El pasado 15 de abril, Jwan Yosef aparecía de la mano de Ricky Martin en Sao Paulo LV/ABC
El pasado 15 de abril, Jwan Yosef aparecía de la mano de Ricky Martin en Sao Paulo LV/ABC

Jwan Yosef: «Conocer a Ricky Martin ha sido asombroso»

El joven sirio que conquistó al cantante recibe a ABC en su taller londinense para hablar del arte, la guerra y el sexo: «Conocer a Ricky ha sido asombroso»

Corresponsal en LondresActualizado:

Sábado de calor raro y adelantado para el mayo de Londres. En Archway, barrio un poco anodino al norte de la ciudad, calles despejadas a las dos de la tarde. A unos pasos de la estación del metro, en una perpendicular, se levantan varias naves de ladrillo victoriano, vestigios del legado industrial. En la puerta enrejada de una de ellas, tres jóvenes ríen mientras teclean unos dígitos en una cerradura que se abre. Son artistas que vienen a trabajar a The Bomb Factory. La fundación ofrece 17 estudios a buen precio a una treintena de creadores de medio mundo. Su nombre atiende a que durante la Segunda Guerra Mundial allí había una fábrica de municiones.

Tras pasar un patio abierto, accedes a un espacio totalmente blanco, cuya estancia central domina una mesa de pimpón. «Estoy buscando a Jwan Yosef», le digo a un muchacho que avanza cargando materiales. Me indica y enseguida aparece Jwan, uno de los artistas repartidos por los pequeños estudios. Tiene 32 años, resulta ser amable, sosegado, de respuestas que medita bien y atractivo (por lo visto eso significa su nombre en kurdo: guapo). Lleva el pelo revuelto, una camisa de rayas floja y playeras blancas. Las obras que se ven en su estudio parecen elocuentes y elegantes, a veces también provocadoras.

En el ojo público

Las curiosidades que rodean a Jwan comienzan antes de su nacimiento. Su madre era una cristiana armenia, y su padre, un musulmán kurdo. Un amor complicado para unos sirios, que acabó llevándolos al frío Estocolmo. Jwan nació en Siria, pero es ciudadano sueco y ahora vive en Londres. Desde niño le gustaba dibujar y lo canalizó académicamente, primero en una universidad de Estocolmo y luego en la Central Saint Martins londinense.

Ha hecho un par de exposiciones en solitario y anda en la pelea por salir a flote en un mercado muy animado, pero también con muchos aspirantes. Sin embargo, lo ha situado en el ojo público algo ajeno a su talento: el mes pasado, en una gala benéfica en Sao Paulo, apareció de la mano de Enrique Martín, de 44 años, portorriqueño que posee también la nacionalidad española; Ricky Martin para el gran mundo.

Jwan accede a hablar de su arte y de cómo ve el mundo. De salsa rosa no tiene ganas. La primera foto de su relación con Martin fue curiosa, seguramente idea suya: ambos en Tokio, con las caras tapadas con mascarillas sanitarias. Jwan comenta que entre la familia de Ricky Martin hay un ambiente políglota, «no solo hablan inglés, también español y francés, tengo que aprender español». También dice que le gusta mucho Madrid, donde el cantante tiene una vivienda, «por esa energía tan especial que tiene la ciudad».

-¿Cómo acabó en Estocolmo?

-Yo nací todavía en Siria, pero mis padres querían una vida mejor para su familia. La situación de mis padres era complicada, inaceptable en Siria.

-¿Por la religión?

-Eso es. Mi madre era cristiana armenia, y mi padre, musulmán kurdo. Los dos venían de grandes familias del norte de Siria, en Al-Qamishli [frontera con Turquía]. Era muy complicado para ellos, y cuando yo tenía tres años decidieron moverse a Suecia.

-Curiosa elección, Suecia.

-Es que ya estaba allí mi bisabuela. Fue muy fácil y armonioso todo. Tuvimos suerte. Mis padres y hermanos siguen viviendo allí.

-Su historia es como una parábola del futuro: un sirio que es sueco y vive en Londres.

-Sí [se ríe]. Es un modo simpático de hablar de la identidad. Hay una rama arábiga muy drástica, luego una nórdica muy presente. Me siento también muy sueco.

-¿Qué ha aprendido de esas culturas?

-Creo que la parte árabe es más emocional. Mientras que la parte nórdica es más tranquila y reflexiva. Pueden chocar, pero si te digo la verdad en mi caso me han abierto muchas puertas.

-Ha empollado mucho.

