Internacional

¿En qué se parece el gobierno local de los populistas españoles al de los talibanes en Kabul?

En Valencia, Barcelona y Madrid tienen el mismo afán compulsivo de destruir monumentos y establecer prohibiciones

Lugar donde se erguía una de las estatuas de Buda en Afganistán, destruida por los talibanes
Lugar donde se erguía una de las estatuas de Buda en Afganistán, destruida por los talibanes - ABC
FRANCISCO DE ANDRÉS - Actualizado: Guardado en:

La estatua de Colón de Barcelona no será derribada, pero será ilustrada de modo conveniente para que resalte su trasfondo «colonialista» y quede ensalzada la cultura indígena de los sacrificios humanos destruida por los conquistadores. Los antisistema de la CUP no han logrado plenamente su objetivo, aunque su presión se verá recompensada. Casi en paralelo, el concejal de Arquitectura de la Ciudad Condal ha considerado que la basílica de la Sagrada Familia de Gaudí, obra colosal del modernismo y otro de los símbolos de la urbe, es como «una mona de Pascua gigante«, frase que ha despertado lógica preocupación en la ciudadanía.

En Valencia, la presión de Podemos ha llevado a la prohibición de exhibir animales salvajes en los circos, por lo que ya no serán necesarias carpas tan grandes, con el consiguiente ahorro para los empresarios. No habrá maltrato de elefantes en Valencia como tampoco de toros en Barcelona, gracias a la sensibilidad de los ediles nacionalistas y populistas. El mismo instinto compulsivo para destruir y reconstruir la historia de que hace gala la alcaldesa de Madrid, en su batalla personal con el callejero.

Antes de la caída del régimen talibán en Kabul, a finales de 2001, los fundamentalistas abrieron el camino, con métodos claramente más expeditivos aunque ilustrados por el mismo furor pedagógico. Impusieron las prohibiciones literales de la Sharía, la ley islámica, en particular el uso obligatorio del burka a las mujeres. Los espectáculos mercantilistas occidentales fueron reemplazados por otros locales, como la ejecución pública de un asesino en un estadio ante 2.000 espectadores. Prohibieron el uso de chaquetas y pantalones vaqueros. Censuraron la música y la interpretación visual de cualquier forma humana o animal. Y dieron el toque final y maestro: destruir en 2001 con dinamita y obuses de tanque las dos grandes estatuas de Buda de Bamiyán, joyas de la Humanidad, que habían sobrevivido a todo género de invasiones durante 1.500 años.

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