Rubén Martín Díaz - ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Contra todo: Andrés García Cerdán

«Es un revolucionario, y, además, de los buenos, porque escribe verdadera poesía»

Rubén Martín Díaz
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Escribir un poema es un acto de desafío; un ir a contracorriente en nuestro tiempo; una forma de protesta, contra las ataduras que limitan a nuestra sociedad, mucho más revolucionaria que salir a la calle con pancartas. La afirmación no es mía, y no recuerdo dónde lo leí, pero eso es lo de menos. Si atendemos a esta idea (un tanto romántica, pero hermosamente bélica) del poema, no queda otra cosa que afirmar lo siguiente: Andrés García Cerdán (Fuenteálamo -Albacete-, 1972) es un revolucionario. Y, además, uno de los buenos, de los que están en primera fila y no fallan, porque escribe verdadera poesía y porque hay algo muy vivo en él cuya decantación al folio en blanco es providencial. Por ello, aquellos que amamos la buena literatura debemos felicitarnos, y es que ya está disponible en librerías Defensa de las excepciones, el último libro de poemas de Andrés. En su trayectoria como poeta se da una línea temporal que remarca siete largos años de silencio. Antes, un libro de iniciación y varios libros más donde el lenguaje irrumpe con toda la fuerza desbocada de la juventud.

Después, un relámpago creativo que concentra sus mejores publicaciones (Carmina y Barbarie, por citar solo dos: mis preferidas). Este Defensa de las excepciones, publicado por Visor, y al que le ha sido otorgado el último Premio de Poesía Hermanos Argensola, viene a sumar un peldaño más en la acertada escalera de color que el poeta nos brinda sobre la mesa de las lecturas con cuño de autenticidad. Se mantienen en el libro ciertos patrones, y matices reconocibles, de sus anteriores libros: pluralidad de referencias culturales, lenguaje contundente, formas cuidadas del poema, importancia de la adjetivación para dar mayor énfasis al verso, variedad temática... Sin embargo, en esta ocasión, el tono es menos lírico (o, si se prefiere, más prosaico) y el Yo poético, quizá más confesional que nunca, incide en los defectos del Yo humano: «Me equivoco. / Cometo errores. / Digo cosas inoportunas. / Con frecuencia excesiva deseo lo imposible». Pero el poeta pronto se redime de ese sentimiento de culpa, se alza después al frente («Pertenezco a ese número de hombres / [...] que han hecho del oficio / de libertad su distinción. Los que / huelen en el aire un peligro / y lo celebran») y protesta «Contra la horrible semejanza / de todo».

Andrés tiene un dominio absoluto del poema, y así lo escribe, con precisión de francotirador: «Un extravío mínimo, una / mínima diferencia en el cálculo / desvía el disparo lo suficiente / para errar. Todo importa». En ocasiones esos momentos de reflexión se quedan al margen, y el lenguaje cobra un tono más visceral; el poema desborda a la palabra escrita: «Asisto a su milagro. Pongo / en el corazón del milagro / los dedos / y presiono arterias y carnes / y sangres / para que todo sangre / y se depure / y arda en mi boca / y cuaje / y sangre aún». Así el poeta nos arrastra consigo, nos zarandea, nos eleva al aire, y proclama un final de vértigo: «Algo que es y que no es, / algo como esa basta oscuridad de nadie / que cristaliza en las alturas». Sin duda, Andrés García Cerdán es uno de los autores imprescindibles dentro del panorama poético español y este Defensa de las excepciones, uno de los libros de poesía más destacados del año.

POR RUBÉN MARTÍN DÍAZPOR RUBÉN MARTÍN DÍAZ