-Sí. Estudié pintura dos años en una escuela privada, luego me gradué en Konstfack University de Estocolmo, y tras eso me vine a Londres a hacer mi máster en Bellas Artes en Central Saint Martins.

-Sin embargo, tras tanto estudiar, parece como si luego se hubiese desnudado de todo lo aprendido para alcanzar una gran simplicidad.

-Pues sí, eso está bien visto. La simplicidad es la clave: hacer algo extremadamente fácil de ser contemplado.

-Su arte es elegante y se percibe trabajo detrás, no incurre en la moda de los «instaladores», que amontonan objetos normales en una sala y los llaman arte. ¿Qué opina de eso?

-Gracias por lo que dice de mí, pero no estoy seguro. ¡Es broma! Mi referencia es siempre la pintura, lo que yo uso es un medio extremadamente clásico.

-¿Por qué evita en su trabajo la política y la religión?

-Bueno, yo creo que todo el arte de algún modo es político. Hay un punto de vista, y eso es político. Trabajo con la identidad. No diría que no soy político. También exploro el sexo, la pintura, los materiales. Lo que no hago es sentarme y decir: «Esta es mi obra sobre el conflicto sirio».

-Pero a veces deben de darle ganas de gritar algo con las obras.

-Yo soy sirio, vengo de Siria. Pero no me gusta estrechar mi trabajo solo con una simple declaración política.

-Nicholas Serota, el jefe de las galerías Tate, advirtió hace unas semanas de que Londres está perdiendo su creatividad, porque los jóvenes artistas no pueden permitirse vivir aquí.

-Es un problema enorme. Si estamos aquí en un espacio como este es precisamente por ese problema. No podrías tener esto en el centro de Londres. Estas naves eran una fábrica de bombas abandonada, que una fundación rehabilitó y convirtió en estudios, con unos precios muy bajos para los estándares londinenses.

-¿Qué tal se venden sus obras? ¿Es usted caro?

-Tuve la suerte de que cuando fue la gran crisis económica yo estaba estudiando. Ahora puedo vender lo que hago, y eso está bien. Soy muy afortunado de no tener que trabajar en nada más.

-¿Qué ha sido de la bohemia? Los jóvenes artistas de ahora parecen unos curillas tipo oficinista comparados con aquellos Bacon y Freud que se devoraban el Soho…

-¿Tú crees? [estalla en una gran risotada]. Creo que la gente todavía bebe un montón y tiene un montón de sexo. Aquí hacemos un montón de todo. No diría que tenemos la vida más saludable…

-¿Le interesa el arte español?

-He pasado mucho tiempo en España. Pero no conozco bien a sus artistas actuales. Me falta familiaridad con su arte moderno. Su historia es riquísima: arte, arquitectura… ¡guerras! [se ríe].

-¿Qué opina de la tragedia de los refugiados sirios?

-Es muy difícil hablar de estas cosas cuando están sucediendo, con esa guerra civil tan cruel, ese baño de sangre. Mi punto de vista ha cambiado tantas veces… Unas he pensado «este tiene razón», luego he creído que el otro…. Hoy veo el conflicto como una gran provocación. Mostramos todo, cosas horribles. Eso me hace sospechar. Es como si se quisiese provocar algo que no estoy seguro si debería provocarse. Se está creando miedo en la gente, y el miedo puede ser el mayor diablo.

-¿Qué le parece que Londres tenga un alcalde musulmán?

-Me parece bien, sí. Yo he vivido en un vecindario musulmán los últimos años, en el este de Londres, que es muy paquistaní, con sus centros islámicos. Es superpacífico, para ser honestos. No me he encontrado con fanáticos religiosos.

-¿Trabaja mucho aquí?

-Cuando estoy en Londres, paso aquí unas seis horas diarias. En verano haré aquí una exposición. Pero, para ser honesto, tengo que decir que mi próximo paso, el próximo mes, es no trabajar. Estaré trabajando en un proyecto personal.

-¿Cómo ha cambiado su vida con su relación, su famosa relación?

-¡Mi famosa relación con Enrique Martín! Pues ha sido asombroso; un cambio muy drástico para una vida normal de artista aquí en Londres. Suscitas de repente un montón de atención, pero ¿es una atención que te gusta u otra clase de atención? Es muy interesante hasta ahora. Pero aprendes muy pronto a no ver esa especie de circo. Lo que al final ves es a otro hombre y que tienes una relación.

-¿Tuvo algún problema con su familia árabe por su homosexualidad?

-No por parte de mi propia familia. Tampoco por parte de los medios. No importa de dónde vengas, sueco, americano, árabe, indio, japonés… todo el mundo entiende la sexualidad.