Imagen fechada en 2011 de Miguel I de Rumanía, que murió con 96 años
Imagen fechada en 2011 de Miguel I de Rumanía, que murió con 96 años - Efe

Muere el exmonarca Miguel I de Rumanía a los 96 años

Fue obligado a abdicar en 1947 por los comunistas que llegaron al poder tras la Segunda Guerra Mundial

Primo hermano de la Reina Sofía, designó en 2007 a su primogénita, la princesa Margarita, como sucesora

BERLÍNActualizado:

El destino de Miguel I se cruzó con el trono de Rumanía en dos ocasiones a lo largo de su vida y en una trayectoria de zig zag, caminos de ida y vuelta en los que el príncipe Hohenzollern se vio arrastrado por tempestades de carácter familiar y por las peores tormentas de la historia del siglo XX de Europa. A la muerte de su abuelo, el 27 de julio de 1927 y con tan solo 6 años de edad, fue proclamado rey como consecuencia del comportamiento de su padre. Carlos de Rumanía, casado con Elena de Grecia, había huido a Francia con su amante, Elena Magdalena Lupescu, y fue obligado a renunciar al trono y cederlo a su hijo, aunque al frente del país quedaba un consejo de regencia nombrado personalmente y fijado en su testamento por su abuelo Fernando I.

Su primer periodo de reinado no fue en absoluto convulso, dado que el país disfrutaba de un saludable crecimiento económico gracias a las exportaciones de petróleo y la modernización de los medios de producción. Los dolorosos acontecimientos familiares que le habían llevado hasta el trono, sin embargo, hicieron mella en el corazón de un niño sensible y cuyos afectos quedaron rasgados.

La crisis de 1929 vino a poner fin a aquel tiempo próspero para Rumanía y el descontento removió movimientos opositores que llamaron de nuevo a Carlos a volver a ocupar el trono, de modo que Miguel fue devuelto al puesto de príncipe heredero y se concentró en su educación, mientras que su padre, de nuevo al mando, posibilitó que Rumanía cayese en el área de influencia germano-italiana y fuese tratada como un país títere. Una cláusula secreta del pacto germano-soviético Ribbentrop-Molotov establecía que Rumanía perdía Besarabia y Bucovina, en medio de graves tensiones sociales internas. Su padre volvió a abdicar y a huir, de manera que, con 19 años, Miguel volvió a estar en el trono de un país más debilitado que nunca y en medio de una Europa entregada a la II Guerra Mundial.

El gobierno rumano dirigido por el general Ion Antonescu se puso abiertamente de parte de Hitler y con el apoyo alemán declaró la guerra a Moscú e invadió las regiones perdidas años antes, una aventura bélica que tardó poco en revelar un precio cruel en vidas humanas y en la que Miguel tardó en descubrir que su país estaba en el bando equivocado. En 1942, el rey de 21 años exigió al ministro de Exteriores Mihai Antonescu que iniciase contactos con Reino Unido y con Estados Unidos, con la intención de entablar negociaciones que pudiesen llevar a un acuerdo de armisticio con los Aliados. El 23 de agosto de 1944, ante la desobediencia, ordenó detener al gobierno Antonescu en pleno y formó un nuevo gabinete que ese mismo día solicitó el armisticio. El 24 de agosto, Miguel I retiró a Rumanía del Pacto Tripartito, con la esperanza de retirarla así de la II Guerra Mundial. Pero era ya demasiado tarde para sueños pacifistas y, después de un cruel bombardeo alemán sobre Bucarest, se vio obligado a declarar la guerra al Eje el 25 de agosto.

Terminada la guerra y con Rumanía ocupada por las tropas soviéticas, intentó sostener un gobierno de coalición formado por hombres de Moscú y representantes de partidos rumanos, pero la situación se hizo insostenible y, ante la negativa de Reino Unido y de Estados Unidos, a los que seguía pidiendo ayuda para evitar que su país cayese definitivamente bajo el poder soviético, la asamblea general le obligó a abdicar. Le retiró la nacionalidad y le envió al exilio, donde trató de llevar una vida digna de su corona y desde donde siguió, en la medida de sus posibilidades, defendiendo los derechos de su familia.

Se casó en 1948 con Ana de Borbón-Parma, que le dio cinco hijas. Nunca buscó la popularidad que rodea a su prima, la reina Isabel de Inglaterra, ni pretendió reinar en las revistas del corazón, como sus parientes en Mónaco. Ocupó con discreción y sentido de la historia el puesto de decano de la realeza mundial debido a su edad, y único jefe de Estado que vivió en primera persona la II Guerra Mundial en Europa. Su exilio de 50 años le llevó a vivir primero en Londres, después en Suiza. A pesar de la densa propaganda comunista que lo describía como un abyecto traidor al pueblo rumano, su comportamiento en el exilio fue ganando seguidores y en 1997, tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la URRS, le fueron devueltas las propiedades de la familia real y el país entabló con él una relación de reconocimiento y prestigio, hasta el punto de que en sus últimos años obtenía en las encuestas más popularidad que la mayoría de los políticos del país. Según los últimos sondeos, el 45% de los rumanos estaba satisfechos con la labor de la Casa Real y solamente el 9% tiene una mala opinión de su papel.

«La Corona no es un símbolo del pasado, sino una represenación única de nuestra independencia, de nuestra soberanía y de nuestra unidad», dijo en 2011 durante un discurso ante el pleno del parlamento rumano, defendiendo hasta el último día la vigencia de la monarquía parlamentaria pero negándose a alimentar movimientos que durante años han pedido un referéndum para abolir la república.