Internacional

Merkel no quiere dar ventajas a los refugiados cristianos, y se equivoca

La canciller alemana critica a Hungría y a Polonia por querer dar preferencia a los emigrantes no musulmanes

La canciller Merkel con el primer ministro de Malasia, ayer en Berlín
La canciller Merkel con el primer ministro de Malasia, ayer en Berlín - EFE
FRANCISCO DE ANDRÉS - Actualizado: Guardado en:

Flanqueada por el primer ministro de Malasia, país que tiene el islam como religión oficial, la canciller alemana afirmó ayer en Berlín que no hará distinción entre musulmanes y cristianos a la hora de conceder el estatus de refugiado a los centenares de miles de sin papeles que han entrado en el país desde el año pasado, alrededor de un millón solo en el 2015. Angela Merkel advirtió que «nuestro sistema de valores reconoce la libertad religiosa y eso significa que no diferenciamos entre personas de creencias cristianas o musulmanas», por lo que no sería justo ofrecer a unos protección y a otros no.

La canciller se refirió, sin mencionarlos, a los gobiernos de Polonia y de Hungría, que llevan tiempo rechazando la política de cuotas que exige Berlín y alertando del peligro de admitir a refugiados mahometanos. Las autoridades de esos dos países de la Unión advierten no solo del riesgo terrorista sino ante todo del peligro de que los inmigrantes se enquisten, y acaben formando guetos en sociedades cristianas tradicionales.

Angela Merkel afronta también las críticas dentro de su coalición de gobierno, en particular por parte de sus socios bávaros. El avance de la extrema derecha anti-inmigración guarda, según los análisis, una relación directa con la actitud magnánima de Merkel hacia los refugiados, desde que comenzaron las grandes oleadas procedentes de Siria a comienzos del año pasado.

La canciller ha construido en torno a su política de apertura hacia la inmigración ilegal un muro de argumentos éticos, que tiene puntos débiles cuando invoca la «libertad religiosa». En primer lugar porque es evidente que no todos los que han entrado en Alemania o en Europa pueden aspirar al estatus de refugiado: las autoridades deben discernir caso por caso, y averiguar si sufren persecución en sus países de origen. La minoría árabe cristiana de Siria y de Irak -víctima de un brutal acoso por su religión, aumentado con la guerra civil- es una clara candidata a ese estatus bajo cualquier punto de vista. Merkel se equivoca, quizá por exceso de ingenuidad, cuando afirma que la minoría cristiana no merece más protección que la mayoría musulmana.

Otro de los criterios que todos los gobiernos exigen -y están en su derecho- a los aspirantes a refugiado es la determinación de integrarse en el país de acogida, tanto en materia de idioma como de cultura. Es evidente que los sirios e iraquíes cristianos que han llegado estos últimos meses a Europa están en muchas mejores condiciones de incorporarse al tejido social y cultural del Viejo Continente que sus compatriotas musulmanes. Comprender y valorar esa realidad no es discriminar sino actuar con criterio.

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