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«Lo que escondían sus ojos», la miniserie que perturba la paz de Sonsoles Diez de Rivera

El amor clandestino de su madre, Sonsoles de Icaza, y Ramón Serrano Suñer llega a la televisión

Sonsoles Diez de Rivera, la primogenita de Sonsoles de Icaza
Sonsoles Diez de Rivera, la primogenita de Sonsoles de Icaza - EFE

«Para mí todo esto no existe, no está pasando y no tengo nada que decir sobre el tema». Y quien dice esto, al otro lado del teléfono, es Sonsoles Diez de Rivera, primogénita de Sonsoles de Icaza y de Francisco de Paula Diez de Rivera y Casares, marqués de Llanzol. El asunto en cuestión es «Lo que escondían sus ojos», la miniserie que rueda Telecinco sobre el amor prohibido entre su madre y Ramón Serrano Suñer, cuñado y ministro de Franco. «Sonsoles no quiere hablar de la serie, ya sufrió mucho cuando se publicó el libro sobre la vida de su madre», cuentan desde el entorno de Diez de Rivera, vicepresidenta de la Fundación Balenciaga y una de las mujeres más elegantes de España.

La serie está inspirada en la novela homónima que publicó Nieves Herrero en 2013 y que narra el romance clandestino entre Sonsoles de Icaza y Serrano Suñer, quien estaba casado con Zita Polo, hermana de Carmen Polo de Franco. Blanca Suárez interpreta a la marquesa de Llanzol y el actor hispanocubano Rubén Cortada encarna a Serrano Suñer, uno de los hombres de máxima confianza de Franco.

Adelantada a su tiempo

Nacida en el seno de una familia de intelectuales, Sonsoles de Icaza contrajo matrimonio en febrero de 1936 con Francisco de Paula Diez de Rivera, que tenía 24 años más que ella. Fue una mujer adelantada a su tiempo. Musa de Cristóbal Balenciaga, atractiva, inteligente y moderna, nunca le importaron las habladurías. La marquesa era tan libre que no eludió la atracción que existía entre ella y Suñer. Un romance que culminó con su cuarto embarazo y la llegada, el 29 de agosto de 1942, de Carmen Diez de Rivera. Carmen, que en la ficción encarna la actriz Charlotte Vega, falleció el 29 de noviembre de 1999, víctima de un cáncer de mama.

Carmen Diez de Rivera
Carmen Diez de Rivera- ABC

«Hablé con la familia de Sonsoles de Icaza cuando escribí la novela, pero ahora con la serie no he hablado con ellos porque yo no he tenido nada que ver. La productora me compró los derechos del libro y no he intervenido en nada», explica a ABC Nieves Herrero. Dice que cuando la novela llegó a las librerías la felicitaron por cómo había tratado un tema que para ellos siempre resultó «muy doloroso». «Sonsoles Diez de Rivera es una mujer extraordinaria, a la que admiro muchísimo, y comprendo que no quiera hablar sobre la teleserie. A mí me ayudó muchísimo y siempre me recibió bien mientras escribía la novela, pero entiendo que es una historia que ella habría deseado que se quedase en el silencio», aclara. Y añade: «Esta historia no la habría escrito si la propia Carmen Diez de Rivera no la hubiera contado en sus memorias». Fue un secreto a voces durante el franquismo, que la propia Carmen gritó a viva voz en la Transición.

«Algo me rompía por dentro»

La hermana pequeña de Sonsoles Diez de Rivera heredó la belleza y las ansias de libertad de su madre, también los inconfundibles ojos azules de Serrano Suñer. «Cuando caminaba por la Gran Vía, las mujeres se giraban», recordó el diseñador Elio Berhanyer a Herrero. Carmen creció en el madrileño barrio de Salamanca y su familia siempre guardó distancias con los Suñer. Hasta que un día Ramón Serrano Polo -uno de los hijos de Serrano Suñer- y Carmen se prometieron. Fue en ese momento cuando Carmen de Icaza, hermana de la marquesa, le contó a su sobrina toda la verdad. No podía casarse con el amor de su vida porque era su hermano. «Noté que algo me rompía por dentro», escribió Carmen en sus memorias. «No culpo a nadie de esta historia, pero sí culpo que no se me contara», reflexionaba tiempo después.

«La corza malherida por dos dardos», como la describió Manuel Vicent, nunca se recuperó de aquel golpe. Comenzó a trabajar en «Revista de Occidente» mientras estudiaba Filosofía y Letras y Ciencias Políticas. Completó su formación en La Soborna y en Oxford. Al mismo tiempo, su relación con su madre se enfriaba y su amor y gratitud hacia el marqués de Llanzol, su padre «adoptivo», aumentaba. Ingresó en el convento de las Carmelitas descalzas en Ávila, viajó «en un acto de desesperación» como cooperante a Costa de Marfil… Pero a la hija secreta del ministro franquista todavía le quedaba mucho por hacer en su país. Era joven, fuerte, culta, con carácter. Educada y rebelde a la vez.

Al volver a España comenzó a trabajar con Adolfo Suárez en Radiotelevisión Española. Y de ahí a directora del Gabinete de la presidencia del Gobierno de Suárez. Así se convirtió en una pieza fundamental de la democracia. Un trabajo con el que se sintió realizada y que la llevó a proponer ideas revolucionarias. «A ver cuando nos tomamos un carajillo», le dijo Carmen a Santiago Carrillo. Detrás de esa frase se escondía la intención de legalizar el PCE. Algo que sucedería meses después.

Su madre fue la musa de Balenciaga. A Carmen, Francisco Umbral la llamó «la musa de la Transición».

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