Familia - Vida sana

«Acostar a un niño cuando no tiene sueño es posible. Conseguir que se duerma es otra cosa»

Volver a las rutinas puede convertirse en una tarea dura, según explica en esta entrevista el pediatra Jesús Garrido, autor del libro «Crianza respetuosa»

 «Acostar a un niño cuando no tiene sueño es posible. Conseguir que se duerma es otra cosa»

Volver a la rutina después de un periodo de más de dos meses de desconexión escolar puede convertirse en una tarea dura. Ajustarse a los horarios, sobre todo lograr que los niños se acuesten pronto y madruguen, es a veces una tarea que puede terminar en conflicto porque los menores se resisten a dejar de jugar para acostarse. Pero no todo está perdido, según explica en esta entrevista el pediatra Jesús Garrido, autor del libro «Crianza respetuosa».

–¿Cómo lograr que se vayan a la cama antes? Consejos para padres desesperados.

–Tras las vacaciones cambiamos el ritmo de repente. La clave no es tanto la hora de acostarse como la de levantarse. Han estado levantándose seguramente más tarde de lo que hacen durante el curso. Al estar sujetos a un horario escolar tienen que levantarse sí o sí a una hora determinada. Como en verano hay margen para que se levanten más tarde, y las horas que cada niño necesita dormir son las que son, esto suele llevar a que también se acuesten más tarde. Es normal también que esto ocurra en verano cuando los días son más largos, porque lo que regula nuestro ciclo de sueño-actividad es la luz. Cuando la iluminación se reduce es cuando nuestro cuerpo libera un pico de melatonina que nos induce a dormir.

Llega el curso y los niños tendrán que levantarse antes. Lo que de entrada significa perder horas de sueño si no se acuestan antes. Acostar a un niño cuando no tiene sueño es posible. Conseguir que se duerma es otra cosa. No recomiendo prolongar las rutinas de sueño en el dormitorio porque pueden dar un resultado contrario. Dificultar que se duerman cada noche. Es mejor no llevar al niño a dormir hasta que claramente tenga sueño.

Es importante que conforme se acerque la hora en la que tenemos como objetivo que se duerman evitemos ciertos estímulos que pueden activarles e impedir que lo hagan como son los juegos que les ponen nerviosos, la televisión, el móvil y tablet. Los dispositivos electrónicos, aparte de activarles y hacerles desear seguir despiertos, tienen una luz similar a la solar que hace que se trastoque la secreción de melatonina, retrasando la necesidad de dormir.

–¿Es necesario empezar a acostarles antes con antelación al día de comienzo del colegio a acostarles antes?

–Con antelación al comienzo del colegio podemos hacer cosas para que resulte más fácil su adaptación. Pero no empezaría por acostarles antes, sino por despertarles más temprano. La razón es que lograr que se duerman cuando no tienen sueño es difícil y para lograrlo tendemos a empeorar el ritual de sueño, complicándolo.

Es mucho más fácil despertar antes al niño y ofrecerle juego por la mañana, que intentar que se duerma cuando no está suficientemente cansado. Si bajamos progresivamente la hora de despertarse por la mañana desde su hora vacacional a la hora a la que tendrá que hacerlo al ir al colegio, se sentirá más cansado por la noche a una hora más temprana. Si a eso unimos evitar estímulos como los dichos antes cada vez desde una hora anterior se dormirán antes de forma espontánea.

–¿Es normal que estén más cansados al principio de la vuelta al cole?

–Sí. En el colegio tienen un nivel de actividad superior al de las vacaciones, igual que los padres lo tenemos cuando trabajamos. Pasar del ocio al trabajo siempre supone un esfuerzo y aunque en el sueño logremos una adaptación planificada, los primeros días estarán más cansados.

–¿Cuánto suelen tardar en coger la rutina de sueño?

–Depende de cada uno. Y en esto influyen muchas cosas a parte del nivel de actividad o las horas de descanso. Un niño bien adaptado al colegio y con buena relación con sus compañeros tendrá mucha más facilidad para coger el ritmo. Uno que sufra por ir al colegio puede empeorar seriamente su descanso por el estrés que le supone y no llegar a adaptarse, sino que empeore conforme avanza el curso.

–¿Qué importancia tiene dormir bien en el rendimiento académico?

–Es clarísima la relación entre descanso y rendimiento intelectual. Dormir poco (o en exceso) empeora el rendimiento intelectual, sin lugar a dudas. Pero, además, tiene repercusiones en la salud general. Una falta de sueño puede afectar a casi todos los campos de la salud: metabolismo, sistema defensivo... Por tanto, mantener una buena calidad de sueño es uno de los pilares esenciales de la salud a todas las edades. Pero, además, influye de forma esencial en el crecimiento, ya que la secreción de la hormona de crecimiento depende directamente de la cantidad y calidad del sueño de un niño

–¿Cuántas horas es aconsejable que duerman según edades?

–Siempre huyo de estas cifras. Conocerlas es casi peor que ignorarlas. Porque pueden generar problemas. Estas cifras son sólo medias estadísticas. No es bueno ni malo ajustarse a ellas. Ningún ser humano duerme exactamente las mismas horas cada día. Hay personas que necesitan dormir más y otras menos. Aunque esto varía habitualmente con la edad no es algo que dependa sólo de este factor.

Cuando nos preocupa el tiempo que alguien duerme debemos mirar más los resultados que las cifras. En un niño concreto, si le damos la oportunidad de dormir libremente, si ninguna molestia o dolor se lo impide, si no le ofrecemos estímulos que le incentive a no descansar, consideramos que duerme lo que necesita si está bien.

Si está cansado durante el día, irritable, con dificultad para concentrarse... Son signos de que tiene una carencia de sueño. Y si esto ocurre un día tras otro debemos repasar lo anterior: ¿le estamos impidiendo dormir cuando tiene sueño?, ¿tiene alguna molestia o dolor que le impide descansar adecuadamente?, ¿estamos ofreciéndole estímulos que le lleven a mantenerse despierto cuando él dormiría si estuviese más tranquilo?

Si la respuesta en todos los casos es «no» y el niño está bien, es que duerme lo que necesita, aunque no coincida con las estadísticas. Intentar aumentar esas horas de sueño acostándolo a la fuerza suele empeorar la situación, ya que desarrollamos estrategias que hacen para el niño algo desagradable del momento de dormir o complican el ritual de sueño.

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