Internacional

El islamismo moderado amplía su mayoría en Marruecos

Reformas económicas, lealtad al Rey y ausencia de corrupción, claves del éxito de Benkirán

Abdelilah Benkirane, secretario general del PJD
Abdelilah Benkirane, secretario general del PJD - REUTERS
MANUEL TRILLO Enviado Especial A Rabat - Actualizado: Guardado en:

La fórmula de islamismo moderado del popular Abdelilah Benkirán está echando raíces en Marruecos. Lejos de ser una moda pasajera fruto de la «Primavera árabe» de 2011, el Partido Justicia y Desarrollo (PJD) no solo ha revalidado la victoria que alcanzó en las elecciones legislativas de aquel año, sino que ha ampliado su mayoría en los comicios del pasado viernes, consolidándose como la fuerza política de referencia en el abirragado panorama del país magrebí.

De acuerdo con los datos definitivos dados a conocer ayer, el PJD de Benkirán se ha alzado con 125 de los 395 escaños de la Cámara de Representantes, frente a los 107 de hace cinco años. Su principal rival en estas elecciones, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), se ha quedado con 102, un éxito relativo para esta formación laica fundada por un estrecho amigo del Rey Mohamed VI, ya que en las anteriores elecciones sacó 47.

El éxito del PJD no parece estar tanto en su religiosidad como en sus medidas económicas para cuadrar las cuentas públicas y ayudar a colectivos como estudiantes y viudas, así como en una conducta libre de corrupción, aunque también ha adoptado decisiones dolorosas, como el retraso en la edad de la jubiación y la retirada delos subsidios a los carburantes. Benkirán rechaza la etiqueta de islamista para su partido y lo vende más bien como una organización con raíces islámicas. La receta parece adaptarse como un guante a una sociedad en la que conviven mujeres tapadas de cabeza a los pies con niqab con las que solo se cubren la cabeza con velo y las jóvenes que visten tejanos y camiseta, fuman y les gusta salir de fiesta.

Además, Benkirán no cuestiona la figura del Rey, omnipresente en la vida de los marroquíes con enormes retratos tanto en edificios públicos como privados. «El PJD ha demostrado hoy que ser digno de confianza y fiel a las instituciones, en particular la monarquía, es la fórmula ganadora», dijo el líder islamista tras su triunfo.

No obstante, en las últimas semanas se han crispado las relaciones entre este partido y el ministro del Interior, Mohamed Hasad, nombrado por el Rey y responsable de la organización de las elecciones. La tensión estalló en la propia jornada electoral, cuando el PJD denunció intentos de fraude en favor de sus rivales por parte de «agentes de la autoridad». El ministro respondió con un rapapolvo a los islamistas por dudar de lavoluntad de «todos los componentes del Estado, empezando por el Rey, para hacer del ejercicio democrático una realidad arraigada y una opción estratégica irrevocable». Benkirán finalmente se ha achantado y ayer prometió no volver a agitar este tipo de asuntos.

Además, una delegación de observadores del Consejo de Europa salió ayer en defensa de la profesionalidad de Hasad y la madurez del sistema electoral marroquí, si bien advirtió de que deben investigarse supuestas irregularidades como la que se denunció en un vídeo que mostraba a un presidente de mesa metiendo papeletas a escondidas en una urna.

El crecimiento del PJD y el PAM apuntala el bipartidismo en Marruecos, aunque ninguno de los dos tenga mayoría absoluta y sea necesaria una alianza entre varios partidos. Según la Constitución actual, el Rey debe encargar la formación de gobierno al partido ganador, en este caso el PJD. El PAM ya ha advertido que con él no cuente, pero los islamistas, ahora más fuertes, tienen donde buscar socios.

Perdedores de la noche

Uno podría ser el histórico Istiqlal, que ha quedado tercero y es uno de los perdedores de la noche electoral. Este partido nacionalista se quedó con 46 escaños, frente a los 60 que tenía y muy alejado de las cotas de poder de otros tiempos. En la pasada legislatura ya pactó con los islamistas, pero en 2013 se descolgó de la alianza de gobierno.

En el capítulo de decepciones también figura la Federación Izquierda Democrática, que solo pudo hacerse con dos asientos, a pesar de las simpatías que despertó su líder, Nabila Munib, que parecía llamada a atraer a los desencantados con los grandes partidos y quienes quieren que el rey reine sin inmiscuirse en el gobierno.

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