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El hombre que sobrevivió en el desierto con un bocadillo y dos cervezas

Pasó 48 horas alejado de la civilización sin otro sustento que el contenido de una nevera portátil

El hombre que sobrevivió en el desierto con un bocadillo y dos cervezas
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Pocos seres son capaces de adaptarse a tantos medios y condiciones de vida diferentes como los humanos. Podemos alimentarnos prácticamente de cualquier cosa, logramos sobreponernos tanto al frío extremo como a temperaturas abrasantes, nos las ingeniamos para defendernos de los animales salvajes... Sin embargo, una cosa es que nuestra especie tenga esa capacidad de adaptación y otra muy distinta que un individuo consiga habituarse rápidamente a un cambio de entorno brusco. A una prueba de ese tipo se ha visto sometido por sorpresa Mick Ohman.

El blog All That Is Interesting nos cuenta la curiosa anécdota protagonizada por este hombre residente en Arizona, de 55 años de edad. Nadie le recordará como un héroe, incluso habrá quien quite importancia a su caso, quizá insignificante si se compara con grandes proezas de supervivencia. Lo que ha provocado que su historia se haga viral es, simplemente, que podría haberle sucedido a cualquiera. Mick se dejó guiar por Google Maps para ir de Phoenix a Crown King y terminó perdido en mitad de un desierto, con el coche averiado, sin cobertura en el teléfono móvil y sin más provisiones que el contenido de su nevera portátil.

¿Qué llevaba en la nevera? Un bocadillo y un par de latas de cerveza. Suficiente para un picnic vespertino, pero escasa despensa cuando no se sabe cuánto tiempo pasará hasta que uno sea rescatado. Si además las temperaturas superan los 40º, es sencillo que el pánico haga acto de presencia en pocas horas. «Nunca en mi vida había pasado tanta sed. No podía ni siquiera tragar saliva», ha explicado Mick. Un par de veces se atrevió a desafiar al imponente sol para caminar en busca de agua, cobertura o ayuda, dejando notas en su automóvil por si alguien pasaba por allí. No tuvo éxito.

Su miedo fue creciendo a medida que pasaban las horas. Transcurrido un día completo sin indicios de rescate, Mick Ohman empezó a temer lo peor. Tanto que llegó a grabar un vídeo en su teléfono para despedirse de sus seres queridos. En la segunda jornada de su aventura, tras haber recurrido a beber su propia orina, encontró un pequeño manantial. "El agua más dulce que he probado en mi vida", confiesa el hombre, que bebió «hasta sentir náuseas». La hidratación le ayudó a recobrar cierto optimismo sobre su futuro.

Aún así, tuvo que esperar hasta las primeras horas del tercer día para que su salvador apareciese. Un motociclista que hacía 'cross' en el desierto le rescató, conduciéndole al pueblo más próximo. Ya sano y salvo, de vuelta en casa, Mick recomienda cautela a cualquiera que vaya a recorrer una ruta desconocida y potencialmente peligrosa. «En ocasiones cometemos errores; y a veces, un conjunto de pequeños errores forman la tormenta perfecta», apunta. No volverá a confiar ciegamente en las indicaciones de Google Maps y tampoco saldrá de viaje sin su mejor aliada, la nevera portátil. Eso sí, seguro que la próxima vez se lleva algo más que un bocadillo y un par de cervezas.

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