Maruxa Duart Herrero - Tribuna Libre

¿Qué tiene el español que tanto resquemor provoca?

«La interculturalidad no debería propiciar la censura ni ser tumba de ninguna lengua o expolio de ningún tipo»

Maruxa Duart Herrero
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Las reflexiones del donostiarra Pío Baroja, las letras y el pensamiento del bilbaíno Miguel de Unamuno, del vitoriano Ramiro de Maeztu, o los postulados de Sabino Arana, sin olvidar consideraciones varias de Mariano José de Larra o de Antonio Machado, o los de escritores de La Generación del 98, nos hacen reflexionar acerca de la ética, el mundo o la interculturalidad entre otras. La interculturalidad no debería propiciar la censura ni ser tumba de ninguna lengua o expolio de ningún tipo, aunque en ocasiones, bajo la interculturalidad se ocultan banderas que revuelven entre el fango temidas y brillantes letras. En este caso, no es la armonía quien amablemente habita sociedades e intelectos sino la censura quien aprieta los corazones de quien postula opinión contraria, como medio de expresión o manifestación cultural cualquiera, sino controladoras y frías conciencias que obligan al silencio, atenazando mordazas por el que se erige en censor mandatario ahora o en cualquier tiempo.

Censura es la corrección o reprobación de algo. La censura es compleja. Es lo contrario a respirar cuando proviene del poder que ejerce un grupo, persona o estado con capacidad influyente de prohibir con objeto de limitar, coaccionar o limitar la libertad de expresión y andadura de aquellos que postulan una opinión contraria al censor que intenta emular a Dios; entonces, las nutrientes aguas que mecen plácidamente se obstruyen por quien decide el orden que se ha de establecer a su imagen y semejanza. La censura es el recurso utilizado por territorios o gobiernos cercanos a duras dictaduras invasoras. La censura aquí supone freno, uniformidad, mediante coacción y miedo, violencia y exclusión. La generosidad siembra puentes de plata, el adoctrinamiento amaestrado confunde y aprieta; asfixia, transmite la amargura de quien se empodera hacia su objetivo con estrategias de repulsa o segregación hacia una lengua, el estado o a quien sea.

El español no debiera ser considerada secuela nociva. Esta lengua como ninguna, no ha de ser pretexto para excretar intolerancias. Esta lengua que mece cunas engalana tempestades o lluvias tras los cristales, critica matrimonios de conveniencia, canta nanas, denuncias o proezas, no debiera servir como excusa de punta de lanza a la intolerancia, amargura, acoso o credo de banderas funestas en fangos rojos y azules donde la esperanza de la convivencia se pierde y los ríos y sus aguas armónicas, como viejas sabias venerables se extinguen.

El adiestramiento y la práctica de la persuasión, amenaza o compra de voluntades, la fuerza o la violencia, no deberían emplearse como modo de consecución, pues significan la abolición del libre albedrío de pensamientos contrarios al poder dominante. La conciencia de una o uno sirve a nadie más que a sí mismo que es a quien ha de dar cuentas.

El español no debiera ser tumba ni consecuencia de la interculturalidad pues no es lengua sarcófago ni nicho, sino que vive y contribuye con quijotismos y diatribas de pensamientos, reflexiones, éticas y morales con las que se construyen mundos en aras de una mayor equidad, justicia y libertad ¿Qué pretenden quienes ningunean al español? La interculturalidad es hoy en España, desafortunadamente, causa perniciosa de la censura del español dentro del propio estado. Si la interculturalidad es un proceso de interacción entre gentes con identidades específicas, todas lo son, que enriquecen aprendizajes, convivencias y personas libres; la incautación y utilización perversa de la educación y medios de comunicación, valores e ideologías en aras de exterminar la lengua común utilizando recursos económicos, políticos y territoriales provenientes de la patria común, en aras de un exterminio; es una práctica anómala que ejercen determinados grupos de presión política y adláteres sociales subvencionados con el fin de aniquilar para propio beneficio y anexionar territorios anejos.

Del País Vasco han despuntado escritores y pensadores de talla tan desmedida como excelente y ética impecable, según pensamiento y libre albedrío de cada cual. Pío Baroja, Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, vascos singulares, honrados y decentes, no perfectos y sí contradictorios como todos en su condición humana, son propulsores de esa generación del 98 tan decisiva en la historia española y sus pueblos del siglo XIX.

Pío Baroja, es alguien limpio, no exento de contradicciones como todo Dios. Creía y así lo hacía constar que había que vivir en dignidad y con libertad. Baroja decía lo que pensaba, aunque ello le supusiera críticas por su inconveniencia en otros; pues sus pensamientos cambiaban, según, como la vida misma. Baroja, en su español o castellano limpio, retrata en una conferencia que imparte en la Sorbona la inmoralidad, la chabacanería y ramplonería de los políticos españoles en aquel momento. Critica al republicanismo, del que es partidario, aduciendo que éste se ha reducido a retóricas vetustas de matriz estéril en esos momentos. Se le escucha decir que el socialismo obrerista odia a los intelectuales y a la inteligencia y que los dos separatismos que aparecen entonces, el catalán y el vasco, son mezquinos por su egoísmo. A decir de Baroja en cierto momento” Un hombre un poco digno no podía ser en ese tiempo más que un solitario”.

