Una obra del arttista Charis Tsevis que homenajea la figura de Steve Jobs, fundador de Appe
Una obra del arttista Charis Tsevis que homenajea la figura de Steve Jobs, fundador de Appe - ARCHIVO

En casa del tecnólogo, cuchillo de palo

Mentes brillantes que han ostentado importantes cargos en empresas del sector de la innovación e internet y gurús de Silicon Valley han abogado por poner límites al uso de dispositivos conectados

MADRIDActualizado:

Hoy en día se da una paradoja, coexisten dos generaciones separadas no solo en franjas de edad, sino también por el tiempo tecnológico al que han caído. Por un lado, aquellos que han llegado por las buenas (o por las malas) al mundo de los dispositivos móviles y, por otro, los que han nacido en un entorno donde internet domina nuestra vida casi al completo. En esta situación los patrones de conducta han cambiado. También en la cuestión más importante de los padres, educar a sus hijos. Las dudas que les asaltan en materia educativa doméstica son muy amplias. Es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, pero en aspectos tan aparentemente banales como decidir el tiempo de exposición sobre las pantallas y los dispositivos electrónicos no hay consenso que valga. La situación es delicada puesto que los niños de hoy en día acceden a los móviles fácilmente y con mayor frecuencia.

Un escenario que va a más. El número de niños españoles de entre 4 y 13 años de edad que se conectan a internet ha aumentado en un 6,8% en los últimos cinco años, según datos del Estudio General de Medios. Aunque existe cierta preocupación social, la gran mayoría de padres desconoce la existencia de filtros parentales y dejan expuestos, sin vigilancia, a menores. Esta situación ha introducido nuevas preocupaciones a la hora de plantearse la educación, y más teniendo en cuenta los nuevos hábitos que ha generado internet como la multitarea, que ha desembocado en una reducción de las capacidades de concentración y atención.

Una muestra inquietante en opinión de personas que, curiosamente, han enfocado sus negocios en el campo de las nuevas tecnologías y en encontrar la fórmula secreta para convertir a la sociedad en adicta a internet. En casa del herrero, cuchillo de palo. Esta es la máxima que pretende aplicar a su vida personal Tim Cook, consejero delegado de Apple, quien recientemente ha mostrado sus preocupaciones sobre el abuso de la tecnología entre los jóvenes. «No quiero que mi sobrino esté en redes sociales», sostuvo durante una visita a Harlow College en Essex (Reino Unido), una de las setenta instituciones europeas que aplicará un programa para impartir conocimientos de programación.

«No creo en el abuso de la tecnología. No soy una persona que dice que hemos logrado el éxito si los utilizas todo el tiempo»

Con el debate sobre la influencia negativa en la sociedad de las plataformas digitales al rojo vivo, empiezan a surgir voces autorizadas que animan, al menos, a hacer una reflexión acerca de los efectos perniciosos del abuso de las nuevas tecnológicas. Cook se posiciona a favor de inculcar conocimientos y aptitudes para sacar provecho de la innovación en lugar de utilizar por inercia dispositivos electrónicos. «No creo en el abuso de la tecnología. No soy una persona que dice que hemos logrado el éxito si los utilizas todo el tiempo», puntualiza. En su opinión, incluso en materias asistidas por equipos informáticos como el diseño «la tecnología no debe dominar».

Chamath Palihapitiya, antiguo presidente de Facebook, una de las empresas tecnológicas que han basado su negocio en crear necesidad y adicción entre las personas, lleva tiempo haciendo una campaña anti redes sociales. La premisa que defiende ahora es alertar de los riesgos de una sustitución de los periodos de interacción social en favor de las comunicaciones digitales. Un problema que se va repitiendo en edades cada vez más tempranas y que ha modificado las conductas adolescentes. Por esta razón, anima a los niños a salir a la calle y a realizar actividades de cualquier tipo («que se pelen las rodila, que se caigan, que jueguen», sugiere). Este gurú, que en la actualidad dirige un fondo de inversión en Palo Alto (California), desvela el método educativo que aplica a sus tres hijos: «Ni iPad ni iPhone ni ordenador. En casa no hay tiempo para pantallas. Quiero que estén con sus amigos. En ocasiones vemos películas», señalaba en una reciente entrevista para la cadena de televisión «CNBC».

«Ni iPad ni iPhone ni ordenador. En casa no hay tiempo para pantallas. Quiero que estén con sus amigos. En ocasiones vemos películas»

Algo debe rondarle por la cabeza a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y buen conocedor de los trucos para crear adicción a las redes sociales, cuando su cuenta personal la gestiona un equipo de 12 personas. Entre otros aspectos más contradictorios es que cualquier usuario puede bloquear a otro cuando guste, pero no a «Zuck». Pero tampoco los ejecutivos más importantes de la compañía tienen una presencia en esta red social como lo haría el común de los mortales. Según desvela «The Guardian», nadie puede agregarlos como amigos, rara vez publican contenido y, para colmo, mantienen en privado cierta información que la plataforma sugiere que se haga pública de manera predeterminada como la cantidad de amigos que tienen.

