Un gorrilla indica una plaza libre en la calle General Rodrigo
Un gorrilla indica una plaza libre en la calle General Rodrigo - MAYA BALANYÁ

Los vecinos de Chamberí se hartan de los gorrillas

La violencia entre grupos de rumanos y afroamericanos siembran inquietud en las calles del distrito

MADRIDActualizado:

La presencia de gorrillas en diferentes zonas de la capital es un hecho desde hace ya muchos años. Estos aparcacohes, normalmente inmigrantes, se distribuyen a lo largo de algunas de las calles con más afluencia de automóviles en busca de aparcamiento con el fin de mostrar a los conductores los sitios libres donde aparcar. A cambio, les piden algo de dinero como compensación por su «trabajo». El problema surge en forma de conflictos y peleas en las que los protagonistas suelen ser distintos grupos de gorrillas con sus zonas de trabajo delimitadas que se enfrentan entre ellos.

Esta es la situación a la que se enfrentan los vecinos del distrito de Chamberí, que ven como a diario los gorrillas se reparten las calles de su vecindad. «Con la mayoría de gente no suelen ser agresivos pero algunos se pasan exigiendo que les den algo y a menudo tienen peleas entre ellos», explica Sebastián, conserje de uno de los edificios de la calle del General Rodrigo (vía que, tras el cambio de nombres por la Ley de Memoria Histórica ha pasado a denominarse calle del Maestro Ángel Llorca).

En cada calle puede haber tres o cuatro aparcacoches que están todos los días y que recogen el dinero de las personas que deciden estacionar dentro de su «territorio». Cuando pasa uno de los controladores del SER, el encargado de cada sector «va corriendo a una de las máquinas para sacar el billete y ponerlo en el coche», explica Sebastián.

Dinero por aparcar

El problema surge, como expone el conserje, cuando estos exigen dinero y el propietario del turismo decide no dárselo pero los primeros insisten argumentando: «Yo te he aparcado el coche, por lo que tú me tienes que dar dinero».

Esta situación es posible debido, principalmente, a las características que presentan las estrechas vías del distrito que, a pesar de ser zonas de pago, permiten a los coches estacionar en ambos lados, lo que facilita el trabajo de los gorrillas al ofrecer más plazas de aparcamiento. Otro de los motivos por el que esta zona se encuentra bastante poblada de aparcacoches ilegales, es su cercanía a varios hospitales, lo que hace que en muchas ocasiones las zonas de aparcamiento estén bastante congestionadas y que los conductores tengan dificultades para encontrar huecos libres.

Es en los alrededores de la calle del General Rodrigo y Julián Romea donde se encuentra el mayor número de gorrillas. No hay que irse muy lejos para encontrar otro de los focos con más aparcacoches ilegales de la zona ya que hospitales como el Clínico San Carlos o la Fundación Jiménez Díaz hacen que las calles cercanas a la Plaza de Cristo Rey sean un campo de cultivo perfecto para este colectivo.

Zonas de Chamberí con más gorrillas
Zonas de Chamberí con más gorrillas- ABC

Peleas por el territorio

Otra de las consecuencias de su presencia, según Sebastián, está en la violencia que tienen entre grupos. «Como un afroamericano entre en una zona controlada por rumanos se monta una bronca tremenda», tras lo que afirma que él ya ha visto acudir al lugar de la reyerta a cuerpos policiales y sanitarios en varias ocasiones. El conserje asegura que esto genera inquietud entre algunos vecinos, que «recogieron firmas y protestaron» para denunciar la necesidad de más vigilancia.

«Aquí no damos problemas, sólo intentamos ganar lo suficiente para comer» expone uno de los muchos gorrillas de los alrededores mientras indica un sitio libre a un conductor al que recibe cordialmente con un: «¡Amigo!, ¿tienes alguna moneda?». El aparcacoches explica que lo único que pretenden es ayudar y «si nos dan algo, bien y si no, no pasa nada». De origen nigeriano, afirma trabajar 12 horas diarias para únicamente ganar lo suficiente para comer y echa la culpa de su situación a los políticos ya que, según él, esta es «la única manera que tienen de ganarse la vida y ellos (los políticos y la policía) solo molestan».

«Esta situación se da desde hace muchos años y conozco casos en los que les han rayado el coche por no pagarles, pero no es lo habitual», explica Julián después de estacionar su furgoneta de trabajo en las cercanías. Para el conductor, partidario de que el Ayuntamiento haga «algo para regularlos», la presencia de los gorrillas, en ocasiones, es «incómoda» ya que, aunque no le hayan generado ningún problema nunca, siempre son «muy insistentes y a menudo intimidan».

Por su parte, Jose Manuel, vecino de la zona, explica que la mayoría de las discusiones las tienen entre ellos (los aparcacoches), y que «son los gorrillas rumanos los que a veces generan problemas». Para él, esta situación es sostenible gracias a la gente que les paga ya que «lo hacen porque les sale más barato» pero también carga contra la vigilancia municipal puesto que, según el vecino, estos no ponen multas y hacen oídos sordos ante la situación.

«La culpa de esta situación es de los usuarios ya que no tienen por que dar dinero a los gorrillas», explica una vigilante de parquímetros que quiere mantener su anonimato. «La Policía los vigila y, a pesar de que sé que tienen sus zonas repartidas, yo ni siquiera los veo», asegura en las cercanías de la calle General Dávila.

Difícil solución

La intimidación con la que a menudo intentan conseguir alguna moneda de los conductores y la violencia entre bandas en las que utilizan las céntricas calles de Chamberí como campo de batalla, son los motivos por los que los vecinos de la zona han dicho «basta» pero lo cierto es que el problema va más allá. Son necesarias medidas que no se basen únicamente en impedirles realizar su trabajo y que se centren más en buscar la manera de que estos inmigrantes puedan formar su vida lejos de la tarea ilegal que hacen como aparcacohes.