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Diez insólitos experimentos que nos hacen dudar (un poco) de la ciencia

Un libro repasa estudios científicos tan inauditos como el motivo de la permanencia de los pechos femeninos, la fiabilidad de un testigo ebrio o si incita al suicidio la música country

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Pierre Barthélémy es el autor de «Passeur de sciences», el blog científico más popular en Francia. Hace cuatro años publicó «Crónicas de ciencia improbable» (Blackie books), un libro divertidísimo que reunía un buen número de investigaciones descabelladas convertidas en una caricatura para la ciencia a pesar de sus loables objetivos. Ahora, el periodista publica con la misma editorial una secuela igualmente hilarante. «Experimentos de ciencia improbable» recopila ensayos, pruebas e investigaciones reales que parecen sacadas de un chiste. Entre ellas, si a los hombres castos les crece menos la barba, si es fiable un testigo ebrio, si Playboy puede ser una herramienta científica, si nadamos más rápido en agua o en moco o si la música country incita al suicidio. Estos son algunos de los estudios más llamativos, pero advertimos de que hacer la selección ha sido difícil porque no hay página del tomo que no lleve a la risa... o a la estupefacción.

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  1. ¿Por qué los pechos femeninos son permanentes?

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    Entre los primates, la hembra de Homo sapiens es la única cuyo órgano de lactancia presenta un aspecto voluminoso al margen de embarazos y crianzas. ¿Por qué? La hipótesis más manejada lo explica como una señal de madurez sexual. El zoólogo británico Desmond Morris se atrevió a aventurar que fue el cambio hacia una postura frontal de apareamiento lo que favoreció esas redondeces de la anatomía femenina. Pero el experimento que publicó en 2013 la revista PLOS ONE para dar respuesta a esta pregunta es, cuando menos, curioso. Su hipótesis era que una mujer con pecho prominente demostraría tener reservas de grasa y acceso a los alimentos. Para demostrarlo, seleccionaron a tres grupos de hombres en Malasia: uno formado por ejecutivos de la ciudad; el segundo, por agricultores de un pueblo; y el tercero, por aldeanos de localidades pobres. A todos se les presentaron cinco versiones de un personaje femenino con diferentes tallas de sujetador. Y resultó que a más pobreza más gustan los escotes generosos. Para evitar posibles influencias culturales, los investigadores repitieron su experimento en un comedor universitario británico. La idea era medir si el hambre influía en los gustos masculinos. Y parece que sí, porque los varones con el estómago vacío se decantaban claramente por las grandes delanteras frente a los que ya habían rebañado el plato.

  2. ¿Es fiable un testigo que ha bebido vodka con naranja?

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    Un equipo sueco de la Universidad de Gotemburgo se entregó a la encomiable labor de aclarar si el alcohol puede provocar fallos en la memoria de los testigos oculares de un delito. Para ello seleccionaron a 123 personas que repartieron en tres grupos. El primero se mantuvo sobrio. El segundo grupo llegó a 0,4 gramos de alcohol por litro de sangre y el tercero a 0,7, gracias a un cóctel de vodka con naranja. Después de beber, los alegres (algunos más que otros) voluntarios vieron un vídeo en el que se les mostraba cómo dos hombres secuestraban a una mujer en una parada del autobús. Una semana más tarde, los voluntarios fueron convocados para ver si eran capaces de reconocer al criminal entre una serie de fotografías. Pese a lo que cabría imaginar, no hubo grandes diferencias entre los tres grupos. Es más, ¡los mejores fisonomistas fueron los más alcoholizados! Los investigadores creen que sus cobayas no bebieron lo suficiente para sufrir amnesia o miopía alcohólica. Desde luego, al secuestrador no le vieron doble.

  3. ¿Se nada más rápido en agua o en moco? (Puaj)

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    Sí, el experimento se hizo. No con moco, aunque el investigador principal aseguraba entonces que se parecía, sino con goma guar, un polímero natural que se extrae de una leguminosa y actúa como espesante en helados, champús y otros productos. Los científicos de la Universidad de Minnesota llenaron una piscina de 25 metros con 310 kilos del mejunje mezclado con agua. El resultado era una mixtura verdosa de viscosidad dos veces superior a la del agua pero de la misma densidad. Diez nadadores de competición y seis aficionados se lanzaron a esta sustancia para nadar en diferentes estilos. Y avanzaron a la misma velocidad.

  4. Así funciona el estómago de un ogro

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    En 2007, un tal Patrick Bertoletti se zampó, en cinco minutos, 47 donuts rellenos de crema. En 2012, Joey Chestnut hizo lo propio con 266 gyozas. Si alguna vez se ha preguntado cómo esa gente que participa en concursos de engullir hamburguesas, tortillas, chuletones o lo que sea, puede soportarlo... aquí tiene la respuesta. Un equipo de radiólogos y gastroenterólogos estadounidenses invitó a Tim Janus, uno de esos pantagrueles, y a otro hombre con buen saque a comerse la mayor cantidad posible de perritos calientes en doce minutos al tiempo que tomaban radiografías de sus estómagos a intervalos regulares. Mientras el sujeto de control dijo basta a los siete bollos y su estómago conservaba más o menos su tamaño inicial, el del comilón profesional se infló como un globo hasta cuadruplicar su volumen a los diez minutos de prueba, cuando había devorado 36 perritos. Los científicos interrumpieron el experimento por temor a que se lo perforara. Como puede verse, el truco está en la flexibilidad del estómago.

