Vídeo: Altercados entre manifestantes anti-Trump y policía - ABC

Poco público y muchas protestas en la toma de posesión de Trump

217 detenidos y seis policías heridos durante los incidentes entre seguidores y detractores

Corresponsal en NUEVA YORKActualizado:

«So help me god». «Que Dios me ayude». Donald Trump cierra así su juramento como presidente y la muchedumbre en el Mall, la explanada que articula la capital de EE.UU., reacciona con una ovación leve, salpicada con gritos de protesta. Durante su juramento, casi todo el mundo ha estado en silencio, unos tocados con la gorra roja trumpista de «Hacer América Grande otra Vez», otros armados con pancartas que le acusan de racista, misógino o fascista.

Las protestas, que se han saladado con 217 detenciones y que han estado repartidas por toda la ciudad, y los manifestantes, incrustados, a lo largo de todo el Mall, convirtieron la investidura en poco ilusionante. «Tienen que superarlo», protesta Josh, que ha venido con dos amigos desde Tennessee, sobre los manifestantes. «Trump defiende las mismas cosas que los estadounidenses decimos en privado», dice sobre el éxito de su nuevo presidente. «Como presidente, quiero que sea fiel a sí mismo, sea bueno, malo o feo. Y que se ponga duro con la inmigración».

El escenario tampoco ayuda en los fastos presidenciales. Es un día plomizo, de luz apagada. El Mall, que conecta el Capitolio con el Memorial de Lincoln, está cuarteado por vallas y barreras policiales, con los árboles pelados y el césped amarillento por el invierno. Comparado con otras ocasiones -como la investidura de Obama en 2009- el aspecto es desangelado. Hay lagunas enormes en las zonas designadas por la policía. Trump, que presumía de mítines multitudinarios durante la campaña, no ha conseguido contagiar esa ilusión en el momento más histórico de su vida.

«Aunque él no te caiga bien, hay que apoyarle. Si no, nuestro país va a ir todavía a peor, y no nos lo podemos permitir», dice Greg, protegido por un jersey con capucha grueso y con los colores de la bandera de EE.UU. Viene desde Pensilvania, uno de esos estados del cinturón industrial de EE.UU. que todo el mundo creía que caería del lado demócrata, y que Trump conquistó con un discurso que caló en la clase media blanca. «Hay que mejorar la economía. Tengo gente alrededor que ha perdido sus casas, sus trabajos, es una vergüenza».

De vez en cuando, saltan discusiones entre diferentes grupos. «¿Construir el muro con México es racista?», pregunta un seguidor de Trump a una manifestante que lleva la acusación pintada en un cartel. «¡Es necesario controlar las fronteras», se responde a sí mismo. «Ha estereotipado a los mexicanos con sus acusaciones de ser criminales y violadores», reprende otra chica. «Esto es EE.UU., la libertad de expresión», celebra después Cynthia, que ha venido desde una «zona cero» de la inmigración, El Paso (Texas). «México ya ha empezado a pagar el muro con la extradición de “El Chapo”».

Disturbios

No todo es civismo. Unas horas antes, un grupo de jóvenes se reúnen en Logan Circle a quince minutos a pie del Mall. No hay policía alrededor, pero algunos ya llevan puestos pasamontañas y pañuelos para taparse la cara. Antes de que Trump empiece a hablar, inician una marcha en la que tiran piedras a limusinas y rompen cristales de negocios como Starbucks y Bank of America. Se describen como «antifascistas y anticapitalistas». La policía responde con porras y con gas pimienta. En otro punto de la ciudad, otro grupo trata de entorpecer el desfile presidencial bloqueando calles.

Cerca del Mall, un veterano del Ejército vende flores y banderitas de EE.UU. a un dólar y protesta cuando alguien le agradece sus servicios. «¡Menos agradecer y más comprar banderas!», les grita. Aunque trata de sacar algún dinero con ella, la investidura le cabrea, reconoce. «Odio a Trump. Yo fui al frente y él a la universidad».