Recreación de un niño neandertal
Recreación de un niño neandertal - Archivo

Neandertales: ni mataban a sus hijos nada más nacer ni eran peores padres

Ninguna evidencia indica que estos homínidos cuidaran de sus crías peor que los sapiens con los que coexistieron y mucho menos que las maltrataran

Los pequeños eran destetados tarde y sus enterramientos eran especialmente sofisticados

MadridActualizado:

Lo explica muy bien Robert Sala, arqueólogo especialista en evolución humana, en un libro muy didáctico y de reciente publicación titulado «Sapiens» (Península): «El neandertal es el yeti de la ciencia». Y lo afirma porque este homínido con el que coexistimos en Europa hasta hace unos 40.000 años se ha convertido para muchos en un mito moderno. Los neandertales son populares y fascinantes, pero sobre ellos todavía se extiende la idea errónea de que pertenecían más al mundo de las bestias que al de la humanidad. Se les ha dibujado como «seres grandotes, peludos, encorvados, siempre con un garrote en la mano». Unos brutos. Tras cien años de excavaciones, los investigadores saben que, en realidad, esta imagen es muy distinta. Eran más corpulentos, tenían huesos más fuertes y una musculatura más potente, sí. Pero culturalmente, «eran muy parecidos a nosotros. Inventaron el arte, tenían lenguaje, rendían culto a los muertos», expresa Sala.

Quizás esa leyenda negra es lo que provoca que algunos todavía utilicen la palabra neandertal como insulto. En el contexto de unas polémicas declaraciones sobre el aborto sobre las que después pidió disculpas, Adolfo Suárez Illana, número dos del PP por Madrid, decía el pasado jueves que los neandertales cortaban la cabeza a sus hijos nada más nacer. No es cierto.

«No hay apoyo de ningún tipo para llegar a una conclusión semejante», dice Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y director del Grupo de Paleoantropología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. «Ni siquiera ningún dato que, mal interpretado, pueda hacer que alguien llegue a pensar algo así», continúa. Para el científico, que dirige el estudio de la famosa familia neandertal de Los trece de El Sidrón en Asturias (entre ellos varios niños), las declaraciones de Suárez Illana son un «magnífico ejemplo de la vieja noción trasnochada de la palabra neandertal como algo primitivo, tosco, bárbaro y moralmente degradado».

Tumbas infantiles

Tampoco hay ninguna prueba que indique que estos homínidos fueran unos padres terribles, desde luego no peores que los sapiens con los que coexistieron hace miles de años. Y sí algunas que, directa o indirectamente, revelan cierta preocupación y atenciones por los infantes. Por ejemplo, los períodos de estrés fisiológico por enfermedad o malnutrición se delatan en las líneas de hipoplasia, unas marcas en los dientes. En los niños neandertales estos episodios se observan entre los dos años y medio y los tres años de vida, coincidiendo con el período de destete de la leche materna a la alimentación sólida. «Que el período de lactancia fuera bastante prolongado sugiere que las madres y el grupo en su conjunto estaban pendientes de los pequeños. Había un cuidado, como ocurre con cualquier mamífero un poco sofisticado», señala Rosas.

Además, «en los enterramientos infantiles se evidencia una consideración hacia el niño: hay ofrendas, fosas bien delimitadas, atenciones que no siempre se ven en las de los adultos, hasta al punto de que se ha llegado a dudar del número real de tumbas neandertales», añade.

Como explica el investigador, en las sociedades actuales con muy baja natalidad los niños han pasado a primer plano, están en un altar. Pero en el siglo XVII o XVIII, en la Inglaterra de la Revolución Industrial, se les daba muy poco valor y eran utilizados como mano de obra. «Nada prueba que los neandertales maltrataran a sus crías, ni mucho menos, pero tampoco vamos a ser buenistas: la delicadeza con las que las cuidaran se nos escapa porque no ha quedado registrada», señala.

Apego y atenciones

Existen pruebas de que los neandertales cuidaban de los adultos enfermos o inválidos, como el caso de Shanidar 1, cuyos restos fueron hallados en el Kurdistán iraquí. A pesar de ser cojo, sordo y manco, este individuo llegó a los 40 años, una edad provecta para la época, gracias a la ayuda de sus congéneres. Sin embargo, nada revela que se preocuparan tanto por los niños enfermos. Los restos encontrados muestran huesos infantiles con señales de enfermedades y heridas sin curar durante meses, incluso años. Pese a eso, que los niños alcanzaran la edad adulta pese a estar mal alimentados en ocasiones y la sofisticación de las tumbas de los pequeños fallecidos hace pensar que estos jugaban un importante papel en el grupo, según explicaban arqueólogos de la Universidad de York en un estudio publicado hace algunos años en la revista «Oxford Journal of Archaeology».

«La doctrina tradicional ve la infancia neandertal como especialmente dura, difícil y peligrosa, lo cual concuerda con las ideas preconcebidas sobre una supuesta inferioridad de los neandertales -apuntaba Penny Spikins, autora principal del informe-, pero nuestra interpretación ha hallado que un gran apego y una particular atención hacia los niños sería una interpretación mucho más plausible de las evidencias arqueológicas». Spikins también cree que la infancia neandertal no sería muy diferente de la experiencia normal de los primeros niños humanos del Paleolítico. Como indica, hay una distinción fundamental entre una infancia dura y una infancia vivida en un ambiente hostil.

Canibalismo ritual

Y aunque es cierto que estos grupos practicaban el canibalismo, también de niños y recién nacidos, como se ha descubierto en las cuevas de Goyet (Bélgica), no hay pruebas de asesinatos. Ningún indicio de contusión o herida revela que les mataran para devorarlos. En algunos lugares, en vez de enterrar a sus muertos se los comían en lo que podía ser una ceremonia ritual para apropiarse de su energía.

Lo que desde luego descartan los investigadores es que los neandertales fueran unos monstruos que arrancaran la cabeza de sus hijos nada más nacer. Desaparecieron hace 40.000 años tras habitar Europa durante 300.000 por causas que aún son un misterio, pero si se hubieran dedicado a desmembrar a sus recién nacidos vivos probablemente se habrían extinguido mucho antes.