  5. ¿Incita al suicidio la música country?

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    Sería fácil decir que sí directamente pero vamos a ceñirnos a un estudio publicado en 1992 en la revista «Social Forces». De la misma manera que algunos epidemiólogos calculan el grado de exposición al amianto o al plomo, los autores se fijaron en 49 aglomeraciones urbanas de EE.UU. de las que disponían sus datos musicales (la proporción de estilos de música emitida por las radios locales) y contrastaron esos datos con los índices de suicidio. Encontraron una correlación muy clara entre el número de títulos de country y el de personas que se quitan la vida. Los investigadores recuerdan que el country canta a la tristeza, al alcoholismo y al desamor, lo que puede influir en el estado de ánimo.

  6. ¿Crecen menos las barbas de un hombre casto?

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    La investigación apareció publicada en «Nature», una de las revistas científicas más prestigiosas, así que se la debieron de tomar muy en serio. Del autor, anónimo, solo se sabe que pasó largas temporadas aislado en una isla remota. En esa situación se dio cuenta de que la barba le creía más despacio. Todos los días, antes, durante y después de sus estancias en la isla, vaciaba cuidadosamente el cabezal de su maquinilla eléctrica y pesaba el contenido al miligramo. Durante el mismo período de tiempo, registraba sus actividades diarias, incluido deporte, comida, sueño y relaciones sexuales. Al relacionar todos los datos, concluyó que solo una cosa podía explicar por qué la barba le creía más despacio en la isla: la castidad. El crecimiento del vello facial se disparaba cuando regresaba al continente y reanudaba sus citas pero también en vísperas, «como si la previsión del inminente ñacañaca ejerciera influencia sobre sus folículos pilosos», señala Barthélény. Según este Robinson de la ciencia, la causa está en el aumento de la testosterona.

  7. ¿Morimos antes para evitar impuestos?

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    Tremendo este estudio llevado a cabo por investigadores de las universidades de Columbia británica y Michigan. Examinaron los trece cambios de fiscalidad sobre los impuestos de sucesiones que se produjeron en EE.UU. entre 1917 y 1984 para ver si modificaban la distribución temporal de los fallecimientos. Es decir, ¿hay más muertes antes de que los impuestos aumenten o, en caso de bajada, después para que los herederos paguen menos? La respuesta fue... ¡que sí! Pero esta «elasticidad de la muerte» revela principalmente el hecho de que los herederos cambiaban las fechas del deceso a su favor.

  8. El cirujano que se operó a sí mismo

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    Esto es un «Do it yourself» llevado al extremo. En 1921, Evan O'Neill Kane, médico estadounidense de 60 años, sufrió una crisis de apendicitis y, ya en la mesa de operaciones, decidió intervenirse a sí mismo. Se sentó para ver lo que hacía, se inyectó anestesia local en el abdomen y se hizo el apaño. La cosa solo se puso seria cuando al querer erguirse se le salió una pequeña parte del intestino. Un auxiliar devolvió las entrañas a su sitio. El doctor quería demostrar que no hacía falta anestesia general para la operación, lo que podría salvar la vida de pacientes que no la soportan. Once años después, Kane sufrió una hernia. También se abrió el vientre a sí mismo con éxito, aunque quedó debilitado. Tres meses después fallecía por una neumonía.

  9. «Playboy», herramienta científica

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    A lo largo de sus seis décadas, además de un contenedor de fantasías masculinas la revista «Playboy» ha sido una herramienta de investigación. Dado que sus modelos aparecen con poca ropa o sin ella, las fotografías se han utilizado infinidad de veces para evaluar los criterios físicos que determinan el atractivo de las mujeres. Y los cambios en esos criterios. En 1993, el psicólogo Devendra Singh, de la Universidad de Texas, dedujo a partir de las imágenes de la revista que es la silueta con forma de reloj de arena (90-60-90) la más atractiva, al enviar señales positivas de buena salud y fecundidad. Pero en 2002, un estudio publicado en «British Medical Journal» puso en tela de juicio el resultado de Singh recurriendo a las mismas fuentes (los investigadores, pobrecitos, ojearon 577 revistas, la colección completa entre 1953 y diciembre de 2001). Su conclusión es que la única cifra estable es la del peso, pero como la población general ha crecido a lo largo de medio siglo, el índice de masa corporal de las modelos ha descendido, la diferencia entre cintura y caderas disminuido y de los relojes de arena pasamos a los tubos.

  10. ¿A qué hora mentimos más?

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    Los experimentos fueron publicados en 2013 en «Psychological Science». El grupo de voluntarios se dividía en dos secciones, una que iba por la mañana y otra por la tarde. En uno de ellos, la persona se encontraba sola delante de una pantalla por la que desfilaba una serie de cien cuadros divididos en dos por una línea diagonal. Había veinte puntos repartidos en cada cuadrado (que solo aparecía durante un segundo) y los participantes tenían que pulsar un botón para señalar qué parte contenía más puntos. El participante ganaba cinco centavos al señalar el lado derecho, pero diez veces menos al marcar el izquierdo. Como el dinero ya estaba ganado aunque la respuesta fuera incorrecta, los participantes podían equivocarse adrede para aumentar sus ganancias. Los voluntarios vespertinos mintieron sistemáticamente más que los mañaneros. Y entre los que se declaraban más honestos la diferencia entre mañana y tarde era mayor. La ética se venía abajo según pasaban las horas. Así que mejor hacer la declaración de la renta en el desayuno.