Alberto Caparrós - CRÓNICAS SABÁTICAS

Del erial del PP en Valencia a la encuesta que da ganador a Ciudadanos

«PSPV y Compromís -con el sostén imprescindible de Podemos- han ido cultivando su propio modelo durante tres años»

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Los partidos de izquierdas no han desaprovechado el erial que les ha dejado el Partido Popular en la Comunidad Valenciana para activar un proceso similar al emprendido hace dos décadas en Cataluña, que se ha saldado con una sociedad partida en dos y con un golpe al Estado de Derecho sin precedentes cuyas consecuencias a día de hoy todavía resultan impredecibles.

La presidenta del PP de la Comunidad Valenciana, Isabel Bonig, lleva tiempo advirtiéndolo. La última vez este martes. A la misma hora que Eduardo Zaplana pasaba su primera noche en el calabozo, la actual líder de los populares valencianos daba la cara en la Cadena Cope.

Bonig volvió a insistir en su denuncia, pero con el expresidente de la Generalitat entre rejas por el enésimo caso de corrupción que asola al PP como una plaga es como predicar en el desierto. Y ahí se encuentra el caladero en el que Ciudadanos espera ganar votos. La formación naranja ya tiene el discurso preparado para la campaña electoral. Contra el PP, por la corrupción. Contra PSPV y Compromís, por sus posiciones nacionalistas. De hecho, el plan de Albert Rivera empieza por Valencia.

Isabel Bonig ya dio la voz de aviso ante Mariano Rajoy un tórrido sábado de septiembre en el acto con el que el PP inició el actual curso político en la playa de la Patacona.

Entre la sentencia de Gürtel, el máster de Cifuentes, la detención de Zaplana y el pulso de Quim Torra, el presidente del Gobierno no habrá tenido tiempo de reparar en lo que está sucediendo a una hora y media de AVE del palacio de La Moncloa.

Imagen de Eduardo Zaplana tomada durante el registro de su domicilio en Benidorm
Imagen de Eduardo Zaplana tomada durante el registro de su domicilio en Benidorm - JUAN CARLOS SOLER

El paralelismo entre la estrategia puesta en marcha veinte años atrás en Cataluña y la del actual Gobierno valenciano es un hecho. Compromís asume el papel de CiU, aunque escorado a la izquierda. El PSPV representa el rol de un PSC con un perfil federalista alejado del «centralismo» de Ferraz. Acció Cultural del País Valencià (ACPV) constituye la extensión de Òmnium Cultural, con la que comparte la Federació Llull y con la que trabaja por «un futuro compartido para los países catalanes».

Universidades y sindicatos

ACPV ejerce de «lobby» de presión ante los actuales gobernantes (a los que respaldó durante los veinte años de Gobierno del PP) para reclamar, con el apoyo explícito de las universidades públicas, un modelo que emula al catalán en la educación y en la exigencia del requisito lingüístico, ya no solo en la Administración, sino en el sector privado.

Los sindicatos otrora de clase, especialmente Comisiones Obreras del País Valenciano, también están más próximos a los postulados de sus colegas catalanes que a los de sus direcciones confederales. Y À Punt, a la que hay que otorgarle el beneficio de la duda, ya da señales de tomar una senda similar a la de TV3 que, por cierto, pronto volverá a sintonizarse en las televisiones de la Comunidad Valenciana.

Los empresarios, por su parte, se conforman con subir la persiana cada día con los dedos cruzados para que no salte un escándalo más que mancille la imagen de la Comunidad Valenciana, más allá del movimiento liderado por el presidente de la patronal CEV, Salvador Navarro, para reclamar una más que necesaria reforma del modelo de financiación, que no está entre las prioridades de las direcciones centrales de PP y PSOE ni de Ciudadanos que, tanto en esta cuestión como en casi todas las demás, escurre el bulto. Es lo que tiene ni gobernar ni haberlo hecho nunca.

El PP ha dejado un erial tras veinte años de gobierno en los que la Comunidad Valenciana experimentó la mayor transformación de su historia y encabezó el crecimiento económico español. Una prosperidad que algunos dirigentes políticos aprovecharon en beneficio propio. Unos ya están condenados. Otros están al amparo de la presunción de inocencia, pero bajo sospechas más que fundadas.

La izquierda valenciana se ha encontrado un campo sin labrar, que es como define la RAE al adjetivo «erial». En los tres años que se cumplen este domingo desde que los valencianos se decantaron por un cambio político, PSPV y Compromís -con el sostén imprescindible de Podemos- han ido cultivando su propio modelo, que va más allá de los carriles bici de Grezzi en Valencia y cuya hoja de ruta pasa por consolidarlo durante, al menos, otra legislatura.

Este lunes, ABC contaba en exclusiva a sus lectores que la Conselleria de Educación de la Generalitat había patrocinado con el dinero de todos los valencianos la gira europea del espectáculo «Nictàlgia en el cel elèctric» [sic], que fue aprovechada por sus integrantes para visitar al fugado Carles Puigdemont en Berlín, quienes lo difundieron en las redes sociales y le desearon «salud y república».

