La Policía registra una casa en Pontevedra en busca de Sonia Iglesias, desaparecida en 2010

El caso había sido archivado después de que estuviera imputado el que entonces era su marido, Julio Araújo

MadridActualizado:

Agentes de homicidios de la Comisaría General de la Policía Judicial y de la Comisaría General de la Policía Científica han entrado este martes en una vivienda del barrio de San Mauro, en Pontevedra, en busca de Sonia Iglesias, desaparecida en agosto de 2010 cuando se dirigía a su trabajo.

Desde primera hora de la mañana, un amplio dispositivo policial ha acudido al lugar para rastrear la propiedad, situada en las inmediaciones del cementerio de San Mauro. La Guardia Civil ha acordonado la zona y agentes de la Policía Científica se encuentran en el interior del domicilio.

Su expareja sentimental y padre de su hijo, Julio Araújo, llegó a declarar como investigado por esta desaparición, pero finalmente la justicia retiró la imputación y archivó el caso en abril de 2015 por falta de pruebas. La familia de Sonia siempre ha mantenido sus sospechas sobre la expareja.

En el interior de la casa registrada se encuentra la expareja de Sonia Iglesias. El hombre, según confirman a Efe fuentes de la investigación, no está detenido de momento, sino que asiste por su relación con la propiedad del terreno.

En el registro se está empleando un georradar en la finca trasera del inmueble y al lugar han llegado un laboratorio móvil de la científica y más agentes. El inmueble está situado en una de las salidas de Pontevedra hacia el rural, cerca del cementerio de la ciudad.

Sonia Iglesias, de 37 años, desapareció sin dejar rastro el 18 de agosto de 2010 después de haber sido vista por última vez en el casco urbano de Pontevedra. Ocho años después, hasta los registros de hoy, seguía sin haber ningún indicio que aportara luz sobre su paradero.

El exmarido de Iglesias permaneció más de dos años imputado a raíz del traslado de la causa al juzgado especializado en violencia contra la mujer, que finalmente decretó el archivo provisional de las actuaciones.

En este tiempo se volvió a interrogar al imputado, se tomaron nuevas declaraciones de testigos y se volvieron a visionar pruebas gráficas, entre otras diligencias que no aclararon más la cuestión de cómo la mujer, encargada de una tienda de ropa del centro de la ciudad, se esfumó sin dejar rastro después de que su pareja, según su declaración, la llevase en el coche al centro de la ciudad en esa mañana de verano.

El suceso movilizó a la ciudad, que se organizó durante las primeras semanas para buscar pistas su paradero, con batidas frecuentes, que se sumaron a las labores policiales de búsqueda, todas sin frutos, salvo el hallazgo de la cartera de la mujer en una zona cercana a O Vao, barrio limítrofe con Poio, cercano a un lugar de menudeo de droga, pero también a la comandancia de la Guardia Civil. Ese fue todo el rastro que se encontró.

La familia llegó a solicitar el uso del georradar para buscar huesos en el monte Castrove de Poio, con el argumento de que una de las llamadas telefónicas situaría a la pareja de Sonia realizando una llamada en una zona cercana; tanto en la primera fase de la investigación como tras la imputación del hombre, el juzgado primero y la Audiencia Provincial después consideraron que los indicios eran insuficientes.

El archivo ha sido recurrido por la familia y la fiscalía, que pide además que se practique a Araújo una prueba neurológica que, a través de electrodos, analiza las reacciones cerebrales a estímulos externos y puede determinar si, por ejemplo, reconoce un lugar mostrado en una fotografía.

Cada año, desde la desaparición, un concentración multitudinaria recorre Pontevedra durante el mes de agosto para exigir que se aclare el caso.