Dos cerrajeros cubanos trabajan en su pequeño negocio en La Habana
Dos cerrajeros cubanos trabajan en su pequeño negocio en La Habana - Efe

Cuba aprieta aún más las tuercas al sector privado

El régimen endurece el control sobre una actividad económica que ya emplea a casi un tercio de la masa laboral

MadridActualizado:

El incipiente sector privado cubano, que Raúl Castro impulsó tras relevar a su hermano Fidel, no se ha expandido lo suficiente para absorber el empleo estatal superfluo por el creciente control de la dictadura. A principios de agosto, sin ir más lejos, el régimen decidió que de momento no iba a otorgar nuevas licencias a negocios estrella como los paladares (restaurantes) o el alquiler de viviendas para turistas para frenar la evasión fiscal y otras «ilegalidades», generando así mayor malestar. Aún así, esta actividad económica da empleo a más de un millón de cubanos, «casi un tercio» de una población activa de 4,6 millones (2016), según el libro «Voces de cambio en el sector no estatal cubano» (Iberoamericana-Vervuert).

Expertos dentro y fuera de Cuba creen que las reformas económicas «raulistas» son «insuficientes, están estancadas e incluso han retrocedido». Castro, por su parte, ratificó el 14 de julio en la Asamblea que el sector «por cuenta propia» llegó para quedarse, pero no permitirán que «acumulen riqueza».

A la grave situación económica de la isla –cerró 2016 con el PIB en negativo (-0,9)– se une la crisis en la aliada Venezuela y el giro dado por Donald Trump a la política de EE.UU. hacia Cuba en junio. Washington busca debilitar económicamente el grupo empresarial del Ejército y reforzar a los emprendedores, aunque algunos temen que su estrategia afecte a los pequeños negocios.

«Si se hubieran acelerado las reformas, Cuba estaría en mejor situación económica para afrontar la crisis en Venezuela y la decisión de Trump»Carmelo Mesa-Lago

«Si se hubieran acelerado y profundizado las reformas –empezando por la unificación monetaria–, Cuba estaría en mejor situación económica para afrontar la crisis venezolana y la decisión de Trump», asegura en una entrevista a ABC el economista Carmelo Mesa-Lago. En cuanto al viraje de la Administración Trump, el catedrático distinguido de Economía y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh cree que «puede afectar a los ingresos por turismo, lo único positivo en la economía de la isla». Al mismo tiempo que considera que «la política de Obama para “empoderar” a los emprendedores dio como resultado lo opuesto, pues el Gobierno virtualmente congeló el proceso de expansión del sector no estatal, y otro tanto ocurrirá con las medidas más agresivas de Trump».

Un «cuentapropista» sintetiza así las preocupaciones de los más de 500.000 autónomos que ya existen en la isla: «Debe haber rienda suelta a toda esta fértil imaginación que estamos demostrando los cubanos, que se realice sin trabas, de manera libre, que el Gobierno permita que esto fluya, no lo dificulte y controle solo lo que debe controlar». Se quejan del exceso de control por parte de las autoridades, así como de la falta de acceso a las materias primas y su carestía. No obstante, un 80% se muestran «satisfechos» con su actividad y ganancias. Estas son las principales conclusiones del citado libro que Mesa-Lago ha coordinado y presentado en Casa de América.

El estudio se basa en 80 entrevistas realizadas en la isla entre 2014 y 2015 a trabajadores de cuatro grupos: autónomos, usufructuarios de la tierra, miembros de las nuevas cooperativas, y compradores y vendedores de viviendas. Roberto Veiga y Lenier González, editores de Cuba Posible, les dijeron que se trataba de un estudio universitario anónimo. Guardaron para el final las preguntas clave: sus principales problemas y qué cambiarían.

Ir de «shopping»

El 97% de los trabajadores del sector «no estatal», como insiste en llamarlo Mesa-Lago, reconoció tener problemas. El 32% expresaron que «lo más difícil era conseguir materias primas y que además resultaban muy caras». Solo un 2% dijeron tener acceso al mercado mayorista. Una cuarta parte compran las materias primas en las desabastecidas Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), conocidas como «shopping», en las que se paga con pesos convertibles (equivalen al dólar, mientras que el ciudadano corriente recibe su salario en pesos cubanos, de menor valor). «Los precios de las tiendas de divisas son despampanantes», afirma el académico. El 27% se quejó de la «demasiada injerencia del Estado».

Para mejorar piden mayor acceso a las materias primas, precios más bajos y «más libertad, menos trabas, impuestos e inspecciones». «Me gustaría que quienes gobiernan comenzaran a pensar en cómo hacerle la vida más sencilla al ciudadano y menos en cómo preservar los preceptos que se ha demostrado ofrecen no más que penurias», les dijo un vendedor de casas. Desde el momento de las entrevistas, Mesa-Lago lamenta que en Cuba «se ha endurecido el control y desgraciadamente las cosas han cambiado para mal».