Entrevista | Secretaria xeral de Igualdade

Susana López Abella: «Antes de esa primera bofetada siempre hay algo, una señal de aviso»

Por segunda legislatura consecutiva dará la batalla contra la violencia de género. Las jóvenes y el rural, entre los objetivos

Susana López Abella, responsable de Igualdade de la Xunta, momentos antes de la entrevista con ABC
Susana López Abella, responsable de Igualdade de la Xunta, momentos antes de la entrevista con ABC - MIGUEL MUÑIZ

ABC se sienta con la persona encargada de poner coto a la violencia machista en la Comunidad gallega el día —25 de noviembre— en que se conmemora el derecho a la igualdad y se clama por la erradicación de una lacra que el pasado año costó la vida a ocho mujeres en Galicia. Volcada y consciente de la ardua tarea que tiene por delante, Susana López Abella (Chantada, 1967) recrudece el gesto cuando habla de las víctimas que se quedaron por el camino. Recuerda cada caso y cada detalle de los últimos cuatro años. La sonrisa llega al afirmar que eliminar la violencia de género «no es una utopía».

—Recién nombrada secretaria xeral de Igualdade por segunda legislatura consecutiva, ¿qué pasos se han dado hacia una sociedad más equilibrada en los últimos cuatro años?

—Pasos muy importantes. El primero de ellos fue la puesta en funcionamiento del Centro de Recuperación Integral de víctimas, un lugar de referencia en Galicia y en España. Se trata de un centro de segundo nivel al que llegan todas las derivaciones de la casas de acogida, de los centros de información (81 en Galicia) o de los servicios sociales municipales, y en el que a las mujeres y a sus hijos se les da una atención especializada. Otra de las cuestiones que nos preocupaba era el traslado de estas mujeres, tanto al centro como a las casas de acogida o a donde necesiten. Por eso reeditamos un convenio de colaboración con Fegataxi, que les ofrece transporte gratuito. De igual modo se puso en marcha un equipo técnico de trabajo para elaborar el primer Plan de Educación en Igualdad que se va a desarrollar ya en este curso 2016-2017. Un salto cualitativo es también la asignatura de libre configuración en materia de igualdad a la que ya están adheridos treinta centros en toda Galicia. Y desde el 2013, además, la Xunta se persona en todos los casos de violencia de género con resultado de muerte.

—Introduce el problema de que los adolescentes están retomando de nuevo estereotipos machistas. Parecía que íbamos camino de ser una sociedad paritaria, pero hay una traba con los más jóvenes...

—Sí. Y estamos muy preocupados. Por eso ese plan y esa asignatura. También las jornadas para profesores y la escuela de padres para sensibilizar. Es fundamental atajar el problema para que no se siga reproduciendo, porque no es una utopía acabar con la violencia de género. Es un largo camino que, unidos todos —incluidas las asociaciones de mujeres y su entrega—. podemos lograr. Nos preocupan las chicas porque afirman que le controlen la forma de vestir, el Whatsapp o si van a tomar un café es señal de que las quieren. Hicimos una campaña de «Stop al mal amor» para que salgan de su equivocación.

—Se habla del machismo entre los jóvenes, pero hay otro perfil que también preocupa mucho, el de las mujeres del rural. Y a ellas es más difícil acceder.

«Nos preocupan las chicas que afirman que si les revisan el Whastapp es porque las quieren»

—A las chicas es mucho más fácil llegar porque usan las nuevas tecnologías. El medio rural es mucho más complejo. Por eso nos parece tan importante que en una localidad como Muíños, o como Burela o Pontecaldelas, haya centros de información a la mujer. Se trata de localizaciones muy rurales donde conocen a sus vecinos y sus problemáticas. Algunas son mujeres mayores de 60 ó 65 años. Si vemos la estadística de mujeres asesinadas en el año 2015, por ejemplo, nos encontramos con este perfil. A principios de año, en Becerreá, unos hijos vieron cómo su madre era asesinada. Ahí sí que tenemos que redoblar los esfuerzos.

—Los expertos advierten de que hay que estar atentos a los detonantes. A que, como una víctima nos trasladó en una entrevista reciente, te vigilen los kilómetros que haces en el coche al final del día. ¿Cómo comunicarle a las mujeres que antes de la bofetada hay señales que anuncian una situación de violencia?