Del bilbaíno Unamuno se lee su amor a Bilbao: “Soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión u oficio…” Paz en la guerra. Unamuno en su lengua castellana o española, intenta despertar las amodorradas y entumecidas mentes decimonónicas en Niebla. Unamuno se desangra ante las homilías carlistas en Bilbao, mientras el cantonalismo divide el estado en federaciones independientes. Cartagena, Málaga o Cádiz, y más, abandonan el barco de España y se declaran independientes. Las guerras carlistas, que en definitiva no son más que bandos apoyados por Inglaterra o Francia, cuyos intereses descosen a España, la desbaratan, la arruinan, la enfrentan, la llenan de odios y engaño. Aíslan a Aragón, Cataluña, las Vascongadas y el Maestrazgo valenciano del resto de regiones españolas. No debería ser que la pérdida de una guerra, la de Sucesión o cualquier otra, de pie a ínfulas imperialistas. No debería ser que el rencor por los siglos de los siglos amén, justifique lo que no es de razón, ni ético sino falsario y populista. Al carlismo como a cualquiera fuerza que pretenda ser la vencedora no le importan que las bombas masacren ciudades como Bilbao, hospitales, escuelas o iglesias. Miguel de Unamuno recuerda las bombas carlistas desde la bodega de la confitería de su abuela entre sus letras: "Y que el alma de Bilbao, flor del alma de mi España, recoja mi alma en su regazo".

En un pequeño homenaje, Antonio Machado dedica a Unamuno: “Este don quijotesco Miguel de Unamuno, / fuerte y vigoroso/ fuerte vasco / lleva el arnés grotesco y el irrisorio casco del buen manchego. /Don Miguel camina, /jinete de quimérica montura, / metiendo espuela de oro a su locura, sin miedo de la lengua que mancilla. Poema a don Miguel de Unamuno, Campos de Castilla.

La cuestión carlista también hizo mella en la Comunidad Valenciana, donde desde círculos nacionalistas, sufragados, utilizan una publicitación vejatoria y humillante que reza: “Quan el mal ve de Almansa a tots alcança”. El mismo Sabino Arana es hijo de un ultraconservador carlista monárquico obsesionado por la instauración de “La ley Sálica” en España con la que excluir del trono a las mujeres, algo que ocurría en países vecinos como en Francia, pero no en España, donde las mujeres reinas lo eran por derecho desde antiguo. El Carlismo es un movimiento político español de tradición absolutista, que se opone taxativamente al liberalismo, parlamentarismo o al secularismo. Inspirado en la tradición española de rama austríaca con la que pretendía gobernar España en lugar de la rama borbónica ante la muerte de Carlos II sin descendientes directos, cosa que derivó en la Guerra de Sucesión. Su pensamiento parece que enraíza con la cristiandad medieval y evoluciona hasta integrarse en la Falange Española Tradicionalista y de Las Jons. La ideología de Arana se sustenta en un presunto sentido de pureza y distinción de raza y sangre, por lo tanto, en la exclusión. Arana utiliza y mitifica una arcaica lengua para enardecer a las gentes y hacerles creer que tienen un cuño singular y superior en un credo ególatra que propugna una ultra ideología integrista, la de ser vasco, fabricando una alucinación esperpéntica que desembocó en la formación de grupos de presión que asesinaban, persiguen o coaccionan a aquel que opina de manera contraria.

Para ser meritorio no hay que menospreciar, arremeter o atacar a inmigrantes llegados de otras regiones de España. No hace falta fundar partidos que exijan exenciones fiscales y privilegios en forma de fueros. Las vascongadas disfrutaron y disfrutan de beneficios alevosos por los que eludir las obligaciones que el resto de las comunidades del estado sí tienen. Ningún credo ni metralla deberían contribuir a que al amparo de una identidad o raza se produzcan actos desleales y abuso alguno.

Sabina, en el ideario de su imaginario es quien propone la independencia de Vizcaya. El resto de provincias vascas de España se reunirán después junto a otros territorios franceses, en torno a una inventada «Euskalerria federal» y una bandera inspirada en la bandera de Inglaterra, la ikurriña. El por qué viene de antiguo, tiene que ver con el nacimiento de Francia como hoy lo conocemos. Antaño y hasta la llegada de San Luís de Francia, hijo de Blanca de Castilla, Francia es regida por clanes ingleses, emparentados con clanes españoles y franceses, esto es hasta que San Luis de Francia, nieto de Alfonso VIII de Castilla, consigue unir y regir la Francia que hoy conocemos, llevando a término los deseos y empeños de su padre Luís VIII, con la ayuda de su madre Blanca de Castilla.

