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El Príncipe Harry, encandilado con una actriz televisiva tres años mayor

Meghan Markle, divorciada, es una belleza de sangre mulata a la que su hermanastra tacha de «narcisista y egoísta»

Meghan Markle
Meghan Markle - JASON KEMPIN
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en: Estilo , Gente

El Príncipe Harry, de 32 años y sin oficio conocido desde que dejó el Ejército, ha cambiado su patrón habitual de novia. Su opción habitual eran rubias y jóvenes, como la diseñadora Chelsy Davy, con la que salió durante siete agitados años, o Cressida Bonas, actriz y bailarina que fue la mujer de su vida hasta 2014. Pero esta vez el príncipe pelirrojo se ha encandilado con una actriz de televisión estadounidense tres años mayor que él, Megham Markle, una belleza morena, de apariencia más próxima a la de su concuñada Pippa Middleton que a la de la blonda Cressida.

El Palacio de Kensington ha reconocido que hay noviazgo, aunque añaden que marcha en «fase inicial». Si la pasión culminase algún día en boda, habría una gran novedad: la sangre de los negros africanos entraría en el linaje real inglés, pues Megham tiene antepasados esclavos norteamericanos por línea materna. Harry, el personaje de la realeza más popular en las encuestas, es el quinto en la línea de sucesión al trono. Además, Megham está divorciada de un productor de cine, con el que estuvo casada de 2011 a 2014. Nada más dejarlo, mantuvo una relación con el golfista norirlandés Rory Mcllroy y cuando conoció a Harry se la consideraba felizmente unida al cocinero canadiense Cory Vitiello, al que se calcula que compatibilizó durante unas semanas con el príncipe.

Según algunas fuentes, la actriz ha visitado ya en el Palacio de Kensington, que Harry comparte con los Duques de Cambridge. Allí conoció a Kate y William y al parecer les causó excelente impresión.

Megham Markle es hija de un director de fotografía de series de televisión, Thomas, hoy un jubilado de 72 años, que acaba de pasar por un apuro económico. Su madre, afroamericana, trabajaba en una agencia de viajes y luego se convirtió en instructora de yoga, práctica que apasiona a su hija y también a Harry. La futura actriz se educó en un colegio católico de Los Ángeles y luego estudió teatro y relaciones internacionales en la Universidad de Northwestern. Tras acabar la carrera trabajó brevemente en la Embajada de EE. UU. en Buenos Aires, pero pronto sintió la llamada de los platós. Empezó en la serie «Married with children», donde estaba empleado su padre. Luego ha pasado por «General Hospital», «CSI New York» y desde 2011 protagoniza el folletín de abogados «Suits», que se rueda en Toronto, ciudad canadiense donde vive y donde la conoció Harry en mayo.

Esta semana, Megham ha posado como modelo para la firma de ropa canadiense Reitmans. Basta ver las fotos para entender el flechazo instantáneo de Harry: se trata de una mujer muy hermosa. El príncipe la fichó en una gala benéfica en Toronto la pasada primavera. Le pidió el teléfono y comenzó a bombardearla con mensajes de texto, hasta que comenzaron a salir. Según el círculo próximo al nieto de Isabel II, «hace años que no se le veía tan feliz, está atontado con ella».

Megham se define como «una americana impetuosa de opiniones fuertes», una mujer que si se embarca en algo hace notar siempre sus puntos de vista. Ha declarado al «Toronto Star« que con el noviazgo «mi copa rebosa, soy la chica más afortunada del mundo».

Pero no todo puede ser perfecto en la vida. Ha emergido una hermanastra de 51 años, Samatha Grant, que vive en Florida y desde hace ocho años batalla con una esclerosis, que ha puesto verde a Megham. «Es narcisista y egoísta», resume. Directamente la viene a describir como una trepa que «toda su vida soñó con ser una princesa». «Hollywood la cambió, ahora busca escalar socialmente. Creo que desde niña cuando veía a la realeza en la televisión pensaba en convertirse en una princesa. No sé qué opinará la Reina de alguien que se oculta de su propia familia. Es narcisista y egoísta, creo que la familia real se quedaría espantada con ella».

Harry no parece opinar igual. En julio la invitó a una fiesta con amigos en un piso del Soho de Londres. La actriz también asistió al torneo de Wimbledon. Según sus allegados ha habido sucesivas citas, aunque la que iba a ser la próxima se ha frustrado. Harry planeaba volar en la noche de hoy desde Heathrow a Toronto con British Airways, a fin de ver a su amada, pero ha suspendido el vuelo al saltar la noticia de la relación.

Megham presenta también una veta filantrópica. Es embajadora de World Vision, onegé de ayudas a los niños, y colabora con la organización de la ONU para mujeres de la que es embajadora Angelina Jolie. Cuenta con un millón de seguidores en Instagram (uno de ellos es Harry, bajo seudónimo, aunque había declarado muchas veces que detesta las redes sociales). Allí pueden verse sus fotos profesionales y de ocio, con veraneos en Amalfi, Ibiza o México. La actriz y modelo lógicamente arrastra un gran pasado visual. Ha reconocido que le preocupa su papel en su serie, «Suits», porque con frecuencia asume escenas de cierto voltaje sexual, en ocasiones con una braga como único atavío.

Megham mantiene un blog en internet. Se llama The Tig, en homenaje a su vino favorito, el Tignanello italiano. Allí habla de lo que le interesa, que resulta ser la alimentación, la moda, los viajes y la belleza. De ideas firmes, está en contra el Brexit y ha subido a las redes sociales fotografías contra la salida de la UE. Tras destaparse el romance también ha colgado una foto de dos plátanos pegados y con caritas pintadas, bajo el lema «dormir apretados». Ha sido interpretado como una alegoría bananera de su amor por Harry. Recientemente le preguntaron con qué cinco personas compartiría una cena. Eligió a dos cocineros estadounidenses, Bourdain y Batali, a la actriz Gwyneth Paltrow, el chef británico Jamie Oliver y a su mejor amiga. A pesar de tanta gastro-sofisticación, resulta que su comida favorita son… ¡las patatas fritas!

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