Un grupo de clientes ante el mostrador de una pescadería
Un grupo de clientes ante el mostrador de una pescadería - JUAN CARLOS SOLER
Envejecimiento saludable

Desarrollan un superalimento marino y saludable en la vejez

Cuatro países trabajan en el diseño de un producto del mar listo para el consumo y accesible para facilitar su uso a las personas mayores

SantiagoActualizado:

Las dietas ricas en productos del mar han demostrado un beneficio real en el estado de salud de las personas, pero diferentes factores parecen entorpecer el acceso a pescado y mariscos frescos entre los consumidores de más edad. Partiendo de esta premisa, investigadores de cinco países integrados en el programa europeo de financiación Interreg Espacio Atlántico se han puesto a trabajar en el desarrollo de un producto alimentario del mar listo para el consumo, completo en cuanto a propiedades nutritivas y accesible a todos los niveles para los consumidores mayores.

El trabajo, coordinado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España y presentado esta semana en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo (IIM), nace del reto compartido por 36 regiones atlánticas en torno al envejecimiento saludable y responde a la vez a un mandato urgente: el de la sostenibilidad en el uso de los recursos, proponiéndose un abordaje completo y responsable de toda la cadena de valor alimentaria, desde la pesca, al envasado o el etiquetado final del preparado.

«El envejecimiento de la población supone un gran reto socioeconómico y para que sea saludable requiere una dieta adecuada. Los alimentos marinos ofrecen nutrientes esenciales para una dieta saludable pero no siempre son accesibles», explica Eva Balsa-Canto, investigadora del CSIC y vicedirectora del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

Son varios, repasa, los factores que se han sugerido como causa del menor consumo de productos del mar observado entre las personas mayores, desde una mayor dificultad de preparación y elaboración del producto fresco al propio proceso de elección y compra, sin olvidar el factor precio, que puede inclinar a un sector de la población fuertemente dependiente de pensiones hacia alternativas más económicas en su cesta de la compra.

A partir de estos condicionantes, expone, el proyecto Seafood Age se propone desarrollar un «producto que sea conveniente, sencillo de preparar y con propiedades nutricionales adecuadas para nuestro grupo objetivo, las personas mayores». Como idea de partida, señala Balsa-Canto, se baraja una presentación a modo de filete acompañado por una salsa, un formato que podrá cambiar a medida que avance el trabajo pero que en cualquier caso deberá responder al objetivo de «ponérselo fácil» al consumidor.

Economía circular

Para su elaboración, en colaboración con el sector industrial, se perseguirá «el uso más eficiente posible» de los recursos del mar, aprovechando los descartes de la pesca en un nuevo marco en el que la normativa comunitaria ya no permite la devolución al mar de las piezas de especies distintas a las autorizadas por cuota a los buques de arrastre: toneladas de pescado ya muerto y apto para el consumo humano desechado durante años. Asimismo, explica la investigadora en conversación con ABC, en la composición del alimento objetivo se emplearán subproductos de la industria transformadora, como aceites ricos en omega 3 obtenidos de pieles no utilizadas.

El proyecto cuenta con un marco temporal a 2022 y con una financiación de dos millones de euros con cargo al programa europeo Interreg Espacio Atlántico, en el que 36 regiones atlánticas de cinco países (España, Francia, Irlanda, Portugal y Reino Unido) cooperan en torno a retos y oportunidades de mejora comunes.

En Seafood Age, expone Eva Balsa-Canto, intervienen 14 centros de investigación asociados y seis socios adicionales como observadores de resultados. Cada centro, señala, aporta su experiencia y especialización, en el caso de Vigo en la valorización de subproductos, la identificación de especies, la microbiología o el diseño de etiquetas inteligentes que permitirán monitorizar en todo momento la temperatura del producto y predicir el estado de sus propiedades en base al histórico de valores térmicos a los que se ha visto sometido a lo largo de su vida útil. El proyecto, resume la investigadora del IIM, «adoptará la economía circular para elaborar alimentos marinos orientados a un envejecimiento saludable, para producir nuevos ecoenvases y generar una etiqueta inteligente para lograr una máxima calidad y seguridad, y una pérdida mínima de alimentos».