Luis Ojea - LA SEMANA

Las eternas guerras cainitas en la izquierda

Las elecciones catalanas del 21-D pueden ser el catalizador que acelere el proceso de ignición del ruputurismo

Luis Ojea
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La izquierda gallega parece una jaula de grillos. Es formidable la facilidad que tienen para enredarse en guerras cainitas y discusiones bizantinas. Especialmente el rupturismo. Ese caótico espacio político lleva tiempo inmerso en una espiral autodestructiva. Y a estas alturas de la película da la impresión de que es ya inevitable que el invento de las confluencias acabe saltando por los aires.

Las elecciones catalanas del día 21 pueden ser el catalizador que acelere definitivamente el proceso de ignición. El debate territorial está abriendo una brecha que parece insalvable entre las múltiples y muy distintas facciones que conviven en ese universo. Desde federalistas a independentistas pasando por regionalistas, centralistas y mediopensionistas. Era evidente que el maridaje de tan variada panoplia de sensibilidades e ideologías, en algunos casos antitéticas, no podía durar mucho tiempo. El invento funcionó mientras el debate se focalizaba hacia el eje izquierda-derecha. En ese terreno se sienten cómodos y consiguen arrinconar al socialismo. Pero cuando la agenda giró hacia Cataluñacomenzó el proceso de implosión.

Podemos no ha sabido jugar en un tablero polarizado entre separatistas y constitucionalistas. La mal calculada ambigüedad impuesta por Ada Colau a Pablo Iglesias ha resultado una estrategia suicida y catastrófica. Su preocupación ya no es haber dilapidado el poco o mucho espacio electoral que habían conquistado en Cataluña. Esa batalla la dan por perdida. Han claudicado ante los comunes y asumen la factura. Pero los últimos movimientos demuestran que no están dispuestos a que la hemorragia siga extendiéndose al resto de España.

Esa es la clave de bóveda. Si después del 21 D el líder de la formación morada ordena un cambio de rumbo para soltar lastre y alejarse de las tesis más radicales del separatismo. En esa dirección parece ir precisamente el documento filtrado el viernes por la dirección gallega de Podemos en el que se llama a no dejarse llevar en el debate territorial por el lenguaje de los nacionalistas. Cada vez hay más voces en el seno de esa organización que piensan que la alianza con Anova resta más de lo que suma y que apuestan por concurrir por separado a las elecciones municipales.

Ese sería el comienzo del fin. Y la primera escena podría escribirse hoy mismo en la reunión de la cúpula de En Marea. A los más extremistas ya no les vale esa estafa intelectual de decir que defienden el mal llamado «derecho a decidir» a la vez que se ponen de perfil ante el golpe perpetrado en Cataluña. Y los más centralistas no parecen dispuestos a tragar con las imposiciones de la minoría independentista. La ecuación parece imposible.

Sea ahora, sea dentro de unos meses, lo más probable es que la novela acabe en divorcio. Ya han roto en dos ocasiones en las últimas semanas la unidad de voto en el Hórreo. Y quizás no tarde demasiado en romperse el propio grupo parlamentario.

Los enredos socialistas

En este contexto, lo lógico sería que el socialismo estuviese aprovechando la implosión de En Marea para recuperar parte del espacio perdido. Pero el PSdeG es el PSdeG y jamás deja pasar la ocasión de enfangarse en un charco.

Eso es lo que son las primarias provinciales. Una perfecta oportunidad para evidenciar la debilidad del liderazgo de Gonzalo Caballero. Flaqueza que implícitamente reconoció Dolores Villarino al hacer un llamamiento a la desesperada para frenar al candidato del alcalde de Vigo en las primarias de Pontevedra. Y en Lugo no pintan mejor las cosas tampoco para el nuevo Secretario General.

En las próximas semanas Caballero puede encontrarse con toda la estructura provincial del partido dispuesta a jugar su propia partida al margen de lo que se decida en la rúa do Pino. La película de siempre. Los enredos del PSOE de toda la vida.

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