¿Acaso es el hombre un lobo para el hombre como sentenció Hobbes? ¿Quién es hoy “el lobo” en una España sin Franco? Lo monstruoso de lo verosímil existe hoy y siempre. ¿Qué tiene el español que tanto resquemor provoca? ¿Es la envidia y la pobreza de lenguas subvencionadas con yunque y martillo, de políticos con estrechez de mira y angostura, prejuicios y enferma censura quien lo alienta? ¿Con qué instrumentos se aísla y se imbuye hoy el miedo? ¿Puede deambular libre la libertad de expresión en el País Vasco o Cataluña según quien tenga qué credo? ¿Se puede ser funcionario o profesor siendo disidente?

El caso de Ramiro de Maeztu es triste, nadie somos perfectos e inmaculados pero este pensador y escritor fue un valedor vasco de la Hispanidad fusilado en 1936, sin juicio previo. - “Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé porque muero, porque vuestros hijos sean mejores que vosotros”. - Cada cual tiene sus muertos. El dolor es igual para todos.

La generación del 98 consideró a Mariano José de Larra su maestro y precursor. Al rebelde Larra como a los del 98 les dolía España y sus atrasadas costumbres e intentaron europeizar a su patria.

La interculturalidad entre gentes y territorios no debería fomentar crónicas de buenos y malos. El relato de la historia o la literatura no habría de ser un relato amañado sino libre. La historia es la que es, no la que deseamos o soñamos, trituramos o manipulamos con metralla de distinta índole.

A decir de Arteta,” Hay unas élites nacionalistas que, con ánimo de acaparar poder, aspiran a construir una nación para gestionar indisputadamente recursos que el Estado nación democrático les impide gestionar en exclusiva.”

Mikel Arteta explica cómo en Las vascongadas, la burguesía que se había significado en la República recibió, como mucho, multas en la época de la Dictadura, mientras que Esquerra Republicana de Catalunya fue un partido que se acercó mucho al fascismo durante el periodo de entreguerras. Éstos perseguían e insultaban a los murcianos por ser murcianos. De aquellos polvos, estos lodos. El nacionalismo franquista se convirtió en catalanista cuando llegó la transición y centenares de alcaldes franquistas y procuradores en cortes se pasaron de la noche a la mañana a CiU y a ERC. El nacionalismo soterrado de buena parte del nacional-catalanismo actual se explica muy bien por su continuidad con el fascismo franquista. La trata de esclavos con la que se enriquecieron grandes familias catalanas no sale a la luz como tampoco la fuga de exiliados nacionalistas a Francia que Franco había hecho millonarios. Hablar de vencer y derrotar no es campo de lo literario ni debiera ser de lo político. La crítica no es patrimonio de nadie. No lo es la reflexión sino el pensamiento de cada cual.

Desafortunadamente, en la actualidad, el español es arrinconado y menospreciado y causa de empobrecimiento y ausencias librepensadoras y literaturas brillantes vascas. No se debería educar para excluir u odiar a nadie, ni tampoco para avalar chantajes.

¿Cómo ser demócrata cuando el otro no lo es? ¿Cómo respirar u oler romeros o molinos de viento cuando el otro piensa en la aniquilación y destrucción con su sonata? ¿Cómo mecer los pensamientos andurientos por las calles cuando alguien crea listas negras, amenazas y pliegos de descalificaciones cuando no acusaciones? ¿Cómo aceptar federalismos fiscales y no, desiguales e insolidarios cuando sus precursores engañan, oprimen, adoctrinan y aprietan o venden como solidario lo que no lo es? Cuando sus federalismos sirven para acrecentar las desigualdades entre los más ricos y los más pobres, blanquear patrimonios, empresas, capitales, y otros. Este tipo de nacionalismos nunca se conforma, siempre pide más, es pedigüeño, insolidario y caníbal.

Machado ama el español y a España, como Azorín o Maeztu o los integrantes de la generación del 98, cada cual a su modo. Machado escribe sobre el lento suicidio que sufre la España de su tiempo mientras que Azorín advierte con tristeza acerca de una España vieja, tahúr, zaragatera y triste. Valle Inclán no salva de la crítica de su pluma a políticos, instituciones, gentes relevantes y sin serlo que proyecta la tragedia de España, de manera desgarrada, dolida y excelsa, en Luces de bohemia tras el tamiz del esperpento.

De la pluma de Antonio Machado salen versos de ánimo y amor a España: “¡Qué importa un día! /Está el ayer alerto al mañana/ mañana al infinito. /Hombres de España/ ni el pasado ha muerto, ni el ayer está escrito.” Y otros desoladores en su visión de una España resquebrajada e insatisfecha: “Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios. /Una de las dos Españas ha, de helarte el corazón.”

Ningún poder habría de detentar vileza. Ningún habla en ningún territorio ha de expulsar los alientos de las gentes, amordazar o herir con insultos de metralla o de verdad. Interculturalidad es abandonar la ira, el rechazo, la obsesión de anular conciencias, etiquetar, la obsesión de cambiar rótulos en calles y pueblos, secretar, excretar, echar; respetar lo privado donde cada cual aguarda recuerdos, anhelos y ancestros.

La interculturalidad pues no ha de ser un combate sino una avenencia, pues de no ser así, la reyerta de la lid devora paces y pueblos como el agua mansa socava las piedras.

Maruxa Duart HerreroMaruxa Duart Herrero