—Antes de la bofetada, siempre hay algo. Las usuarias y los profesionales lo saben. Empieza por pequeñas cosas como el control económico, que es uno de los tics que tienen que hacer saltar la alarma. Controlar la ropa que se lleva, unos pantalones ajustados o una falda corta. Las personas somos libres y no podemos permitir que nadie nos diga a dónde tenemos que ir o cómo vestir. Esa es la señal de alarma donde tenemos que poner la barrera.

—Precisamente, hay un programa enfocado a hombres que adoptan actitudes violentas en sus relaciones.

—Es el «Abramos o círculo», en colaboración con el colegio de psicólogos de Galicia. El año pasado notamos que había bajado el número de consultas e hicimos una campaña de divulgación para dar a conocer este recurso. Es un programa que tiene que ser voluntario porque nosotros nunca trabajamos con maltratadores, no es nuestra competencia. Casi siempre es la mujer o la madre la que anima al hombre a acudir a estas reuniones y el nivel de satisfacción es alto. Otro reto es acercarlo a los más jóvenes.

—Galicia dispone de seis centros de acogida y dos casas de seguridad para mujeres agredidas sexualmente. ¿Qué índices de ocupación tienen?

«Siete de cada diez mujeres que dan el paso y denuncian, salen del maltrato. Las cosas se están haciendo bien»

—Rondan el 65 por ciento. Nunca hemos tenido ningún momento a lo largo de estos años en el que una mujer no haya podido entrar a una casa de acogida porque no hayamos tenido plazas. No hay momentos de saturación, ni para ellas ni para sus hijos. Además, estamos dentro de la red nacional de casas de acogida. Lo que implica que ante casos de extrema emergencia, y así lo dicta el juez, trasladamos a esa mujer a otra comunidad autónoma, y viceversa. Tuvimos un caso muy tremendo de una mujer y sus hijos, que tenían que irse de Galicia porque su familia entendía que tenía que aguantar y ella quería salir de esa situación y la acabamos trasladando de comunidad. Aún hay mujeres que te cuentan que su familia no está de acuerdo con que denuncien, pero cada vez menos.

—El año pasado ocho mujeres fueron asesinadas en Galicia. Este año una, y hay dos casos en investigación. Se habla mucho de la concienciación social en conjunto pero, como vecino o como amigo, ¿qué se puede hacer si crees que se vive una situación de maltrato en tu entorno?

—Denunciar y denunciar. No mirar nunca para otro lado. Yo recuerdo un caso terrible el año pasado, donde los vecinos fueron los que dieron la voz de alarma. Se intentó intervenir, pero ella decidió volver a casa y al día siguiente fue asesinada. Dar el paso es muy complicado, pero es mucho peor pensar cuándo va a ser la próxima paliza. Sabemos que es necesario empoderarla y apoyarla, que se sienta segura porque a veces el sistema falla y no se siente acompañada. Son muchas las cosas que le pasan por la cabeza a una mujer. Muchas de las que han salido, y que son unas heroínas, te cuentan que dieron el paso porque vieron que su hijo peligraba.

—El mensaje positivo es que siete de cada diez mujeres que denuncian abandonan el maltrato.

—Así es. Y ese mensaje hay que trasladarlo porque nos leen mujeres que están en esa situación y no saben qué hacer. Las cosas se están haciendo bien. Las fuerzas y cuerpos de seguridad se han formado para decirle a la mujer que «la ayudamos». En cualquier cuartel o comisaría hay personal especializado, juzgados especializados en violencia de género. Se ha avanzado y tenemos que continuar luchando para convencer cada día a más personas. Hay salida y los errores que cometemos los estamos estudiando, a través de los testimonios de las propias mujeres, para no volver a cometerlos. Porque es importante saber en qué se falla.

—Dibuje un escenario posible —que no idílico— de cómo podemos estar dentro de cuatro años en materia de Igualdad en la Comunidad.

—Mucho mejor. Voy a trabajar con todas mis fuerzas para mejorar la coordinación entre todos los agentes que trabajamos en este ámbito. Porque si se han dados tantos pasos desde el 2003 hasta hoy, estos cuatros años que ya tenemos más diagnósticos y más estudios, el objetivo es ir a los jóvenes y al rural, y proteger a las víctimas con más y mejores recursos.

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