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Cientos de monjas entrenadas en Kung Fu pedalean por el Himalaya para combatir la trata de personas

La secta budista conocida como la «Orden Drukpa» es un ejemplo de compromiso entre la India y Nepal

Las monjas budistan recorrieron 4.000 kilómetros por el Himalaya
Las monjas budistan recorrieron 4.000 kilómetros por el Himalaya - Fotografías: Reuters
ABC.es / Reuters Madrid - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Visto de lejos, podría parecer una competición amateur por el Himalaya. O un grupo de excursionistas dando color al paisaje agreste de las montañas. Sin embargo, esta serpiente de piel roja la forman monjas budistas de la India, Nepal, Bután y el Tíbet. Monjas que tienen otra peculiaridad: saben Kung Fu y luchan contra el tráfico de personas.

Quinientas religiosas de la secta budista conocida como la Orden Drukpa completaron el sábado completan un recorrido en bicicleta de 4.000 kilómetros. Su peripecia les llevó desde el aeropuerto de Katmandú de Nepal hasta la ciudad norteña de Leh (India) para crear conciencia sobre la trata de personas.

Las monjas, en fila por el Himalaya
Las monjas, en fila por el Himalaya

«Cuando estábamos ayudando en Nepal después de los terremotos del año pasado, oímos cómo las hijas de algunas familias pobres eran vendidas porque sus padres no podían mantenerlas», ha explicado a Reuters Jigme Konchok Lhamo, monja de 22 años. «Queríamos hacer algo para cambiar esta tendencia por la cual las niñas son "menos" que los niños y por tanto está bien venderlas».

Con su esfuerzo sobre la bici, esta monja quiere demostrar que «tienen tanto poder y fuerza como los hombres».

El sudeste asiático cuenta con varias mujeres en puestos de responsabilidad pero, todavía hoy, muchas niñas son víctimas de la trata. No es una atrocidad nueva, como tampoco lo es montar en bicicleta para estas monjas, que están entrenadas en un arte marcial muy concreto: el Kung Fu.

Entrenadas en Kung Fu

Este es el cuarto viaje que realizan, pero en su rutina diaria también dan comida a los pobres, ayudan a los aldeanos y practican Kung Fu. Esta peculiaridad no ha sentado bien entre los defensores de la ortodoxia, pero no se plantean dejarlo. «Las monjas budistas con tratadas de manera muy diferente a los monjes. Cocinan y limpian, pero no se les permite hacer ejercicio. Su Santidad pensó que esto era absurdo y decidieron romper la tendencia», dijo Carrie Lee, presidente de Live to Love Internacional, una organización benéfica que trabaja con las monjas Drukpa.

En los últimos doce años, el número de monjas Drukpa ha crecido de 30 a 500, ha dicho Lee, gracias en parte al carácter progresista de sus miembros. Esa manera de ser, más próxima al siglo XXI que otras sectas, les ha hecho crecer en número e importancia.

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