El árbol más solitario del mundo, en la isla de Campbell
El árbol más solitario del mundo, en la isla de Campbell - Pavla Fenwick

AntropocenoEl árbol más solitario del mundo tiene las señales de una nueva era

Situado en la isla de Campbell, en medio del Océano Pacífico, este abeto singular muestra las marcas de las pruebas nucleares de los años 50 y 60. Los investigadores creen que es una evidencia del comienzo del Antropoceno, la época geológica marcada por la acción humana

MadridActualizado:

Situado en Campbell (Nueva Zelanda), una remota isla en medio del Océano Pacífico, este singular abeto Sitka de 100 años de antigüedad es conocido como el árbol más solitario del mundo. No hay ningún otro a su alrededor. El más cercano se encuentra a más de 200 km de distancia en las islas Auckland. En ese estado de aislamiento, podría pensarse que nada le afecta, que las vicisitudes del resto del planeta le son ajenas en su paraíso natural, pero nada más lejos de la realidad. Según sugiere un equipo internacional de investigadores, este abeto tiene la señal de la llegada de una nueva era geológica, el Antropoceno, marcada por la acción humana.

«Cuando los humanos pisaron la Luna por primera vez en 1969, las personas de esa década pensaron que el mundo había cambiado para siempre. Poco sabían que el mundo ya había establecido la marca precisa de un cambio global mucho mayor cuatro años antes, lo que indica que nuestro planeta había entrado en una época geológica completamente nueva, un período de tiempo definido por las evidencias en las capas de roca, el Antropoceno», explican los científicos en un comunicado.

Esa nueva época comenzó entre octubre y diciembre de 1965, según publica el equipo en la revista «Scientific Reports». Los investigadores pudieron marcar este profundo cambio con tanta precisión debido a lo que en geología se conoce como un «clavo dorado» encontrado en el duramen, la parte central del tronco, del abeto solitario de Campbell. Se trata de un pico de carbono radiactivo creado por la culminación de las pruebas de la mayoría de las bombas termonucleares atmosféricas del Hemisferio Norte en los años cincuenta y sesenta. La señal se fijó en la madera del abeto mediante fotosíntesis. (Y la humanidad dio la Gran Aceleración).

«Un cambio preocupante»

«El impacto que las pruebas de armas nucleares ha tenido en la atmósfera terrestre proporciona una señal global que demuestra inequívocamente que los humanos se han convertido en el principal agente de cambio en el planeta. Este es un hallazgo importante pero preocupante», señala Cristopher Fogwill, jefe de la Escuela de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Keele y responsable del estudio. La señal de la bomba atómica global, capturada en los anillos anuales de esta especie invasora de árboles, representa una línea «después de la cual nuestras acciones colectivas han marcado una marca indeleble, que definirá esta nueva época geológica para las generaciones venideras», señala el investigador.

Los científicos llevan años debatiendo sobre la existencia una nueva época geológica llamada Antropoceno, que indica el punto en el que la influencia humana en el planeta cambió de forma significativa el mundo natural. Sin embargo, para que una nueva época se declare oficialmente, debe haber una señal «global» clara y precisa que pueda detectarse en los materiales de formación geológica del futuro. Para los autores del nuevo estudio, este pico de radiocarbono es esa señal.

«Estamos increíblemente emocionados por haber encontrar esta señal en el hemisferio sur en una isla remota, porque por primera vez tenemos una firma global bien definida para una nueva época que podría conservarse en el registro geológico. En miles de años a partir de ahora, este 'clavo dorado' debería seguir siendo un marcador detectable de la transformación de la Tierra por parte de la humanidad», explica Chris Turney, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, también autor principal del informe.

Una marca global

En el hemisferio norte, el pico de radiocarbono atmosférico se produjo en 1964, señal que se conserva en los árboles europeos. No fue hasta finales de 1965 que ese mismo pico alcanzó la atmósfera del hemisferio sur. Con eso, la señal se volvió global, precisa y detectable en el registro geológico, lo que significa que se ajustaba a los requisitos como un marcador para una nueva época.

El árbol, de la familia de las píceas, es en sí mismo una anomalía en el Océano Austral. Se encuentra naturalmente a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte, pero se le atribuye haber sido plantado en la isla Campbell por el gobernador de Nueva Zelanda en 1901. El clima oceánico ha tenido un efecto inusual en el abeto. Aunque ha crecido a 10 m de altura, nunca ha producido conos, lo que sugiere que se ha mantenido en un estado juvenil permanente.

Para Mark Maslin, del University College London, coautor del estudio, este árbol extraordinario, plantado lejos de su hábitat normal por los humanos, se ha convertido en un marcador de los cambios que hemos realizado en el planeta. A su juicio, evidencia de forma clara que «en esta nueva época ninguna parte de nuestro planeta permanece intacta a la acción humana».