Gestores de redes sociales pero, a su vez, ajenos al medio. De los directivos de Twitter, la mayor red de «microblog», se le ha cuestionado en muchas ocasiones que casi ninguno «tuitea». Es decir, aquellos que tienen que convencer a millones de personas a utilizar su plataforma no son «tuiteros». Únicamente cuatro de los principales ejecutivos publican más de una vez al día. Una excepción que rompe el cofundador Jack Dorsey, que ha compartido unos 23 mil mensajes desde que iniciara sus andadas en 2006 como el primer «tuitero», pero se trata de una cifra muy inferior de la media de usuarios que han estado unos diez años. Lo paradójico es que, también, no suele responder y evita meterse en berenjenales dialécticos, la salsa de la plataforma.

«Amo todavía la tecnología informática, pero si queremos mejorar nuestras vidas debemos ocuparnos de cuestiones más elementales, como la supervivencia de los niños y los recursos alimenticios»

A los 20 años ya era multimillonario gracias a expandir el uso de su software por todo el planeta. Desde entonces, pocas veces se ha descolgado de la lista de personas más ricas del mundo. Pero, al contrario de lo que se podría presuponer, algunos de los mayores expertos en tecnología han defendido su uso razonable. Otro de ellos ha sido Bill Gates, cofundador de Microsoft, padre de tres hijos, aseguraba en 2014 que «Internet no salvará al mundo» y nunca ha ocultado sus postura crítica de «llevar internet a todos como prioridad». Desde que abandonara el cargo hace diez años se ha dedicado a la filantropía. Su mensaje: «amo todavía la tecnología informática, pero si queremos mejorar nuestras vidas debemos ocuparnos de cuestiones más elementales, como la supervivencia de los niños y los recursos alimenticios».

Es más, ha reconocido en múltiples ocasiones que no dejó a sus hijos que fueran propietarios de un teléfono móvil hasta que cumplieran los 14 años de edad, si quiera utilizar la consola Xbox, de la que la empresa es propietaria. Tampoco les permitía utilizarlos en las comidas y cenas. Impuso límites de horarios, una decision que psicólogos expertos en adicciones digitales han recalcado como una labor importante en la educación de los hijos. En su lugar, ha defendido la idea de inculcar procedimientos de enseñanza personalizados e inculcar aptitudes ante los cambios tecnológicos.

Otro de los líderes tecnológicos más conocidos en el sector, Pierre Laurent, exgerente de marketing de empresas como Microsoft o Intel, adora la informática. Algo lógico por otra parte, puesto que pueden producir y hacer cosas útiles y facilitarnos la vida. Siempre que se usen correctamente, porque si se abusa de la tecnología se corre el riesgo de ser esclavo de ella. A sus dos hijas, en edades jóvenes, ha querido inculcarles un uso responsable. «Puede ofrecer una hora de pantalla por hora al día, pero los productos multimedia están diseñados para mantener la atención de las personas. No es que haya un intento de dañar a los niños, pero hay una intención de mantenerlos comprometidos», relataba en «The Guardian».

«Es importante que aprendan cómo controlar su comportamiento ellos mismos. Simplemente restringir el acceso hace que lo deseen más»

También el malogrado Steve Jobs, cofundador de Apple, quiso que ninguno de sus cuatro hijos utilizara algunos de los productos que había inventado. Es más, llegó a prohibir el uso del iPad, la tableta que la compañía presentó en 2010. «Limitamos la cantidad de tecnología que nuestros hijos utilizan en casa», llegó a decir en una entrevista con «The New York Times». Dentro de la propia empresa, el que fuera uno de sus hombres de confianza, Jonathan Ive, cuyos diseños industriales como el del iPad son tan simples que hasta los niños pequeños pueden utilizarlo con facilidad, dijo al «New Yorker» que había establecido límites muy estrictos a sus gemelos de 13 años para evitar exposiciones prolongadas sobre las pantallas.

En esa batalla no está solo. Otros talentos tecnológicos pretenden equilibrar la balanza entre uso y adicción en su vida personal. Anne Wojcicki es la directora de la compañía de genómica personal 23andMe, pero también es madre de dos hijos, uno de ellos de su expareja, el cofundador de Google Sergey Brin. Educar es su mayor desafío. «Es importante que aprendan cómo controlar su comportamiento ellos mismos. Simplemente restringir el acceso hace que lo deseen más. Sí, me preocupa a qué podrían estar expuestos en Internet, pero creo que es más importante enseñar a los niños a juzgar. No puedes protegerlos de todo, por lo que debes enseñarles a tomar buenas decisiones», apuntaba.