Isabel Bonig se dirige a Ximo Puig y Mónica Oltra durante un pleno de las Cortes
Isabel Bonig se dirige a Ximo Puig y Mónica Oltra durante un pleno de las Cortes - ROBER SOLSONA

Horas después, en los albores del martes, Eduardo Zaplana era detenido en pleno centro de Valencia cuando salía de su domicilio. El PP aguardó un día el «duelo» por el enésimo escándalo que empaña su imagen ante la ciudadanía para reaccionar con un comunicado a la noticia de ABC sobre el patrocinio de una gira que incluyó, fuera del programa oficial del espectáculo, una «entrañable velada» con Puigdemont. El PP quiere que el conseller de Educación, Vicent Marzà, explique cuánto ha costado el «tour» de un poeta y dos cantantes a los valencianos.

Imagino a los dirigentes de Compromís haciendo chanzas con las preguntas del grupo popular respecto al importe de un espectáculo subvencionado. Calderilla, dirán, en comparación a las investigaciones que apuntan a un presunto pufo superior a los diez millones de euros en el caso Erial.

Con un escándalo por semana, ya venga de la capital de España o desde la misma Valencia, resulta imposible que el PP haga oposición al tripartito. Otra cosa distinta es que le falten razones. Una de las últimas, el expediente de investigación de la Agencia Antifraude al Ayuntamiento de Valencia por una subvención de 10.000 euros a Ca Revolta, a quien el pasado año le «tocó» la lotería de que Joan Ribó le otorgara una ayuda directa sin que, según la Intervención, «quedaran acreditadas las razones de interés público, social, económico o humanitario u otras debidamente justificadas que dificulten su convocatoria pública». Traducido: Ribó le dio los 10.000 euros a Ca Revolta porque quiso.

En condiciones normales, y a un año exacto de las elecciones locales, el caso podría dar «munición» al PP. Pero no será así. El grupo municipal es otro erial. Solo uno de sus diez concejales no está imputado. Y así, y con una gestora «sine die», resulta imposible hacer oposición.

La «reconquista» de Alicante

Algo parecido sucede en Alicante, donde los populares no tienen investigados en su grupo y han recuperado la vara de mando tras la dimisión forzada del anterior alcalde socialista, Gabriel Echávarri, procesado en dos causas judiciales por prevaricación.

En la capital alicantina también habría «material» con la denuncia de Nerea Belmonte, la concejal expulsada de Guanyar (la marca de Podemos) sobre un presunto intento de la compra de su voto para que el PSPV mantuviera el poder con Eva Montesinos como alcaldesa.

Imagen de Rajoy, Barcala y Sánchez
Imagen de Rajoy, Barcala y Sánchez - JUAN CARLOS SOLER

Sin embargo, con el exalcalde Luis Díaz Alperi en pleno juicio de una de sus causas pendientes, el PP tiene difícil armar un discurso solvente contra la supuesta corrupción de sus adversarios políticos y se tendrá que encomendar a la gestión de Luis Barcala, en lo que Isabel Bonig acuñó como la «reconquista» que llega desde el sur y en una de las contadas alegrías que le ha otorgado el partido a Mariano Rajoy en los últimos tiempos.

El pasado pesa como una losa sobre un partido que ya no sabe qué sorpresa se encontrará cada mañana al abrir los periódicos, pero al que le restan dos «balas» en la larga campaña electoral que arranca este domingo y que finalizará el 26 de mayo de 2019 con los comicios municipales y autonómicos.

Una, la de convencer a los valencianos de que con el actual Consell la Comunidad Valenciana está bordeando la senda que ha llevado a Cataluña al abismo. Ahí competirá con Ciudadanos en un discurso que catapultó a Inés Arrimadas en las últimas elecciones catalanas.

La segunda, el desarrollo de las cuatro investigaciones que instruyen otros tantos juzgados en Madrid, Benidorm y Gandía vinculadas a la presunta financiación irregular del PSPV y Bloc-Compromís, que suman ya vientiséis imputados.

Imagen de Albert Rivera y Toni Cantó en un mitin celebrado en Valencia
Imagen de Albert Rivera y Toni Cantó en un mitin celebrado en Valencia - MIKEL PONCE

De la misma forma que Ximo Puig y Mónica Oltra endosan a Isabel Bonig la responsabilidad de los desmanes de sus antecesores en el Partido Popular, el presidente y la vicepresidenta de la Generalitat deberán hacer lo propio si se confirman los delitos que apunta la Fiscalía en un caso que, como casi todo en el erial que ha dejado el PP, ha quedado eclipsado, pero no para los jueces que lo investigan.

La última encuesta

Puig ya ha dejado claro que si la aritmética lo permite, repetirá la fórmula del «Acuerdo del Botánico» entre PSPV, Compromís y Podemos. No entra, pues, en sus planes contar con Ciudadanos, aunque alguna encuesta que circula en los últimos días por Valencia -en la línea de la de GAD 3 para ABC que vaticinó que la formación naranja será la más votada en la capital del Turia y en Alicante- sitúa a los de Albert Rivera en cabeza para las autonómicas, aunque como le sucedió a Inés Arrimadas, ganarían los comicios pero sin los apoyos suficientes para que Toni Cantó sea investido presidente de la Generalitat.