Donaire sin donaire

El mosso independentista que declaró ayer en el Supremo dejó de lado su chulería y se convirtió en un cordero tras ser advertido por Marchena

Pedro García Cuartango
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El miedo escénico suele ser frecuente entre deportistas y artistas. El famoso tenor italiano Andrea Bocelli confesaba recientemente que sufre ataques de pavor cuando se acerca el momento de salir a escena.

Pero pocas veces hemos visto un caso tan llamativo de miedo escénico como el de Albert Donaire, el mosso independentista que declaró ayer en el Supremo a instancias de la acusación popular. Donaire había denunciado en las redes «el juicio farsa» y había prometido «destapar las vergüenzas» del tribunal. «No me harán callar ni dar un paso atrás», había dicho este mosso, que cuenta con 50.000 seguidores en Twitter y se ha convertido en una de las referencias del independentismo catalán.

Había anunciado antes de la consulta ilegal que no estaba dispuesto a requisar ni una sola urna y que no dudaría en desobedecer los mandamientos judiciales. «Espero que todo el mundo tenga claro a quien soy leal», subrayó entonces.

Ayer entró en la sala pisando fuerte y con pinta de querer comerse a los jueces. Empezó respondiendo en catalán a Marchena en un tono en el que se percibía una mezcla de desprecio y chulería. Y a la primera pregunta del letrado de Vox, contestó: «Diría que yo no soy el que es juzgado aquí».

Marchena apenas tardó unas décimas de segundo en reaccionar, advirtiendo a Donaire que estaba en un tribunal de justicia y que tenía la obligación de comportarse como agente de la autoridad. «No confunda usted el escenario, usted ha sido citado como testigo», le recriminó con severidad.

Las palabras de Marchena obraron el milagro porque, desde ese momento, el tigre se convirtió en un cordero que respondió mansamente a todas las preguntas. «Perfecto», exclamó tras escuchar la bronca del magistrado.

El mosso que había prometido cantar las cuarenta al tribunal y poner en su sitio a la Justicia española ya no se acordaba de sus tuits ni de sus apelaciones incendiarias a combatir al Estado. Incluso llegó a afirmar que su apoyo a la consulta del 1-O se produjo antes de que el Constitucional la prohibiera, algo que es rigurosamente falso.

Albert Donaire, socio de ANC y Omnium que se presenta en su perfil como «un luchador por la República», demostró lo poco que pesan sus convicciones cuando tiene que defenderlas ante un tribunal.

Donaire careció de donaire, que, según el diccionario, es la gracia o gallardía en la forma de hablar. Este Donaire sin donaire fue caricaturizado tras su comparecencia de forma implacable en las redes, donde le compararon con la popular figura del «caganer» navideño.

Difícil va a tener de ahora en adelante jactarse de su valor en la barra de un bar y ante sus vecinos porque ayer se cagó de miedo en un escenario lleno de símbolos que evocan el peso de la Justicia, representada en un fresco del techo de la sala.

El temor es un sentimiento humano, pero no hay nada más ridículo que presumir de ser un héroe y luego mostrarse como un conejo cuando las cosas vienen mal dadas. Cobardes hay en todas las causas, pero desde luego muchos de los que incitaron a las masas a desobedecer la ley en Cataluña están mostrando su verdadero rostro en este proceso. ¡Que vergüenza!

Pero pocas veces hemos visto un caso tan llamativo de miedo escénico como el de Albert Donaire, el mosso independentista que declaró ayer en el Supremo a instancias de la acusación popular. Donaire había denunciado en las redes «el juicio farsa» y había prometido «destapar las vergüenzas» del tribunal. «No me harán callar ni dar un paso atrás», había dicho este mosso, que cuenta con 50.000 seguidores en Twitter y se ha convertido en una de las referencias del independentismo catalán.

Había anunciado antes de la consulta ilegal que no estaba dispuesto a requisar ni una sola urna y que no dudaría en desobedecer los mandamientos judiciales. «Espero que todo el mundo tenga claro a quien soy leal», subrayó.

Ayer entró en la sala pisando fuerte y con pinta de querer comerse a los jueces. Empezó respondiendo en catalán a Marchena en un tono en el que se percibía una mezcla de desprecio y chulería. Y a la primera pregunta del letrado de Vox, contestó: «Diría que yo no soy el que es juzgado aquí». Marchena apenas tardó unas décimas de segundo en reaccionar, advirtiendo a Donaire que estaba en un tribunal de justicia y que tenía la obligación de comportarse como agente de la autoridad. «No confunda usted el escenario, usted ha sido citado como testigo», le recriminó con severidad.

Las palabras de Marchena obraron el milagro porque, desde ese momento, el tigre se convirtió en un cordero que respondió mansamente a todas las preguntas. «Perfecto», exclamó tras escuchar la bronca de Marchena.

El mosso que había prometido cantar las cuarenta al tribunal y poner en su sitio a la Justicia española no se acordaba de sus tuits ni de sus apelaciones incendiarias a combatir al Estado. Incluso llegó a afirmar que su apoyo a la consulta del 1-O se produjo antes de que el Constitucional la prohibiera, algo que es rigurosamente falso.

Albert Donaire, socio de ANC y Omnium que se presenta en su perfil como «un luchador por la República», demostró lo poco que pesan sus convicciones cuando tiene que defenderlas ante un tribunal.

Donaire careció de donaire, que, según el diccionario, es la gracia o gallardía en la forma de hablar. Este Donaire sin donaire fue caricaturizado tras su comparecencia de forma implacable en las redes, donde le compararon con la popular figura del «caganer» navideño.

Difícil va a tener de ahora en adelante jactarse de su valor en la barra de un bar y ante sus vecinos porque ayer se cagó de miedo en un escenario lleno de símbolos que representan el peso de la Justicia. El temor es un sentimiento humano, pero no hay nada más ridículo que presumir de ser un héroe y luego mostrarse como un conejo cuando las cosas vienen mal dadas. Cobardes hay en todas las causas, pero desde luego muchos de los que incitaron a las masas a desobedecer la ley en Cataluña están mostrando su verdadero rostro en este proceso. ¡Que vergüenza!

Pedro García CuartangoPedro García CuartangoArticulista de OpiniónPedro García Cuartango