Netanyahu el día después de su victoria electoral
Netanyahu el día después de su victoria electoral - afp

Conclusiones para entender qué va a pasar ahora en Israel tras la victoria del Likud

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A medida que avanzaba la noche electoral en Israel las noticias que iban llegando sobre el resultado de los comicios ponían de manifiesto una realidad: ni iba a producirse el final de Benjamin Netanyahu ni la izquierda iba a conseguir la tan abrumadora y esperada victoria. Las encuestas, una vez más, se equivocaron.

El claro vencedor de las elecciones ha sido el conservador Likud con 30 escaños que, sin embargo, le obligan a pactar para formar Gobierno puesto que se quedan lejos de los 61 que le hubieran otorgado la mayoría simple parlamentaria. El triunfo es además muy significativo puesto que en el año 2003 este partido logró solo 18 escaños.

Sin embargo, antes de los resultados oficiales, las encuestas anticipaban una derrota de Netanyahu, pero el primer ministro israelí supo jugar bien sus cartas una vez más. Durante la campaña se sirvió, como acostumbra, de su política del miedo erigiéndose como el único capaz de proteger a Israel de las amenazas externas, encabezadas por Irán. El día antes de la jornada de votación, consciente de que existía un riesgo de derrota, no dudó a la hora de asegurar que bajo su mandato no existiría un Estado palestino. El 17 marzo, en plena cita electoral, colgó un polémico post en su perfil de Facebook: «Los votantes árabes están acudiendo en manada a las urnas. Organizaciones de izquierdas los están transportando». A este mensaje se sumó poco después, a través de Twitter, el ministro de Exteriores y líder del ultranacionalista Israel Beitenu, Avigdor Lieberman: «Netanyahu también sabe que si los árabes votan en manada, sólo un Lieberman fuerte podrá detenerlos».

Pese a las múltiples críticas que estos mensajes suscitaron, tampoco fueron una novedad, puesto que Netanyahu suele servirse de este tipo de llamamientos cuando considera que «peligra» su victoria. Eso sí, apelando a la derecha ultranacionalista israelí, consiguió derribar a la que era la gran promesa, la Unión Sionista de Isaac Herzog.

Las negociaciones

Así las cosas, el presidente israelí, Reuven Rivlin, ha convocado a los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria para que recomienden un candidato para formar Gobierno. Netanyahu tendrá 42 días para hacerse con la nominación y parte ya de la negativa de la Unión Sionista a pactar, lo que le obliga a buscar apoyos en los partidos de extrema derecha Hogar Judío (con ocho escaños) e Yisrael Beitenu (con seis), así como en las formaciones religiosas Shas (con siete) y United Torah Judaism (con seis). Sin embargo, esto aún le deja con 57 escaños, por lo que los analistas políticos apuntan a que tendrá que negociar con el Kulanu de Moshe Kahlon, de centro, que ha sumado diez asientos en la Knesset.

Paralelamente a estas negociaciones, ya materializada la victoria, Netanyahu también va matizando sus palabras y promesas electorales, consciente de que éstas le perjudican de cara a sus relaciones internacionales. Sin ir más lejos, el pasado miércoles se desdijo y apuntó estar a favor de una solución de paz basada en dos estados, política oficial de la UE y EE.UU. Las relaciones con la Casa Blanca son precisamente un punto clave dado el evidente mal momento por el pasan y que en esta nueva legislatura cabe esperar que sean incluso más gélidas. Prueba de ello ha sido la tardanza de la llamada de Obama para felicitar a Netanyahu por su victoria. El presidente de Estados Unidos tardó más en telefonearle que a Erdogan o Rohaní tras sus respectivas victorias electorales.

En dicha llamada, según el comunicado de la Casa Blanca, «el presidente y el primer ministro acordaron continuar las consultas sobre una serie de cuestiones regionales, entre ellas el difícil camino a seguir para resolver el conflicto palestino-israelí». Así, Obama reiteró a Netanyahu «el compromiso de larga data de Estados Unidos a una solución de dos estados que se traduzca en un Israel seguro junto a una Palestina soberana y viable».

Eso sí, cabe destacar un hecho bastante significativo: Estados Unidos había anunciado que revisaría su política hacia Israel -lo que podría incluir la protección que proporciona al país hebreo en Naciones Unidas-, si el primer ministro cerraba la puerta a la solución de los dos estados.

La postura palestina

A nivel interno las palabras de Netanyahu también han tenido consecuencias. El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, manifestó su inquietud ante la afirmación del primer ministro, antes de que este se desdijera: «Lo que hemos escuchado a Netanyahu es muy preocupante». Abás también admitió estar a la espera de ver qué ocurría con la más que probable entrada en el nuevo Gobierno israelí de políticos como el ultranacionalista Avigdor Lieberman, de quien aseguró que mantiene un tono «racista» en su discurso.

Lieberman ha expresado su deseo de hacerse con la cartera de Defensa, cargo que, ha asegurado, le permitirá llevar acabo la que será «la última campaña» contra el movimiento islamista Hamás en Gaza.

Este es el panorama que afronta a día de hoy Israel, que junto al resto de mundo, permanece expectante a los siguientes pasos que se den para la formación de un nuevo Gobierno. En el aire queda aún cómo el Ejecutivo que resulte de las negociaciones afronte los dos pilares de su política nacional, el conflicto árabe-israelí y la cuestión iraní, con sus implicaciones a nivel internacional.