Casa Paco se ha ganado la confianza y el cariño de muchos madrileños
Casa Paco se ha ganado la confianza y el cariño de muchos madrileños - BELÉN RODRIGO

La taberna donde Ernest Hemingway y Ava Gardner se aficionaron al vino de Valdepeñas

El fundador de Casa Paco, Francisco Morales, fue un gran aficionado a los toros y en su taberna se juntaron toreros, políticos y artistas

MadridActualizado:

El matrimonio formado por Francisco Morales Esteban y Rosario Aragoncillo Tabernero abrió en 1933 Casa Paco, una taberna que ya existía en Madrid desde el año 1890, situada en la Plaza de Puerta Cerrada, muy próxima a la Plaza Mayor. La pareja se había conocido en Naharros (Cuenca) cuando Francisco pasó un tiempo en su tierra natal antes de hacer la mili en África. Él había salido de su pueblo a los 10 años, para trabajar en la capital, en diferentes lugares como camarero, y tras el servicio militar regresó a Madrid. A los pocos meses de abrir ambos su propio negocio comenzó la Guerra Civil. «Mi madre se quedó trabajando y mi padre al frente, al estar en Madrid le tocó ir al bando republicano», recuerda su hijo Francisco, más conocido por Paquito. Nunca se ha hablado del conflicto bélico en su casa, «y mi padre nunca se interesó por la política, tanto él como mi madre eran muy trabajadores y con mucho esfuerzo lograron levantar este local», añade Paquito, ya jubilado. Ahora es uno de sus cuatro hijos, David, quien está al frente del negocio.

Esta casa empezó a ganar fama por la carne, procedente de Galicia, «lo cual antes era difícil de encontrar». Rosario fue aprendiendo a cocinar y «lo hizo de maravilla y mi padre hacía de todo». Francisco Morales era un gran apasionado de los toros y logró que su restaurant fuese frecuentado por grandes toreros como Curro Romero o Paco Camino. «Imagino que a través de sus amistades en el mundo de los toros mi padre logró que visitasen su taberna y fue ganando fama entre los toreros», afirma Francisco, quien trabajó junto con su hermana Rosario al lado de sus padres. «Cuando era pequeño estaba siempre aquí, mirando, y me mandaban de botones para varios recados. Y ya con 18-19 años me puse a trabajar con ellos», recuerda. Su padre era muy amigo del representante de la marca Philips y cuenta que eran ellos los que organizaban en un garaje la fiesta de esta empresa en Navidad, llevando los pellejos de vino. Otro hito famoso del fundador fue el hecho de conseguir permiso junto con Serafín Guillén, anticuario de El Rastro, para celebrar el «entierro de la sardina» cuando los carnavales estaban prohibidos.

Tercera generación

Su hijo David comenzó a trabajar en la taberna con 21 años. «No quise estudiar y me quedé aquí, primero era para un par de meses y ya han pasado muchos años. Al principio fue duro, es un trabajo esclavo, pero es muy bonito, conoces a mucha gente», afirma a ABC David Morales. Todavía recuerda cuando siendo un chaval dio la mano al Rey Don Juan Carlos. En las paredes de Casa Paco hay una foto de ese día, donde está su abuelo con el Rey, «creo que fue dos días antes del Golpe de Estado». Y también colgadas por todo el clocal se encuentran imágenes de toreros y de otros artistas que han pasado por allí. David recuerda que su abuelo era una persona muy buena y muy querida. «En este barrio había muy pocos restaurantes y le conocía todo el mundo. Yo entraba en las tiendas y no pagaba nada, pedía que lo apuntasen a la cuenta de mi abuelo», comenta divertido. Su abuelo era muy amigo de Lina Morgan, «me llevaba siempre a ver sus funciones. Junto con Amparo Rivelles y Enma Peneda fueron tres clientas muy amigas de esta casa», añade.

La lista de comensales famosos es muy amplia, entre ellos Ava Gardner y Ernest Hemingway, quienes se aficionaron al vino de Valdepeñas, Samuel Bronston, Palomo Linares, Conchita Montes, Francisco Rabal y Fernando Fernán Gómez. «También Fran Sinatra y Julio Iglesias». Además se han rodado anuncios y películas en esta casa. Pero no solo rostros conocidos entran en esta taberna que con los años se reformó y amplió aunque conserva muchos elementos originales como el mostrador de madera de nogal y los azulejos, algunos de ellos protegidos por Patrimonio. «Aquí sirvo a clientes del barrio que me conocen desde pequeño, llevan viniendo muchas décadas», afirma David. «Y cada vez vienen más jóvenes, este tipo de locales tienen su atractivo, así como turistas», puntualiza. Ya no se habla de toros como antes, «quizás porque las nuevas generaciones no viven el mundo del toreo como antiguamente», reflexiona David. Y no hay televisión, «me enfadaría mucho los días que perdiese el Madrid», añade.

Detalle del mostrador en madera de nogal
Detalle del mostrador en madera de nogal - B.Rodrigo

En la barra son conocidos los pinchos de chicharrones, roquefort o queso manchego que acompaña a la caña (1,3 euros), o al chato de vino (un euros). Para acompañar la bebida se pude sobre todo raciones de callos y de jamón ibérico. En el restaurante, los callos, el pincho manchego, el cocido y el entrecot de vaca son los platos más demandados por los comensales. El precio medio de una comida o cena ronda los 30/35 euros por persona. David está esperando la autorización municipal para poder abrir una terraza en la calle, que le daría más vida. Aunque en esta casa no falta el movimiento, sobre todo los fines de semana y los festivos, que reciben muchas visitas.