Estado actual de la mayoría de los edificios de Jánovas
Estado actual de la mayoría de los edificios de Jánovas - D.M.B.

Jánovas, el pueblo expropiado por un pantano que nunca se hizo, recupera la luz cincuenta años después

La localidad oscense, en ruinas, comienza a ver cómo los antiguos vecinos reconstruyen sus casas

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Hubo una época en Jánovas, Huesca, en la que el sonido de un acordeón era el reflejo de la vida que tenía el pueblo. Antonio Espinosa, que ahora tiene 74 años, no lo olvida. «Aprendí a tocar de forma autodidacta. Desde los 13 a los 15 años hice bailar a mucha gente. Estuve en veintiséis pueblos del Sobrarbe, incluidos Aínsa y Boltaña. Muy mal no lo haría porque bailaban muchas horas, me pagaban 100 pesetas al día y comía al lado del jefe de la casa con 14 años». Poco después, en los 60, se expulsó a los habitantes del pueblo y se dinamitaron casas para crear un pantano que nunca llegó a construirse. «Esto no es un pueblo abandonado», recuerda Antonio. «De aquí nos sacó la Guardia Civil. Los abuelos, incluidos mis padres, tuvieron que entregar las llaves». En Jánovas todavía recuerdan cómo en 1962 un empleado de Iberduero «tiró la puerta de la escuela y con insultos, empujones y patadas sacó a los alumnos del colegio, mientras arrastró a la profesora fuera del aula agarrándola del pelo». En 1984 llegaron las órdenes de desahucio de las dos últimas familias. Salieron del pueblo y sus casas fueron derribadas. A orillas del río Ara, en pleno Pirineo oscense, solo quedaron ruinas.

Algunos de los que vivieron ahí están viendo cómo resucita la localidad. «Tuve una infancia feliz, muy feliz. Éramos seis hermanos, teníamos alimentos y no recuerdo necesidades. Era la posguerra pero no faltaba nada. Mis padres incluso podían guardar algo de dinero», recuerda Antonio. Su hermano pequeño es Luis y no duda cuando le pregunto cuál es su deseo. «Volver a ver mi casa con vida otra vez», afirma rotundo mientras explica que la maestra de la escuela vivía en la planta de arriba años antes de que empezara a escucharse hablar de un pantano en el pueblo. Hoy la planta baja de la escuela la ocupa un bar que hace las veces de salón social en un edificio que reconstruyeron los propios vecinos.

En primer plano, ruinas. En segundo, la antigua escuela reconstruída por los vecinos
En primer plano, ruinas. En segundo, la antigua escuela reconstruída por los vecinos - D.M.B.

Ese sueño de Luis lo está empezando a cumplir Óscar Espinosa, su sobrino e hijo de Antonio, que está reconstruyendo la casa en la que vivió su familia. Hoy solo tiene el esqueleto pero explica orgulloso que «es una realidad, es posible volver a tus orígenes y volver a levantar un pueblo después de una desgracia como esta». «A la gente le estás dando parte de la vida que perdió y con la presión vecinal y la presión de la opinión pública vamos a recuperar algo de dignidad como pueblo». En Jánovas ya hay una casa acabada al otro lado del río Ara y otras tres están empezadas. En 2008 comenzó la reversión de las propiedades a los vecinos. Y ahora, en 2018, el pueblo ha recuperado la luz cincuenta años después. Hasta este mes las labores de reconstrucción se hacían con un generador y tras el anuncio otras dos familias ya planean empezar las obras en sus casas.

Panorámica de lo que fue Jánovas
Panorámica de lo que fue Jánovas - Imagen cedida por Jánovas.org

Ceses, dimisiones y tensión en el Ministerio

Si preguntas a quienes habitaron el pueblo y a sus descendientes, la luz empezó a verse en el año 2000. El entonces secretario general de Medio Ambiente, Juan Luis Muriel, firmó la declaración negativa del impacto medioambiental del pantano. No gustó en el Ministerio y Muriel perdió su puesto de trabajo. «Encontrarnos con él fue vida. Ojalá hubiera más gente así en el Gobierno. Se jugó su carrera política con una decisión honesta que le honra y le honrará siempre», explica Óscar Espinosa, que además preside la Fundación San Miguel. El pantano no se construiría, a pesar de que la decisión tardó un año en publicarse en el BOE.

«Cuando sale la declaración negativa se lo comunico a la ministra (Isabel Tocino) y dice que hay presiones y que el Gobierno de Aragón insiste en que es necesaria la obra. Aclaro que conforme al estudio de impacto ambiental no es viable hacer una declaración positiva y le ofrezco mi dimisión porque no podíamos hacer el informe positivo. Ella me dijo que no y que esperásemos a un momento oportuno para hacerla pública», explica Juan Luis Muriel a este diario. «Hay que entender que el año 1997 no es 1960. En los 60 España estaba saliendo del aislamiento internacional, están creciendo las ciudades, hay que llevar agua hasta ellas y hay que dar de comer al país. En esos años caben unas políticas que no caben en el 97».

El río Ara a su paso por Jánovas, lugar en el que iba a hacerse el pantano
El río Ara a su paso por Jánovas, lugar en el que iba a hacerse el pantano - D.M.B.

Muriel se convierte entonces en un pilar para Jánovas al defender que con la ley en la mano no tiene cabida el pantano. «Me parece absurdo inundar un valle que tiene otras riquezas que son las que faltan en España. Quedan muy pocos ríos que no están regulados y el Ara es uno de ellos. Hay que preservar el patrimonio natural del país», cuenta ahora, años después de tomar una decisión que marcó su carrera política. «Tuve suerte de que la ministra, mi jefa, me respaldó. Luego llegó otro jefe (Jaume Matas, ahora en prisión) y no me respaldó aunque inicialmente me confirmó en mi puesto». Pero Muriel no se arrepiente y se deja ver por Jánovas cuando el pueblo celebra San Miguel. «Yo tenía muy claro que a la política no se va ni a trepar ni a hacer currículum».

En Jánovas hay muchas casas caídas, campos que no han sido labrados durante medio siglo, ruinas y maleza. Antonio Espinosa dice que «el pasado no existe, tampoco el futuro» pero lo cierto es que el tiempo pasa. «A los que en mi época eran críos como yo ahora les veo viejos. ¿Cómo me verán ellos a mi?». Jánovas, el pueblo que no rebla, tiene la respuesta.