabúes dejan paso al diseño más innovador y a materiales y formas que tienden al reecuentro con la tierra

SantiagoActualizado:

..Y en esta tierra menos, porque la muerte sigue arraigada a la cultura gallega como en pocos lugares del mundo. Lo confirman los expertos del sector, que este fin de semana se han dado cita en el Funergal para presentar las últimas novedades de un negocio que cada año mueve 113 millones de euros en la Comunidad. Un entierro cuesta, de media, unos 3.500 euros, aunque en ciudades como Vigo la factura se puede disparar hasta los 5.000 euros. Todo depende, explican los profesionales, de la selección que la familia realice dentro de una oferta cada vez más amplia y original en la que este año se cuelan, como novedades, las pulseras de recuerdo o los ataúdes con frases emocionales. «Lo que pretendemos es naturalizar la muerte, restarle dramatismo, por eso trabajamos con corchos, bambúes y tejidos naturales. Se trata de cambiar la mentalidad de la gente y adaptarnos a la filosofía actual de vida, porque ahora todos somos un poco Paulo Coelho», manifiestan los promotores de una empresa dedicada a la fabricación de ataúdes que huyen de la «clásica caja con la cruz».

Varios modelos de ataúd en la feria
Varios modelos de ataúd en la feria - MUÑIZ

La personalización de la propia muerte es otro de los elementos clave en el futuro de un sector que sufrió «como el que más» los envites de la crisis y que ahora lucha por reinventarse. Renovarse o morir, que acuña el sabio. Por eso, el coche fúnebre en blanco se impone al negro y las urnas de cenizas se fabrican con materiales biodegradables e incrustaciones de las obras de arte favoritas del fallecido. También es posible diseñar lápidas con todo tipo de motivos —«un cliente pidió la Catedral de Santiago al lado de su nombre»— o hacer que junto a los restos de nuestro ser querido reposen nuestras últimas palabras de afecto. «Los homenajes empiezan a valorarse mucho. Por eso hemos diseñado una tarjeta de recuerdo que se cierra con una pulsera de hilo. Está pensada para que los asistentes al funeral escriban en ella el mensaje que deseen enviar a la persona, y después se queden la pulsera como un recuerdo. Hay gente que mete las tarjetas en el ataúd, otros que las incineran y otros que incluso las leen en celebraciones posteriores», indican los creadores de esta idea bautizada como «Momentos compartidos».

Pero en esta feria, que reúne más de un centenar de stands del mundo funerario, también hay espacio para los que se mantienen fieles a los recordatorios y los libros de condolencias de toda la vida. «Todavía hay muchos clientes que buscan lo tradicional. Eso sí, cada vez se piden menos ornamentos o pomposidad, a diferencia de lo que ocurre en países en Portugal», afirman desde una marca dedicada a la producción de lápidas. En este terreno, lo más solicitado siguen siendo las clásicas losas en colores oscuros y con la fotografía del fallecido. Una exigencia que pervive sobre todo en zonas rurales, donde el difunto suele ser más conocido por su apodo que por el nombre que finalmente encabezará su nicho.

80.000 por un coche fúnebre

Materiales de tanatopraxia
Materiales de tanatopraxia- MUÑIZ

Lo que los profesionales funerarios tienen claro es que, en el último adiós, nada puede quedar al azar. Y las familias gallegas son capaces de grandes desembolsos económicos para que así sea. «Morirse no es nada barato, porque todo lo que rodea esta mundo es caro, desde las mismas flores», aclaran. Un ejemplo son los coches fúnebres, con un coste que se mueve en los 80.000 euros en su gama media (los hay de hasta 150.000).

La competencia también ha obligado a las funerarias —en Galicia muchas siguen siendo un negocio familiar—a profesionalizarse a pasos agigantados para salpicarse falsas creencias. «En mi funeraria invito a la gente a que entre y vea el horno crematorio, porque a veces tienen ideas raras en la cabeza que hay que desterrar», explica un asistente a la feria. Otros, muestran su acreditación como tanapractor. Una profesión en auge en la que el botox, las extensiones de pelo, y los tintes se convierten en herramientas del día a día. «Cada día nacemos y morimos, así que lo mejor es iluminar un poco en proceso final» aconsejan los profesionales de las despedidas.