James Rhodes «Nunca se me ocurriría decirle a un niño que Beethoven es mejor que Justin Bieber»

El pianista británico, convertido en un icono pop de la música clásica, debutará en el Palau de la Música el próximo 26 de noviembre

El pianista James Rhodes
El pianista James Rhodes - MIKEL PONCE
MARTA MOREIRA Valencia - Actualizado: Guardado en: Valencia

“No es que la música me haya salvado la vida a mí, es que se la salva a todo el mundo. Y lo mejor es que no hace falta que la toques, sencillamente puedes escucharla”. Quien haya leído “Instrumental”, la impactante autobiografía de James Rhodes, habrá reconocido enseguida las palabras del pianista británico. El libro, editado en España por Blackie Books, es un harakiri emocional absoluto; el desentrañamiento de un hombre abocado a las adicciones y la enfermedad mental como consecuencia de los abusos sexuales sufridos durante su infancia. Pero es mucho más. Este best-seller es un insólito tratado de musicología, en el que Rhodes enhebra los episodios de su vida con piezas de música clásica con las que siente afinidad por razones muy concretas, que él se encarga de explicar al lector de forma clara y sin engolamientos. Al sacudirse de encima la seriedad y el protocolo habitual en el mundo de la música clásica, el pianista de origen judío ha conseguido convertirse en una especie de icono pop en un mundo ajeno. Llena una y otra vez auditorios de toda Europa con un público joven que en muchos casos se acerca por vez primera a la obra de Bach, Beethoven o Debussy.

James Rhodes visitará por primera vez Valencia el próximo 26 de noviembre en un concierto que marcará un hito en la historia del Palau de la Música. Aunque no hay notas al programa, sabemos por él mismo que interpretará dos grandes piezas de Chopin (“las he escogido porque revolucionaron para siempre la manera de tocar el piano”) y una sonata tardía de Beethoven (“es tan íntimo que es como si estuvieras leyendo sus diarios”).

Será probablemente la primera vez que un pianista con vaqueros y sudadera se siente ante un Steinway de cola en la Sala Iturbi del auditorio valenciano. Para acabar de romper la tradición –aunque esto ya lo hacía el Grup Instrumental de Valencia hace más de una década-, cada una de las piezas que se interpreten vendrá precedida de una introducción del propio músico. “Muchas veces tengo problemas con los propietarios de auditorios o con promotores porque no entienden esta manera de hacer las cosas -ha explicado esta mañana durante una visita fugaz a Valencia-. También me suele costar bastante que apaguen las luces como pido. Un concierto es el último reducto que nos queda sin publicidad ni teléfonos móviles; es el único lugar donde podemos escapar durante unos minutos y desaparecer”.

Siguiendo una estructura similar a la de sus actuaciones, Rhodes ha amenizado la rueda de prensa interpretando un extracto de Puccini; otro de la ópera “Orfeo y Eurídice”, de Glück “(una melodía muy triste, más que la crisis de los bancos en Grecia, pero que por debajo habla de esperanza, amor y alegría”) y uno de los últimos preludios de Rachmaninov (“es como una sinfonía de 5 minutos, basada en solo tres notas, que expresa de forma muy clara lo que es una depresión aguda y un trastorno bipolar”). También ha saltado de improviso al piano para interpretar una pieza de Back de dos minutos, que él asegura que cualquiera puede aprender a tocar “dedicándole durante seis semanas solo 45 minutos al día, y dejando en domingo para descansar”.

Y es que otra de las batallas de Rhodes es la de quitar el miedo al instrumento. De hecho, la próxima semana saldrá a la venta en España “Toca el piano” (Blackie Books), “un libro en el que explico de forma muy sencilla cómo utilizar los pedales de piano, como hay que colocar los dedos y cómo hay que leer una partitura. Y no necesitas hacerlo con un piano de 200.000 euros como éste que tengo a mi lado. Lo puedes hacer con un órgano de 30 euros”.

El intérprete londinense asegura que le da igual lo que piensen de él los defensores de la ortodoxia. “De todas formas yo me siento como un bicho raro tanto dentro de la música clásica como en cualquier otro sitio”. “Confío en estar cambiando un poco las cosas, porque la música ha ido cambiando un poco las cosas. La música clásica tiene un problema, y la causa no es que la gente no esté interesada o que no tengan dinero, sino en que la industria de ese sector sigue haciendo las cosas como hace cincuenta años, y así no puede funcionar”. En su opinión, esta decadencia es generalizada, “y afecta incluso a Alemania, que es la cuna de la música clásica”. “La crisis económica y la desaparición de los estudios de música en los colegios” son la principal razón por la que el público de los auditorios envejece o mengua. “Creo que subestimamos a los niños cuando pensamos que la música clásica les va a aburrir o no les va a interesar”, apunta. Por otro lado, sin embargo, rechaza cualquier adoctrinamiento forzoso: “Nunca le diría a un niño que Beethoven es mejor que Justin Bieber. Todo es música: el pop, el rock, el rap. No me gusta la segregación musical. A los niños debería mostrársele la música clásica junto con todas las demás, para que luego elijan aquello que les gusta”.

Con este concierto –con entradas a 35, 26 y 18 euros-, el Palau de la Música inicia una nueva línea de programación dirigida a rejuvenecer la platea que incluirá la visita del organista Cameron Carpenter y de música clásica con dj’s.

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