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Don Juan Carlos y Doña Sofía «iluminan» su regreso a Roma

Los Reyes padres inauguraron la iluminación de la basílica Santa María la Mayor

CORERSPONSAL EN ROMAActualizado:

En una ceremonia sencilla, pero solemne, Don Juan Carlos yDoña Sofía inauguraron en la tarde de ayer la nueva iluminación de la Basílica Santa María la Mayor, acompañados por el embajador de España ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo; el presidente de Endesa -compañía que ha realizado los trabajos-, Borja Prado, y otras autoridades. El Rey destacó en su discurso la histórica relación de la Corona española con este templo: «España tiene una gran historia que es imposible entender sin tener en cuenta sus raíces cristianas y católicas, y eso explica nuestros vínculos especiales con la Basílica Papal de Santa María la Mayor».

Se le veía feliz a Don Juan Carlos, quien en Roma se siente en casa, porque aquí nació y vivió los primeros cuatro años y medio de su vida, siendo nombrado en 1988 ciudadano honorario. Esa alegría la expresó al inicio de su discurso con unas palabras en italiano: «Como dicen los romanos, yo soy un auténtico ‘‘romano de Roma’’. He nacido aquí y he sido bautizado en la capilla de la Soberana Orden de Malta por el cardenal Pacelli, el futuro Papa Pío XII». Larga es la vinculación de Don Juan Carlos con esta basílica, como lo ha sido para todos los monarcas españoles desde Carlos I. Sobre todo desde el reinado de su bisnieto Felipe IV -una gran estatua suya, diseñada por Bernini, se encuentra en el atrio del templo-, quien asignó una renta anual a cambio de honores litúrgicos y de oraciones por la Monarquía y los españoles. Desde entonces, los Reyes de España son protocanónigos honorarios del Cabildo de la basílica y han contribuido con sus donaciones a su esplendor y riqueza.

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La iniciativa de la nueva iluminación partió del cardenal español Santos Abril, quien fue arcipreste y administrador de la basílica hasta finales del 2016. El proyecto ha sido realizado por Endesa, con el objetivo de ensalzar la grandiosidad y excelencia del templo, al tiempo que se alcanza un ahorro de hasta un 80 por ciento de potencia y energía. Entre las distintas estancias, capillas y naves iluminadas, obviamente también figura el espléndido artesonado que, según la tradición, fue dorado con el oro de América, regalado por los Reyes Católicos al Papa Alejandro VI (Játiva, Valencia, 1431-Roma, 1503), de la familia de los Borjas, quien fue arcipreste de la misma y se ocupó también de su construcción. El presidente de Endesa y de su Fundación, Borja Prado, mostró su deseo de que «este trabajo ilumine durante muchos años la Basílica, sus obras artísticas y religiosas y los corazones de todos sus visitantes y peregrinos».

Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron esta basílica el 10 de febrero de 1977, poco después de la restauración de la Monarquía. Por aquel entonces, al asumir como sus antepasados la honorificencia de protocanónigo, el Rey Juan Carlos finalizó su discurso pidiendo al cabildo de la basílica que continuara «pidiendo a la Providencia, para España y los españoles, que nos ayude a conseguir la justicia, la libertad, la paz y el progreso individual y social». Cuarenta años después, Don Juan Carlos ha recordado que «España es un Estado en el que se garantiza la libertad religiosa en el marco del régimen de libertades establecido por la Constitución de 1978».

Don Juan Carlos continuó con la tradición de la monarquía española de ser benefactor de la basílica. En una ocasión encargó como emisario a José Bono, entonces presidente de Castilla-La Mancha, quien entregó un donativo en la sacristía de la basílica a Juan Pablo II para unas reformas del templo.

Un pequeño recital

La soprano Ainhoa Arteta, muy aplaudida, dio un pequeño recital, con interpretaciones que se sucedieron después de cada uno de los discursos. Tras el del Rey cantó una bellísima y melancólica canción con música de Manuel de Falla (1914): «Oración de las Madres que tienen a sus hijos en brazos», y «Morgen» (mañana) de Richard Strauss.

Fue un broche de oro a un acto brillante, como exigía la magnificencia de la basílica y la presencia de los Reyes padres, que descubrieron una placa conmemorativa situada provisionalmente sobre un atril y que terminará siendo colocada de forma definitiva en una pared a la entrada de la sacristía de la basílica, la más grande de las iglesias dedicadas a María en Roma. Desde hoy, esta basílica, a la que siempre acude el Papa Francisco antes de iniciar un viaje, ve realzada su extraordinaria belleza con un espectáculo de luz.