El fuego resultó un punto de inflexión en la evolución de los homínidos
El fuego resultó un punto de inflexión en la evolución de los homínidos - PNAS

¿Cómo consiguió el hombre controlar el fuego?

Nuestros pasados emplearon los hongos yesqueros para iniciar y mantener las brasas

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El análisis de los restos arqueológicos hace suponer que el Homo erectus conocía el fuego hace más de un millón y medio de años, aunque era capaz de manejarlo pero no sabía cómo generarlo. Un grupo de científicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel), a través del estudio de restos fósiles hallados en la cuenca del río Jordán, ha podido estimar que no fue hasta hace unos 790.000 años cuando consiguieron el control continuado del uso del mismo.

El fuego puede ser considerado el primer gran invento de la humanidad, y su dominio representa un punto de inflexión en la evolución de los homínidos, ya que supuso una verdadera revolución demográfica al cambiar la forma de protegerse del frío, de alimentarse, de comunicarse…

Nuestros antepasados obtenían el fuego, básicamente, mediante dos sistemas: bien por fricción, frotando una madera con forma de varilla -de aproximadamente un centímetro de diámetro- con otra aplanada y agujereada; o bien, por percusión, al golpear con pericia dos piedras hasta que saltase una chispa.

Los hongos yesqueros: las cerillas de la Prehistoria

Hay que tener presente que el fuego es una reacción química exotérmica en la que se produce la oxidación rápida de un combustible en presencia de un carburante (oxígeno). Para que la combustión se produzca es necesario que exista cierta cantidad de energía.

En el proceso de percusión los hombres prehistóricos golpeaban minerales ricos en sulfuro férrico -pirita o marcasita- contra el sílex, de forma que la fricción violenta, unida al arrancamiento de pequeños fragmentos de hierro aportara calor (detonante).

Las chispas que se desprendían a través de este proceso se aprovechaban para prender hongos yesqueros (Fomes fomentarius), uno de los grandes olvidados del mundo fungi. Se trata de especies no comestibles de estructura leñosa, altamente inflamable, lo cual les hace candidatos ideales para iniciar o mantener el fuego.

Los yacimientos arqueológicos de hongos son escasos y su ubicación se restringe geográficamente en el norte y centro europeo, además el uso de los mismos es muy difícil de demostrar.

El poblado neolítico de la Draga (Gerona) es la excepción que confirma la regla. Los arqueólogos han podido confirmar que allí se empleaban los hongos como yesca para encender el fuego hace 7.300 años. Este yacimiento prehistórico es uno de los primeros lugares donde las sociedades neolíticas se establecieron en el noreste de nuestra península.

Los hongos yesqueros son de colores variados, con tonos que oscilan entre el gris y el marrón, que tienen una característica forma de pezuña de caballo, y crecen sobre troncos vivos o en descomposición a lo largo de todo el año. Desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de los ecosistemas, ya que se alimentan de materia orgánica muerta y la degradan en elementos que nutren el suelo.

El mechero y el botiquín de Ötzi

Otro ejemplo, pero cronológicamente más reciente, es el de Ötzi, el hombre de hielo, la momia natural más antigua de nuestro continente y que actualmente se puede contemplar en el museo de Bolzano (Italia).

Entre los enseres que portaba, llevaba un hongo yesquero que pudo haber empleado para hacer fuego. Además, transportaba dos trozos de un hongo conocido científicamente como Piptoporus betulinus -el hongo del abedul- ensartados en tiras de cuero. Durante siglos se ha empleado este hongo como remedio tradicional para combatir las enfermedades intestinales, debido a que tiene propiedades antibacterianas.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.