Reyes MagosUn árbol repleto de regalos puede generar frustración entre los más pequeños

Existe una estrecha vinculación entre la sobreprotección y lo que se denomina el síndrome del niño hiperregalado; hay muchas maneras de mostrar afecto a los hijos y hacerles sentir queridos

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Sus majestades los Reyes Magos preparan los últimos detalles para una de las noches con más magia, ilusión y nerviosismo de todo el año. Mientras gran parte de España intenta hallar la fórmula perfecta sobre el número de regalos que los Reyes Magos deben dejar debajo del árbol, pocos son los que se preguntan: ¿cuáles son las verdaderas consecuencias de realizar demasiados regalos a los más pequeños?

«Existe una estrecha vinculación entre la sobreprotección y lo que se denomina el síndrome del niño hiperregalado», señala Ana Herrero, psicóloga y coordinadora del departamento de Orientación del grupo Brains International Schools. «Colmar de regalos a los niños como una manera de demostrarles cuánto les queremos no puede sustituir al tiempo que compartimos con ellos, que jugamos con ellos, además de poder generar actitudes consumistas, exigentes, de falta de valoración de lo que tienen, de insatisfacción», matiza la psicóloga.

Realizar regalos es una buena opción para demostrarles que son importantes para nosotros, pero regalar en exceso es perjudicial para el desarrollo del niño. La mejor opción para demostrar a los más pequeños nuestro afecto siempre será dedicarles todo el tiempo posible y realizar actividades en familia.

«Los niños aprenden valores de todas las influencias que tienen a su alrededor, por eso es fundamental cuidar la cantidad y el tipo de regalos que les hacemos a los más pequeños», continúa. «La Navidad es un periodo del año cargado de buenos valores como la solidaridad, la generosidad o la gratitud. Debemos dejar de centrar el momento más feliz de la Navidad para los niños en la entrega de regalos y en aspectos materiales, para centrarlo en los valores de lo que la Navidad significa para cada familia», destaca Herrero.

5 consecuencias de regalar en exceso a los más pequeños

- Baja tolerancia a la frustración: Según revelan recientes estudios, los niños que están acostumbrados a recibir una gran cantidad de regalos presentan una peor tolerancia a la frustración. ¿La razón? Los niños se acostumbran a recibir una cantidad determinada de regalos y si un año reciben menos se frustran, se sienten tristes o irascibles.

- Menor creatividad: Todos los niños alrededor del mundo tienen una característica en común: les encanta jugar, aunque no tengan juguetes. Los niños que reciben menos juguetes tienden a desarrollar más su imaginación, ya que el exceso de regalos puede anestesiar la fantasía de los niños y evitar que desarrollen tanto su creatividad. Los niños que reciben menos regalos tienden a inventarse juegos, historias u otras cosas para divertirse.

- Baja capacidad de esfuerzo: Los regalos pueden ser una buena forma para incentivar la capacidad de esfuerzo de los más pequeños y hacerles comprender que si se esfuerzan pueden conseguir cosas increíbles. No obstante, los niños que reciben una gran cantidad de regalos aprenden que, independientemente de su esfuerzo, conseguirán lo mismo que el resto de niños sin haberse esforzado.

- Fomento de lo material sobre lo emocional: Los niños que reciben un exceso de regalos dan más importancia a las cosas materiales y centran su felicidad en el número de pertenencias que tienen. Por el contrario, los niños que tienen un número de regalos ajustado no solo centrarán su felicidad en los aspectos materiales, sino que también aprenderán a valorar otras cosas.

- Menor paciencia: Los niños que reciben un gran número de regalos no solo presentan una baja tolerancia a la frustración, sino que presentan menos paciencia. Estos niños se acostumbran a recibir lo que quieren en cuanto lo piden, por lo tanto les cuesta esperar, y cuando no reciben los regalos que desean se frustran.

«Un aspecto fundamental es enseñar a los más pequeños a valorar los regalos, a ser agradecidos, disfrutando con ellos del mejor de los presentes: compartir nuestro tiempo con ellos jugando», concluye Herrero.