Los dirigentes de Unidas Podemos, con Pablo Iglesias al frente, anoche en Madrid - Maya Balanya
Elecciones Generales

Sensación agridulce para Unidas Podemos: «Esperábamos un resultado mejor, pero es suficiente»

Iglesias dijo que se iría si no lograban un buen respaldo. Se habló del 15% y han llegado al 14%

Elecciones generales: pactos, y reacciones tras los resultados en directo

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En Unidas Podemos (UP) las elecciones generales del 28-A acabaron con una sensación agridulce. La alegría se palpaba en el ambiente: superaban los 40 escaños y obtenían unos mejores resultados que los que les auguraban las encuestas. Además, los 123 representantes del PSOE hacen viable un gobierno de izquierdas. Pero hay otro hecho cierto: la coalición de Podemos e Izquierda Unida se dejó ayer casi una treintena de diputados al pasar de 71 a 42.

Cuando el escrutinio superó el 90 por ciento y los resultados parecían haberse afianzado, los dirigentes de la formación salieron en grupo a dar sus valoraciones oficiales. El primero fue Alberto Garzón, de IU, que reconoció que les hubiera «gustado un resultado mejor», pero era «suficiente» para los objetivos que se habían planteado. «No ha triunfado el mensaje de odio y radicalización de la derecha», añadió, y pidió a Pedro Sánchez que evitara la «tentación naranja».

Un posible acuerdo entre PSOE y Ciudadanos sumaría mayoría absoluta. Aunque desde la formación dirigida por Albert Rivera han negado drásticamente cualquier pacto con los socialistas durante los últimos meses, la presión para que ambos partidos se unan en un gobierno que deje fuera a UP será fuerte.

Iglesias, que tomó la palabra tras Garzón, incidió en la misma idea que él y destacó «dos claves fundamentales»: que el «bloque progresista» superaba al de «las tres derechas» y que «España es plurinacional», «algo que nosotros hemos dicho muchas veces y nos hemos quedado solos».

Iglesias habló ayer de madrugada con Sánchez para felicitarle por el resultado y para manifestarle su «voluntad de trabajar por un Gobierno de coalición de izquierdas», según informó de Europa press. Ambos líderes han quedado en «hablar y en mantener una reunión con brevedad» para hablar de un fututo Ejecutivo, pero el secretario general de Podemos pide por el momento «paciencia».

En un intento de autocrítica por los 29 escaños perdidos, aseguró que «nuestra situación interna no ha estado a la altura de los militantes y los votantes, espero que en el futuro no vuelva a ocurrir». Esta semana Iglesias afirmó en una entrevista en RNE que pondría su cargo a disposición de las bases si UP no obtenía un buen resultado y desde el partido hay quien situó la línea de riesgo en un 15%. Ayer lograron en torno a 14 puntos.

El candidato a la presidencia de UP se comprometió a trabajar «para que en España haya un Gobierno de coalición de izquierdas». Rechazó responder a las preguntas de los periodistas relacionadas con preferencias de ministerios, aunque sí indicó que las reuniones para formar un Ejecutivo iban a necesitar «mucho tiempo» y «discreción»: «Les pido que sean pacientes».

La anécdota de la noche la protagonizó un grupo de taxistas que celebró los resultados de forma improvisada frente al cuartel electoral. Tito Álvarez, su portavoz, agradeció a Unidas Podemos su apoyo al sector y exigió que el PSOE mostrara su verdadera cara e indicara si va a pactar con Ciudadanos o con la formación de Pablo Iglesias, que salió después a saludarles.

Dura travesía hacia las urnas

Unidas Podemos empezó la campaña sin rentabilizar el regreso del secretario general a la primera línea política y muy penalizados por el voto útil al PSOE, pero Iglesias supo aprovechar los debates electorales para atraer a una parte de los indecisos cargando contra Sánchez y su falta de «garantías».

En 2015 Podemos irrumpió en el Congreso de los Diputados con 69 escaños y 5,1 millones de votos. Luego, en los comicios de 2016, llegó el pinchazo con la pérdida de más de un millón de votos a pesar de haberse integrado en coalición con IU. Los sondeos desde entonces no han dejado de sancionarles. Uno de los momentos más negros llegó con la compra el pasado verano del polémico chalet en Galapagar con el que Iglesias y su pareja, la número dos del partido, Irene Montero, tuvieron que poner su cargo a disposición de las bases.

Tampoco ayudaron las sucesivas crisis internas por el liderazgo de la formación. «Hemos dado vergüenza ajena con nuestras luchas internas», admitió Iglesias en un acto en Madrid tras su baja por paternidad. No le quedó otro remedio que hacer autocrítica porque de sobra saben que las pugnas por el liderazgo entre las diferentes familias de la formación a lo largo de todo el territorio nacional les debilitaron de cara a las elecciones.