Juicio a un presunto yihadista en la Audiencia Nacional
Juicio a un presunto yihadista en la Audiencia Nacional - EFE

Cae un yihadista ya detenido en 2017 por intento de homicidio

Tras ser arrestado en El Príncipe por la Policía se oyeron gritos de «Alá es grande»

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Farid Mohamed Al Lal, de 44 años, primero delincuente común y desde hace 15 años al servicio del terrorismo yihadista, llevaba poco más de un mes en libertad cuando la Policía lo detuvo en la madrugada de ayer en su casa de la barriada ceutí de El Príncipe por adoctrinamiento y enaltecimiento de Daesh. Su perfil, muy violento; su facilidad para acceder a armas, y el que fuera un referente del radicalismo en la Ciudad autónoma aconsejaron quitarlo de la circulación ante la posibilidad de que él, o alguno de sus seguidores, decidiera pasar de las palabras a la comisión de atentados.

La primera vez que Al Lal dio con sus huesos en prisión fue en 2001 por delitos comunes como atracos o tráfico de drogas. Fue dentro de la cárcel cuando se produjo su proceso de radicalización, que las fuentes consultadas por ABC situán entre 2003 y 2004. A partir de entonces se convirtió en adoctrinador tanto dentro como fuera de los centros penitenciarios.

En las etapas en las que estaba encarcelado se aprovechaba de los presos sin recursos económicos a los que ofrecía dinero si se dejaban barba, leían el Corán y cumplían sus órdenes, una forma de actuar que es la misma que tienen otros agentes radicalizadores detectados dentro de los centros penitenciarios. En marzo de 2006, además, tiroteó a dos policías nacionales cerca de la barriada de El Príncipe.

Las primeras alarmas importantes sobre Al Lal saltaron en enero de 2015, cuando fue detenido por la Policía en Ceuta junto a otros cinco individuos en la operación Chacal. Farid Mohammed al Lal estaba considerado como el jefe de la célula y además se temió que el grupo cometiera un atentado.

La Fiscalía acusó a todos los arrestados de pertenencia a organización criminal, pero no dio la alternativa al tribunal de que si no consideraba probado ese cargo se les condenara por enaltecimiento del terrorismo. Como consecuencia de ello, todos fueron absueltos. En la vista oral Al Lal hizo una declaración delirante. Se presentó como un «delincuente de toda la vida», ajeno al islamismo y aseguró que fue detenido en su domicilio por José Coronado, uno de los actores de la serie «El Príncipe», que entró en su domicilio vestido de policía con otros agentes, propinándole un puñetazo. En su declaración también implicó a la también actriz Hiba Abouk.

A finales de 2016, tras ser absuelto, regresó a Ceuta y no tardó mucho en volver a demostrar su personalidad extremadamente violenta y su pensamiento radical. Así, en 2017 disparó a un vecino de la barriada al que acusaba de colaborar con las Fuerzas de Seguridad. Fue detenido por tentativa de homicidio y se le intervino un dispositivo con cientos de vídeos sobre la yihad violenta y cánticos yihadistas. Ese material lo utilizaba como autoadoctrinamiento, pero también para captar a terceros para Daesh.

Orientación sexual

En diciembre de 2018 volvió a Ceuta y los agentes de la Comisaría General de Información de la Policía, que lo han mantenido en todo este tiempo entre sus objetivos, comprobaron que de nuevo hacía labores de adoctrinamiento y entrenamiento para el combate. En esta última etapa se le vio sobre todo con dos hermanos de El Príncipe radicalizados. En su frente ya se apreciaba la «zibiba» o callo de la fé.

El detenido, además, hacía uso de los cánticos de llamamiento a la yihad o «anasheed», reproduciéndolos a todo volumen en su casa y en sus desplazamientos en coche. Asimismo amenazaba a vecinos por su orientación sexual y a aquellas mujeres que consideraba «poco recatadas». Por supuesto, él vestía barba larga y túnicas.

Ayer el titular del Juzgado de Instrucción 1 de la Audiencia Nacional autorizó su detención. No se podían correr más riesgos. Al salir de su casa esposado por la Policía, y tras el registro de su vivienda -se le intervino más propaganda yihadista, una veintena de bolas de hachís y 1.500 euros en efectivo-, se oyeron gritos de «Alá es grande!» proferidos desde algunas ventanas. Otra prueba de su peligrosidad.