Oriol Junqueras, tras recoger su acta de diputado
Oriol Junqueras, tras recoger su acta de diputado - AFP

El incendio del Reichstag

Oriol Junqueras podrá vanagloriarse algún día de haber desestabilizado el Congreso, pero eso no impide que la maquinaria de la Justicia siga su curso

MadridActualizado:

Hitler invitó a la cúpula política y militar del Tercer Reich para celebrar su cumpleaños en la cancillería en abril de 1943 cuando la guerra estaba por decidir. El historiador William Shirer cuenta que la conversación derivó a los tesoros artísticos que se habían perdido en el incendio del Reichstag en 1933.

Hermann Göring interrumpió a uno de los asistentes y exclamó con vehemencia: «el único que realmente sabe lo que pasó allí soy yo porque yo le prendí fuego». Dicho esto, dio una palmada, acompañada de una sonrisa de satisfacción.

Llegará algún día en que Oriol Junqueras, sentado en una mesa con compañeros o familiares, podrá emular al lugarteniente de Hitler con una frase muy similar: «El único que realmente sabe lo que sucedió en el Congreso aquel día soy yo porque todo respondió a lo que yo había planeado».

Oriol Junqueras tuvo su foto y sus minutos de gloria en la sesión inaugural de la legislatura cuando logró convertir la Cámara en escenario de un esperpento. El éxito superó todas sus expectativas, pero apenas ha tenido tiempo para disfrutarlo porque ayer tuvo que levantarse a las siete de la mañana en la cárcel de Soto del Real para desplazarse en el furgón policial al juicio en el Supremo.

Llegó con un gesto contenido, vestido con traje y camisa y oscura y con aspecto meditabundo. Se sentó en el banco que hay detrás de los abogados y allí permaneció leyendo buena parte de la jornada, como si lo que dijeran los testigos y los peritos le fuera profundamente indiferente.

Con su grueso cuello y su tonsura, el líder de ERC evoca un fraile impasible a la realidad exterior y los avatares del destino. No daba la impresión ni siquiera de prestar atención a los expertos de Hacienda que certificaron que hubo una malversación de libro por parte de la Generalitat en la organización del procés. También parecía ajeno a la petición de Meritxell Batet de pedir un informe al Supremo sobre la eventual suspensión de su condición de diputado, que se antoja tan ineludible como inmediata.

Hay que reconocer que Junqueras aguanta el tipo con estoicismo mientras la maquinaria de la Justicia sigue funcionando al margen de la propaganda nacionalista. Cada día queda más evidencia que los acusados intentaron subvertir el orden constitucional y desobedecieron a los tribunales. Por ello están en el banquillo, aunque siempre le quedará el consuelo a su cabecilla de haber incendiado el Reichstag.