Apagón nacional contra el presidente Zuma

La última reestruturación ministerial provoca una gran división en el partido del gobierno y pierde apoyos de sus principales aliados.

JohannesburgoActualizado:

El pasado lunes la tierra tembló en Johannesburgo a causa de un terremoto con epicentro en Botswana (6.8 en la escala de Richter), el cual se dejó sentir en algunas áreas de Sudáfrica. El mismo día, otro terremoto, éste de índole política y centrado en la persona del presidente Jacob Zuma, sacudió el país con mayor fuerza. El máximo dirigente sudafricano, salpicado por numerosos escándalos relacionados con la corrupción, se enfrenta a otra rebelión, con la particularidad de que ésta aglutina también a sus aliados habituales.

El martes el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU), principal sindicato del país y socio clave del gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC), lanzó una petición de renuncia contra el presidente tras un polémico cambio de gabinete del ejecutivo que sumió el país en la más absoluta incertidumbre política y económica. La posibilidad de que Zuma no termine su mandato cobra fuerza, algo impensable hace apenas unos días.

En paralelo, distintas iniciativas y movimientos sociales están pidiendo también la dimisión inmediata de Zuma, que finaliza su segundo y último mandato en 2019.

El origen de las protestas

En una nueva exhibición de poder, el presidente Jacob Zuma acometió una nueva reestructuración ministerial, reorganizando diez carteras (de las 35 existentes) y destituyendo de manera fulminante a cinco ministros y cuatro viceministros, entre los cuales se encuentra el ministro de Finanzas, Pravin Gordhan y el de turismo Derek Hanekom, ambos con un gran peso específico en el ejecutivo. Gorhdan, que ocupó la dicha cartera de 2009 a 2014 y de 2015 a 2017, había frenado algunos de los proyectos más costosos impulsados por Zuma. Mientras que Hanekom pidió que el presidente fuera apartado del gobierno el año pasado. El Partido Comunista Sudafricano (SACP por sus siglas en inglés), socio de la alianza del ANC, confirmó el jueves pasado que Zuma planeaba despedir a Gordhan y a su diputado Mcebisi Jonas basándose en un "informe de inteligencia", en el cual supuestamente se reportaba que éstos iban a utilizar el viaje previsto a Reino Unido y EE.UU. para impulsar un cambio en el gobierno. Según el informe, Gordhan, Jonas y el director general del Tesoro, Lungisa Fuzile, habían mantenido "reuniones secretas" para iniciar la operación “Check Mate" (Jaque Mate) y para transmitir a los inversores que estaban unidos contra Zuma y contra la corrupción.

La sustitución de Gordhan por el exministro de Asuntos Internos, Malusi Gigaba, así como el nombramiento de nuevos viceministros afines a Zuma no ha gustado nada a sus socios de gobierno y ha provocado una crisis interna en el partido.

Reacciones políticas

El vicepresidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, calificó de "inaceptable" la destitución de Gordhan y aboga por un cambio. En la misma línea se posicionó el secretario general de la confederación sindical Bheki Ntshalintshali, quien declaró que a Zuma le ha llegado el momento de "dimitir” debido a que ya no confían en su capacidad de liderazgo. Ntshalintshali considera que la polémica remodelación se debe a cuestiones de “lealtad política y no de mérito”. Otro de los pesos pesado del ANC, Kgalema Motlanthe, vicepresidente del partido y expresidente de Sudáfrica entre septiembre de 2008 y mayo de 2009 también es partidario de que Zuma dimita.

Zuma, por su parte, se defendió alegando que estos cambios son necesarios para dar un nuevo impulso al Gobierno.

Consecuentas económicas

Estos cambios agravan la inestabilidad política y ponen en peligro el crecimiento económico, ya de por sí débil. Los mercados castigaron rápidamente esta tesitura. El lunes, la calificación crediticia soberana de Sudáfrica fue rebajada a categoría especulativa (BB+) por la agencia Standard & Poor's y el rand sudafricano perdió un 7% de su valor frente al dólar desde el viernes.

El rand es la divisa con peor comportamiento frente al dólar desde el pasado 27 de marzo, cuando Zuma exigió que Gordhan fuera retirado de un encuentro con inversores en Londres, justo antes de ser destituido.

Protestas y movimientos sociales

Los sudafricanos tienen una largo historial de protestas y manifestaciones. En los últimos días éstas se están endureciendo en las principales ciudades del país. Detrás de las iniciativas en contra de Zuma está un sector de la sociedad activa y participativa que se quiere desvincular de cualquier afiliación política. Este grupo, autodenominado como "ciudadanos corrientes preocupados de esta nación", impulsó el pasado lunes 3 de abril un movimiento llamado Black Monday en el que llamó a todos los sudafricanos a vestirse de negro para protestar por las últimas "acciones irracionales" del presidente. La polémica reorganización del gabinete ha sido el detonante. Este colectivo pide la movilización de sus conciudadanos para “salvar al país y el legado de Nelson Mandela, Ahmed Kathrada y los líderes que lucharon por la liberación".

Estos movimientos sociales han hecho un llamamiento para que el país se paralice el próximo día 7 de Abril: piden que no se acuda a trabajar, que cierren los comercios, que todo el mundo salga a la calle y que se bloqueen las carreteras como protesta por la política corrupta de Zuma. La campaña, bajo los lemas #ZumaMustFall (Zuma debe caer) y #SouthAfricaMustRise (Sudáfrica debe levantarse), se ha hecho viral a través de las redes, especialmente durante el pasado fin de semana.

La reacción del gobierno no se ha hecho esperar, condenando la desobediencia civil y alertando de las posibles consecuencias de este parón para su frágil economía. Según el portavoz Donald Liphoko, las protestas ilegales no fortalecen la democracia y avisa de que si se produce cualquier tipo de violencia, todo el peso de la ley recaerá sobre los culpables. Un discurso en la misma línea que el de la policía, que está en alerta máxima.

Por su parte, los principales partidos de la oposición, liderados por Alianza Democrática (DA), han organizado manifestaciones para presionar al ejecutivo y han impulsado una moción de confianza que será discutida en el Parlamento el próximo 18 de abril.

Futuro incierto

No es la primera crisis de este tipo a la que Zuma se enfrenta. El año pasado sobrevivió a varias mociones de este tipo gracias a una cómoda mayoría de su partido en el Parlamento (249 diputados sobre 400). Sin embargo con la deserción del COSATU, aliado histórico del ANC desde su llegada al poder con el fin del 'apartheid' en 1994, su liderazgo ha sido puesto en cuestión y se tambalea seriamente.

A finales de año se debe elegir al sucesor de Zuma para las elecciones generales previstas para 2019.