La bancada popular apludió con fuerza ayer la réplica que el líder del PP, Pablo Casado, hizo al presidente del Gobierno - Jaime García

Descalificaciones mutuas en el último pleno de la legislatura

Sánchez y Casado se acusan de mentir en un bronco debate propio de precampaña

MadridActualizado:

Los líderes políticos convirtieron ayer el último debate parlamentario de la legislatura en un irritado acto de campaña en el que quedaron en un segundo plano las discusiones para las que se había convocado la sesión: la situación de Venezuela, las sociedades instrumentales de los ministros y los planes de contingencia ante un Brexit sin acuerdo. El Congreso funciona en modo electoral desde el debate de los Presupuestos Generales del Estado cuando la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, utilizó la tribuna de oradores no para defender las cuentas sino para realizar un alegato en defensa de la gestión del Gobierno.

En esta clave, no era de extrañar que tanto el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, como el de Ciudadanos, Albert Rivera, hicieran lo mismo en su última oportunidad para confrontar con el jefe del Ejecutivo en la Cámara Baja. Podemos quedó en fuera de juego al enviar a su candidato a las elecciones europeas, Pablo Bustinduy, a defender su posición en el Pleno. El debate acabó discurriendo por los mismos derroteros que en los últimos meses, aunque con palabras más gruesas que incluyeron descalificativos y acusaciones cruzadas de utilización partidista de las instituciones entre Sánchez, Casado y Rivera.

Podemos quedó en fuera de juego, no fue la número dos, Irene Montero, quien defendió la posición del grupo

Los líderes de PP y Cs centraron su discurso en desacreditar a Sánchez como presidente por estar gobernando de la mano de los «enemigos de España», en alusión a los partidos independentistas. E intentaron asentar la idea de que este pacto se reeditará tras las elecciones de abril al exigirle que desvele si volverá o no a pactar con ERC y PDECat, y si sopesa indultar a los líderes del «procès» en caso de que resulten condenados. Cuestiones, ambas, que el presidente del Gobierno volvió a dejar sin contestar.

En cambio, reaccionó acusando a ambos de desarrollar una oposición «desleal» con el Estado por no apoyar la estrategia de diálogo con Cataluña, de buscar el enfrentamiento territorial por rédito electoral y de hacer política desde la «hipérbole». El líder del PP desplegó de nuevo una oratoria eficaz, sin apoyo de discurso escrito, que convenció a su bancada y probablemente le sirvió para enardecer a sus filas. El presidente de Cs, por su parte, se presentó como una tercera vía alternativa al viejo bipartidismo, con un discurso con mayores tintes electoralistas en el que exhibió sus grandes promesas de reforma y regeneración.

Casado: «Usted miente»

Sánchez se esforzó en dibujar una actuación «ejemplar» del Gobierno ante los escándalos de sus ministros, sin dilación en Venezuela y «óptima» ante el Brexit. Puso intención también en proyectar una imagen de presidente dialogante y moderado, reclamando que «la España presente en esta Cámara tiene que parecerse más a la España real». Una carta de presentación que Casado enmendó a la totalidad atacando uno a uno los logros que se atribuyó el presidente y poniendo sobre la mesa todos sus incumplimientos desde la moción de censura. Todo bajo una premisa: «usted miente, miente y miente todo el tiempo». En la idea de que el jefe del Ejecutivo falsea la realidad recaló después Rivera, quien hizo un balance negativo de los últimos meses de gobierno insistiendo en las cesiones al independentismo.

Al jefe del Ejecutivo le irritó esta posición de sus rivales y subió a la tribuna de oradores con la misma descalificación bajo el brazo. «No mientan de manera tan descarada», cargó contra ambos. En esa segunda intervención pudo verse al presidente del Gobierno más nervioso aunque introdujo cierta teatralización. Cargó contra Casado y Rivera por utilizar el Pleno para fines electoralistas, reprendiéndoles por no entrar en el fondo de unas cuestiones que consideró necesarias de tratar, olvidando que el PSOE había votado en contra de que el debate tuviera lugar.