Un submarino, atracado en la base naval de Mar del Plata
Un submarino, atracado en la base naval de Mar del Plata - Afp

Los ruidos detectados no vienen del submarino argentino perdido

La nave sufrió un cortocircuito en una de sus baterías el día de su desaparición

Corresponsal en Buenos AiresActualizado:

Sin rastro del submarino argentino perdido. Media docena de países buscan por mar y aire la nave desaparecida desde el miércoles pasado en aguas del Atlántico Sur. Las expectativas creadas tras la detección de al menos siete señales de telefonía satelital atribuidas al ARA San Juan se desmoronaron en unas horas. La Armada matizó el discurso y la tesis inicial dio paso a más dudas que certezas. Para mayor desolación, el clima se convirtió en el peor enemigo de las operaciones de localización y rescate del submarino que tiene en vilo a Argentina. «No se descarta ninguna hipótesis», reconoció Enrique Balbi, jefe de prensa de la Armada. No hay «clara evidencia» de que esos intentos de llamadas, de apenas unos segundos, se puedan atribuir al buque submarino que navega -o naufragó- con 44 tripulantes a bordo.

En cambio, las sonoboyas de dos barcos de la operación de rescate habían captado ruidos constantes que podrían ser llamadas de auxilio de la tripulación, tal vez golpes de herramientas metálicas contra los mamparos de la nave para llamar la atención, según reveló a la CNN un oficial de la Marina de EE.UU. que se encuentra al corriente de las labores de búsqueda de la nave argentina. Horas después, el propio Balbi confirmaba que, una vez investigados dichos ruidos, se descartaba por completo que procedieran del submarino perdido.

Inicialmente, fueron escuchados por la corbeta Rosales, de la Armada argentina, «a través de su casco y en forma pasiva». También por un destructor argentino que se acercó al lugar. «Por eso se acudió a la aeronave P-8 de la Armada estadounidense, que desplegó sonoboyas pasivas y llevó ese ruido a la base aeronaval Espora, y de allí fue trasladada a Puerto Belgrano, donde se procesó la información para determinar la firma acústica de esos ruidos... Negativo.», explicó Balbi.

El propio portavoz confirmó que el capitán del submarino había alertado de un fallo en las baterías en la madrugada del miércoles pasado, justo antes de su desaparición. Según la Armada, se trató de un «cortocircuito» en la batería, que obligó a cambiar el rumbo y dirigirse directamente hacia Mar del Plata, adonde habría llegado ayer si todo hubiera ido bien.

«No se ha tenido contacto o detección ni visual ni por radar», reconoció Balbi. Chile, Uruguay, Perú, Francia e Inglaterra han desplegado, entre otros, siete aviones, dos destructores, seis corbetas, dos buques científicos, un buque hidrográfico (británico) y otros tres con tecnología de última generación. A este dispositivo hay que sumar el comando estadounidense de Rescate Submarino (URC) que opera con una cámara de rescate y vehículo de acople (por si fuera necesario), pero «las condiciones meteorológicas siguen siendo muy adversas para la búsqueda... Hay olas de hasta seis metros y vientos fuertes de temporal», advirtió el portavoz.

El portavoz de la Armada puso las esperanzas en que hoy «mejore el clima y sea más efectiva tanto la exploración aérea como la marítima». La zona de rastreo del submarino se extiende por un sector de más de mil kilómetros cuadrados, a unos 300 km de la costa, y abarca desde la provincia patagónica de Santa Cruz hasta la de Buenos Aires. Hasta ahora se ha peinado el 80% del área delimitada y no se ha hallado ni un indicio o rastro del submarino. Ahora «el buque británico HMS Protector está haciendo la trayectoria que tenía previsto el ARA San Juan hacia el puerto de Mar del Plata», informó Gabriel González, jefe de la base naval de Mar del Plata.

Las familias, angustiadas

El tono de los comunicados y declaraciones de la Armada se mezcla con la angustia y desesperación de las familias de los 44 marinos. «Ha sido una alegría enorme cuando escuchamos que habían identificado estos intentos de comunicación, pero hoy (por ayer) fue un día duro desde que dijeron que no podían confirmar si eran del submarino», lamentaba Julia Melián, tía del cabo primero David Adolfo Melián, en el periódico «El Día».