Madrid

El traslado del Calderón provocará un 30% de pérdidas en los bares del barrio

Los dueños de los locales tratan de buscar una salida ante el panorama desolador del cambio a La Peineta: o mudarse o «cambiar el chip»

Miles de aficionados rojiblancos acceden al estadio Vicente Calderón
Miles de aficionados rojiblancos acceden al estadio Vicente Calderón - DE SAN BERNARDO

Apenas una docena de aficionados del Atlético de Madrid se concentraron ayer en la cervecería Río Duratón, situada en la calle San Epifanio, perpendicular al Paseo de los Melancólicos, para disfrutar del derroche de goles que el equipo del «Cholo» Simeone endosó al Celta de Vigo en Balaídos. Éste era uno de los dos bares abiertos próximos al Vicente Calderón. Un escenario tranquilo y silencioso que contrasta con las grandes aglomeraciones de hinchas que pintan de rojo y blanco las calles próximas al estadio antes y después de los partidos. Y esta es, probablemente, la estampa silenciosa y árida que presentará el barrio imperial cuando acabe la temporada, una vez que se produzca el traslado definitivo del estadio colchonero a La Peineta, en el barrio de San Blas.

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En esa zona, cercana a las puertas que dan acceso al Fondo Sur, se encuentran otros locales como El Parador o El Resines, que estos días mantienen las persianas metálicas -con graffitis colchoneros- bajadas siempre que no se disputa ningún encuentro en el Calderón. «Los que viven sólo del fútbol, como El Doblete -el bar que se encuentra en los bajos del estadio-, están condenados a cerrar. Y el resto, o nos adaptamos o morimos», asegura el responsable de la cervecería Río Duratón, José Luis Vallador. «Los partidos son un aliciente muy grande, con el cambio perderemos en torno a un 30% de los ingresos mensuales», calcula Vallador.

Más de una veintena de títulos ha ganado el Atlético durante su estancia en el Vicente Calderón, nombre que no tomó de manera oficial hasta 1972. Desde principios de los 80, el estadio del barrio Imperial ha albergado eventos multitudinarios como las actuaciones de AC/DC, los Rolling Stones, Michael Jackson, Madonna o Shakira. Actuaciones históricas en el templo rojiblanco que también echarán de menos los restauradores de la zona.

«La pérdida del Calderón va a ser un shock, pero no queda otra que tratar de resistir», explica Paco, que lleva detrás de la barra del bar Pirámides (Glorieta de Pirámides, 6) desde hace cuatro décadas. «No solo perdemos lo que ingresamos por cada partido, sino también el gasto que hacen los empleados que trabajan en las oficinas del estadio, los trabajadores de limpieza, turistas que vienen a hacer el tour del Calderón...», comenta.

Vistas del estadio Vicente Calderón desde el Chiscón de la Ribera
Vistas del estadio Vicente Calderón desde el Chiscón de la Ribera- MAYA BALANYA

Según sus cálculos, de cada 100 visitantes del estadio, quince paran en su bar. Un día de partido, especialmente si se trata de uno de Champions, pueden servir hasta 10 barriles de 50 litros de cerveza y 800 bocadillos. «Intentaremos apechugar con lo que venga», dice, con resignación.

Ante este panorama, a algunos bares no les salen las cuentas. Muchos de ellos han sopesado mudarse, junto con el equipo, al barrio del Estadio Olímpico. «En cuanto vimos en la prensa que el traslado iba en serio, miramos locales en San Blas, pero el precio ha subido mucho y allí todo está lejos del estadio. Nada como la ubicación que tenemos ahora», arguye Eduardo, empleado desde hace 14 años del Chiscón de la Ribera, el restaurante situado frente a la entrada del museo del Atlético de Madrid.

En sus paredes cuelgan decenas de fotografías de jugadores y entrenadores del conjunto colchonero. Del éxito de su juego han dependido los beneficios de los establecimientos de la zona. Cuanto mejor le fuera al Atlético, mejores retribuciones tenían los taberneros. «El empujón de que el equipo estuviera en Champions se notó. Y lo vamos a echar de menos», admite el veterano camarero y vecino del barrio. «La gente del resto de Europa, especialmente los ingleses y los alemanes, son los que más gastan. Un día de Champions, ingresas el triple que un día normal», indica.

Las obras como esperanza

Pese al pellizco que supone que los aficionados celebren las previas en sus bares, sus dueños confían en que la construcción de 1.200 viviendas, que se levantarán sobre 119.000 metros cuadrados en el solar que ocupa ahora el Vicente Calderón, amortigue en cierta medida el agujero que deja el fútbol. «Nuestra mejor época fue durante la construcción de los túneles de la M-30, porque dábamos desayunos y comidas a los obreros todos los días», señala esperanzado. «Tendremos que cambiar el chip, centrarnos en el día a día. Al fin y al cabo, sólo había dos o tres partidos por semana», añade.

Como ocurrió a finales de los años 50 con el viejo Metropolitano, a los colchoneros se les ha quedado pequeño el Calderón. Y, aunque para muchos vecinos sea un descanso, los comerciantes y bares tendrán que aprender a convivir con esta nueva realidad.

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