Isidro Molina y Rosa Sánchez, los padres de Paco Molina, que desapareció hace 4 años sin dejar rastro
Isidro Molina y Rosa Sánchez, los padres de Paco Molina, que desapareció hace 4 años sin dejar rastro - Guillermo Navarro

Reabren la desaparición de Paco Molina al hallar vínculos políticos

El joven de 16 años desapareció en 2015 en Córdoba; se busca entre amigos mayores

MadridActualizado:

Paco Molina salió de su casa en Córdoba pasadas las siete de la tarde del 2 de julio de 2015. Tenía 16 años. Se fue a tomar un refresco con sus amigos a un parque. A las diez y media de la noche mandó un whatsapp a su padre: «Voy a dormir fuera». A Isidro le extrañó que no dijera a casa de quién iba. «Era la tercera vez que se iba a quedar en casa de ese amigo. Es muy niño, acababa de empezar a salir». Isidro le llamó por teléfono y esa fue la última vez que habló con él. «Cómo iba yo a imaginar esto», dice.

Paco se despidió de sus amigos. Uno de ellos le preguntó adónde iba. «He quedado con un colega en un bar del centro». Su amigo insistió, quería saber quién era. «No le conoces», fue la respuesta de Paco. La frase martillea desde aquella noche a la familia Molina que ha dejado su vida aparcada para perseguir la sombra de su hijo mayor. En octubre cumplió 20 años.

Paco nunca llegó a ese bar anunciado. En realidad no se sabe dónde fue, quién se lo llevó, qué le pasó. Y con esa duda que les come el alma llevan Isidro y Rosa desde entonces, dando palos de ciego, buscando sin parar. Igual que la Policía. Las primeras investigaciones en Córdoba no fueron afortunadas y ahí se perdió mucha información. Algunos testigos aseguran que le vieron subir a un autobús en la estación con destino Madrid. La Policía no pidió las cámaras y esa huella también se evaporó. Cuando se incorporó la Sección de Homicidios y Desaparecidos de la Unidad Central ya era tarde para eso.

Esperanzados

Isidro y Rosa no han parado de buscar ni un día. Al principio en una soledad devastadora. «Llegaba cada noche de mi trabajo y llamaba a todos los medios de comunicación que se me ocurrían para que difundieran los datos de mi hijo. Nadie me hacía caso», rememora este padre, que admite que apenas puede trabajar. «Esto es muy complicado, muy duro. Imposible de entender si no lo vives».

Isidro tuvo que pagar para que se difundiera la información sobre la desaparición de su niño. Más adelante, las redes sociales se convirtieron en un elemento imprescindible en su vida. Y esas mismas redes han propiciado que varios desaprensivos hayan intentado aprovecharse de ellos.

Los investigadores iniciaron varias líneas sin resultado. Ante la falta de avances, el Juzgado de Instrucción número 7 archivó provisionalmente el caso. Hace dos semanas, la juez ordenó la reapertura. La Policía tiene un nuevo hilo del que tirar en el que confían. «Estamos centrados en la vida de Paco. Cuando desapareció estaba muy involucrado en cuestiones políticas», explica el subinspector Carlos Segarra. «Había personas en su entorno bastante mayores que él que pueden saber algo y no lo han contado por miedo o porque les implica en algún hecho no del todo lícito».

Isidro y Rosa no saben quiénes eran esas personas. «Siete u ocho meses antes de lo que ocurrió, Paco se empezó a interesar mucho por esos temas pero más que políticos, históricos. No sabemos más», dicen. «Estamos esperanzados con este paso».

Gestios en una docena de países

La Policía ha seguido investigando pese al cerrojazo judicial en este tiempo. Se han hecho gestiones en una decena de países, de Irak al Reino Unido pasando por Italia. Todos los avistamientos los han comprobado. También han perseguido a los malnacidos que han sumado sufrimiento al desgarro de los Molina.

En noviembre de 2017 un individuo fue condenado a seis meses de cárcel por un delito contra la integridad moral. Hizo creer a sus padres que había conocido a Paco en Albacete y que el menor vivía en un local de alterne. Hace dos meses, unos colombianos, supuestos miembros de una organización criminal, les pidieron 8.000 euros y amenazaron con matar a Paco. Es la última extorsión. «Por ahora», precisa Isidro.