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Luis Medina: «Mi sobrina será una buena duquesa de Medinaceli, tiene la cabeza bien amueblada»

El hijo de Naty Abascal lamenta la muerte de su primo, Marco de Hohenlohe, y apoya a su sobrina, Victoria, heredera de unos de los títulos más antiguos de España

Luis Medina asistió esta semana al desfile de Emidio Tucci en Madrid
Luis Medina asistió esta semana al desfile de Emidio Tucci en Madrid - José Ramón Ladra

Luis Medina (36 años) no posee títulos nobiliarios, pero ostenta varias dignidades que podrían opacar una Grandeza de España. «Point de vue», la biblia fancrófona del Gotha, lo coronó como «el soltero más atractivo del mundo». Y «Vanity Fair» lo proclamó «uno de los hombres mejor vestidos del planeta», en un trono compartido con leyendas sartoriales de la talla del conde Manfredi della Gherardesca y del escritor Gay Talese. «Yo creo que se pasaron tres pueblos. Vieron a un español con pinta y se entusiasmaron, pero si rascas no es para tanto», admite el propio Medina con una sonrisa.

Las marcas de ropa disienten. «Sí, es para tanto. Es estupendo, todo le queda bien», dicen los organizadores del Madrid Fashion Show Men, la pasarela de moda masculina patrocinada por El Corte Inglés. Esta semana, Medina acudió al desfile de la firma Emidio Tucci en calidad de invitado VIP. Su fama le precede y trasciende fronteras. Un poderoso político mexicano intentó ficharlo como su asesor de imagen. Luis rechazó la oferta. «Yo feliz con los halagos. ¿A quién no le gustan?», reconoce a ABC el hijo pequeño de Naty Abascal y del fallecido Rafael de Medina.

Tras unas vacaciones a puro kitesurf en Dajla, en la costa atlántica marroquí, el aristócrata ya está de vuelta en la capital enfrascado en su trabajo. Dirige una empresa que representa y comercializa firmas de lujo como Aquazzura, Oscar de la Renta, Intropia, Tete by Odette e Yliana Yepez. Pero ha sido un verano atípico para él. La reciente muerte de su primo, Marco de Hohenlohe, duque de Medinaceli, ha empañado su descanso en el Sahara Occidental.

El mismo día del desfile de Emidio Tucci, y a la misma hora, se celebraba en Madrid un funeral por Hohenlohe. «No pude acudir porque tenía ya apalabrado este compromiso», se excusa. «A mi primo le tenía mucho cariño, teníamos una excelente relación y disfruté mucho de él. Siempre estaba de buen humor, era muy cachondo. Y supo llevar su enfermedad con entereza. Era una persona especial... Se fue quien no debía irse», sentencia.

— Su sobrina, Victoria de Hohenlohe, será la nueva duquesa de Medinaceli. La que le espera con solo 19 años...

Bueno, no le ha tocado un asiento en el consejo de Acciona (risas). Heredará un título importante, pero no será Infanta de España ni tendrá que acudir a actos oficiales. A la familia nos encantaría que, en la medida de lo posible, se vinculara a la Casa de Medinaceli. Ahora está estudiando en el Instituto de Empresa, vive en Madrid y se siente española. Yo creo que lo va a llevar bien, será una buena duquesa porque es una niña con la cabeza bien amueblada.

— Y ya es carne de paparazis.

Yo solo espero que la prensa no sea cabrita y entienda que es una niña que acaba de perder a su padre. No es momento de andar detrás de ella.

— Mire a Felipe de Marichalar, que con 18 años ya copa titulares. ¿Qué consejo le daría a «Froilán»?

Que viva al margen de los medios porque por su condición lo va a tener mucho más difícil. Lo mío ha sido un camino de rosas comparado con todo lo que le ha tocado a él... y con lo que le tocará. Le recomiendo que estudie, que vaya a una universidad buena, seguro es lo que desea su familia.

— Usted ya ha cumplido 36. ¿Le preocupa envejecer?

Para nada. Ahora tengo menos sobresaltos que cuando era más joven.

— Se mantiene bien.

Me mantengo bien poco (risas). Entre semana hago bici. Y los fines de semana, senderismo. Ya no tengo 20 años y se agradece salir un sábado a hacer deporte en vez de gestionar una resaca.

— ¿No le sorprende que todas las semanas le endosen una novia?

No deja de llamarme la atención. Siempre me ha chocado esa obsesión por saber con quién estoy, con ponerme de novio o separarme. Una vez conocí a una chica que se llama Sylvie Meis. Salimos a cenar y a la semana la prensa titulaba: «Luis Medina ya la ha presentado a su madre». Obviamente era mentira.

— Sus amigas se lo pensarán dos veces antes de salir con usted.

Son niñas anónimas. Tampoco es un suplicio, no me quejo.

— He leído que sus negocios no marchan bien...

Día sí y día no alguien dice que cierro mi empresa. Pero ya llevo siete años con ella. Es verdad que empezamos en un mal momento, cuando comenzaba la crisis... pero ahora todo marcha muy bien.

— ¿Lee lo que publican sobre usted?

Si es algo negativo, paso de leerlo. Pero pienso en mi madre que sí lo estará leyendo y me da pena.

— Llevamos meses sin gobierno. ¿Le afecta la incertidumbre política?

Políticamente esto es un puñetero desastre, es vergonzoso. Pero estamos mucho mejor que cuando comenzó la crisis en 2008. Yo empecé con un showroom que vendía a tiendas de toda España. Tuve que cerrarlo y despedir a seis vendedores porque las tiendas no compraban. Hace dos años, reabrí el departamento comercial y nos está yendo muy bien. De hecho, acabamos de mudarnos a una oficina el doble de grande.

— ¿Y decían que cerraba?

Decían que cerraba cuando me estaba yendo a una oficina de 300 metros cuadrados. Pero no me quejo, hay que tomarlo con deportividad.

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