ISABEL PERMUY

«Es verdad que en Dinamarca tenemos más facilidades para conciliar y eso nos hace más felices»

Poder criar a los hijos aumenta sentimientos positivos, según el director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad de Copenhague

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Como director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad de Copenhague, el trabajo de Meik Wiking consiste en medir, comprender y generar felicidad. Investiga sus causas y los efectos en la vida humana y trabaja, junto a sus compañeros, en mejorar la calidad de vida de las personas en todo el mundo. «No veo ninguna evidencia que señale que no es posible. Porque de la misma manera que es posible medir sentimientos negativos como el estrés, la depresión o la tristeza… ¿Por que no se van a poder medir las emociones positivas?, pregunta. ¿Cómo se hace esto? «Mediante una simple pregunta: ¿cómo de satisfecho te sientes con tu vida?». responde. «Esto incluye diversas variables a tener en cuenta como, por ejemplo, si la persona tiene pareja, niños, si ha sido ascendido o despedido del trabajo, si tiene sentimiento de pertenencia a una comunidad, a un lugar...»

En su último libro, Likke, ha intentado buscar cuál es la gente más feliz del mundo y a la postre, concluye, «a un danés le hacen felices las mismas cosas que a un español. Porque fundamentalmente todos somos seres humanos. No somos tan diferentes los unos de los otros como a veces tendemos a pensar». Eso sí, al contrario que nosotros, los nórdicos tienen fama de dominar cómo encontrar la felicidad en las pequeñas cosas. «Creo que en Escandinavia tenemos menos preocupaciones, y dominamos el arte de crear una atmósfera de relax, mediante placeres sencillos, como disfrutar de una tarde horneando pan, o reunir a los amigos en casa entorno a la mesa con velas».

Hay un dato muy importante que contribuye a la felicidad en su país, según Meik Wiking: un horario laboral que facilita la conciliación. «Tengo entendido que es completamente distinto a lo que se hace aquí. En Dinamarca el trabajo es más concentrado, y eso nos permite que a las 16:00 de la tarde, tras salir de la oficina, cojamos la bici para ir a recoger a nuestros pequeños al colegio o estar con nuestros seres queridos. Creo que eso es importante para la familia y hace que los niños crezcan más felices. Es verdad que tenemos más facilidades de conciliar y poder criar a nuestros hijos. En Escandinavia las políticas de conciliación son buenas, tenemos 52 semanas de permiso maternal y paternal, mientras que en España el sistema del cuidado de los bebés y los nietos en muchos casos lo asumen los abuelos. Lo ideal sería combinar ambas cosas. Nuestras políticas de conciliación con los abuelos españoles», se ríe.

Mejorar la productividad

¿Qué podríamos copiar los españoles para lograr una mejor productividad, y no alargar nuestras jornadas interminablemente? Wiking ofrece un consejo interesante, y muy «barato» de aplicar, llamado las «mañanas tranquilas». «En muchas profesiones el trabajo es complicado. Necesitas estar concentrado, pero no puedes porque tienes reuniones, llamadas, correos electrónicos... que hacen que cada siete, ocho minutos tengas que hacer un parón. Así es verdaderamente complicado concentrarte al máximo».

Wiking pone el ejemplo visto en una gran empresa de Telecomunicaciones: «Allí han determinado que durante tres o cuatro horas los martes, no se tienen reuniones, no hay interrupciones, ni se pasan llamadas telefónicas. Esto permite a los empleados concentrarse enteramente en su trabajo, sin interrupciones… La medida es muy popular, y es un paso muy sencillo de poner en marcha, muy barato, y muy eficaz para mejorar la productividad y la satisfacción entre los trabajadores».

Países felices, a su manera

En cualquier caso, para Wiking ni los daneses, ni los noruegos, ni los suecos tienen el monopolio de la felicidad. «Podemos aprender muchas cosas sobre al calidad de vida de los escandinavos, pero lecciones de felicidad las podemos aprender de personas de todo el mundo. Las claves están repartidas por todo el planeta», asegura. De hecho, de todos los países que ha estudiado en su libro, a este experto le llaman mucho la atención dos medidas puestas en marcha en Bután (Asia).

«Es un país muy pequeño, y muy interesado en la felicidad de sus habitantes. La Constitución establece que la Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interior Bruto (PIB), es decir, que la felicidad está por encima de la economía. A la hora de tomar una decisión el Gobierno se hace la siguiente pregunta: ¿esto va a hacer felices a nuestros compatriotas? Esa es una de sus medidas para aumentar el bienestar de la gente». La otra de las medidas que han puesto en marcha es la aplicación de mindfulness en las escuelas. «Son solo 15 minutos antes de entrar en la escuela y al finalizar la misma, pero con esto consiguen que los estudiantes se calmen mucho y hayan mejorado sus resultados en cuanto a bienestar», asegura.

Por último... ¿Está en nuestra mano ser felices… o infelices? «Sí, y no», concluye. «En nuestro instituto dividimos la felicidad en tres categorías. Una es genérica. Puedes nacer con mejor o peor salud, y tener más o menos tendencia a la felicidad. Otra son las circunstancias que nos tocan vivir: el Gobierno, el nivel sanitario del país, la corrupción, el desempleo, las facilidades que tienen o dejan de tener las familias… Y una tercera pata serían las decisiones que uno toma. La dieta seguida, el ejercicio… Coca-Cola solo dice una tercera parte de verdad en su slogan».