Obama expulsa a 35 espías rusos por los ciberataques en las elecciones

El Gobierno de EE.UU. ha decretado la imposición de sanciones económicas contra Rusia por los ataques cibernéticos que atribuye a ese país durante la pasada campaña

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Nadie hubiera pensado nunca que el adiós de Barack Obama de la Casa Blanca iba a estar tan rodeado de tensión nacional e internacional. La ofensiva diplomática contra Israel para que frene los asentamientos, primero, y las sanciones aprobadas ayer contra el Gobierno ruso por los ciberataques durante la elección, han convertido el traspaso de poderes a Donald Trump en un campo de minas. Como si de señalar políticamente al presidente entrante se tratara, Obama muestra su cara más contundente en las últimas semanas de su mandato. Está por ver el recorrido de las represalias contra Vladímir Putin, pero la orden ejecutiva del presidente saliente supone el mayor castigo diplomático de Estados Unidos a un Gobierno en respuesta a un ciberataque: 35 funcionarios expulsados, sanciones para nueve entidades o personas de la inteligencia civil y militar de Rusia que operan en suelo norteamericano y cierre de dos oficinas que utilizaba el país del Este europeo. Además, Obama logra que los republicanos en el Congreso se desmarquen de Trump al respaldar la decisión del todavía presidente.

Las «actividades agresivas» que Obama atribuye al Gobierno de Putin recibieron finalmente su respuesta, en forma de una orden ejecutiva, que también autoriza el empleo de los ataques informáticos contra Rusia, en el que se considera el momento más delicado en la relación entre ambos países desde la Guerra Fría.

Las medidas de la Administración Obama entran en vigor casi cincuenta días después de que Donald Trump derrotara a Hillary Clinton en la elección presidencial, y tres semanas más tarde de que los servicios de inteligencia estadounidenses, el FBI y la CIA, asumieran como propia la convicción de que el Gobierno ruso estaba detrás de diversos ataques informáticos llevados a cabo durante la campaña electoral, entre ellos el robo de documentos y correos electrónicos de los servidores del Partido Demócrata. Los servicios secretos han aportado pruebas también de que la ofensiva tuvo como objetivo perjudicar a Clinton para que perdiera la elección. Unas acciones que, para Obama «deberían alarmar a todos los americanos», según el comunicado difundido ayer por la Casa Blanca.

La represalia de la Administración Obama supone que los 35 funcionarios de inteligencia rusos, que se encuentran en Nueva York y San Francisco, tienen 72 horas para abandonar el país. Además, el presidente saliente advierte a Putin de que las medidas incluidas en su orden ejecutiva «no son todas» las que piensa adoptar como respuesta a los ciberataques rusos, y se remite a «una variedad de futuras acciones» que no concreta y que «no serán anunciadas», precisa en la nota oficial.

A falta de tres semanas para la toma de posesión de Donald Trump, su respuesta previa al conocimiento de las sanciones concretas había sido lacónica: «Deberíamos seguir con nuestras vidas». Así había despachado el presidente electo de Estados Unidos la pregunta de un periodista, la noche anterior, durante su comparecencia de prensa en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida. Trump trataba de correr un velo sobre uno de los numerosos escándalos que rodearon la pasada campaña electoral, con otras frases tan poco concretas como éstas: «En lo que estoy centrado ahora es gobernar este país» o «Lo cierto es que los ordenadores han complicado nuestras vidas, con necesarias nuevas medidas de seguridad, pero no sé exactamente qué tipo de medidas». El futuro presidente de Estados Unidos ni siquiera abandonó la inconcreción cuando se le inquirió por el apoyo de representantes republicanos a las medidas de Obama, como el del senador Lindsay Graham. Trump se limitó a decir que «él hizo campaña contra mí».

Sin embargo, el apoyo expreso al castigo contra Rusia del líder republicano en el Congreso, el speaker Paul Ryan, deja en mal lugar a Trump, que deberá pronunciarse en cuanto tome posesión sobre si anula o no la orden ejecutiva de Obama contra su presunto amigo, Vladímir Putin.